14 marzo 2026

    Dique del puerto de Cala Rajada: Nunca llueve a gusto de todos

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    No todo el mundo está contento con el nuevo espigón

    Estas últimas semanas hemos hablado en varias ocasiones de la finalización de las obras de construcción del nuevo dique del puerto de Cala Rajada. Una obra que todo el mundo tiene claro que es de vital importancia para preservar la seguridad marítima de la zona (sobre todo de las embarcaciones). 

    Pero como bien dice el refrán, nunca llueve a gusto de todos.

    ¿Y ahora a qué viene ésto?

    Muy sencillo, así como la creación del nuevo dique asegura y apuntala la zona para que a la hora de determinadas condiciones climatológicas con mareas y fuertes oleajes (sobre con algunos vientos en concreto) no afecten al interior del puerto y éste esté a buen resguardo, ahora ha surgido un grupo de damnificados que se han dado cuenta de que en cierto modo este proyecto les perjudica. 

    Se trata de los establecimientos que se encuentran en una determinada zona del paseo marítimo. 

    Así como antaño el espigón tenía unas medidas más reducidas y no afectaba a la visibilidad del exterior del puerto, los propietarios de algunos bares y restaurantes nos han comentado que se han dado cuenta de que la vista que tienen sus negocios no es la misma que antes. 

    “Antes veíamos el mar desde nuestras terrazas”, argumentan y “ahora vemos el muro (el nuevo espigón)”. 

    ¿Afectará ésto a la estética y encanto del paseo marítimo?

    De momento, los que se han dado cuenta son los propietarios de estos establecimientos. De ahí que digamos que nunca llueve a gusto de todos. 

    En este caso la funcionalidad y la seguridad no han estado acordes con la estética y la belleza que presentaba antes la zona, ya que algunos enclaves del paseo han visto como su visibilidad ha quedado reducida en comparación a antaño.

    Uno de los aspectos que teme alguno es que les afecte a la hora de ser escogidos por los clientes. 

    Por lo poco que hemos podido comprobar nosotros de primera mano es cierto que las vistas no son las mismas, pero las terrazas en cuestión presentaban un ‘estado de salud’ y una afluencia de público magnífica. 

    Al final será acostumbrarse, como todo en la vida. Los cambios siempre implican un período de adaptación. Y al parecer, este caso del nuevo espigón del puerto de Cala Rajada, no será una excepción. 

    Tiempo al tiempo, como diría aquel. 

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