Allá, a principios de 1800, no existían pescadores de oficio en la ribera de Capdepera. La tradición confirma esta noticia. Me contaba mi padre, que murió a la edad de 96 años, que su abuelo, que conoció aquellos tiempos, le decía que él había vivido en épocas en las que ninguna embarcación existía en el pueblo; que en verano, unos pescadores de Valldemossa solían llegar para dedicarse a pescar en nuestro litoral y se albergaban en las cuevas denominadas “d’en Tort”, que todavía existen.
Los patrones que más concurrían eran el “Patró Tià” y el patrón Toni María, valldemosinos, los cuáles, llegaron a establecerse definitivamente en Cala Rajada. Con sus pequeños barquichuelos tripulados por ellos mismos y sus hijos cogían gran abundancia de pescado y, con un mulo y grandes cestos, los llevaban a vender en las plazas de Artá y Capdepera.
Unos tratantes de pescados, los “Malmarins” , de Artá, también vendían en San Lorenzo y Manacor.
Más tarde, vino a establecerse otro pescador, vecino de Felanitx, conocido como “es patró Nadal” y otro patrón, que vivía en Es Carregador, Toni Morey. Miguel Morey, su hijo, se estableció en Ciudadela.
Todos ellos fueron los pioneros de la pesca en Cala Rajada, donde arranca la historia de los hombres de la mar, hijos del puerto pesquero. Ellos, todos, se adiestraron en las faenas de la pesca y en el arte de navegar, los cuales, pasado el tiempo, adquirieron embarcaciones que también se dedicaron a la pesca del coral.

Hacemos constar, pues, que los hijos de Valldemossa fueron nuestros primitivos maestros. Otros pescadores llegados desde el mismo origen, más tarde, engrosaron el contingente de nuestra gente del mar, tales como el patrón Félix Morey, el patrón Toni Canals, el patrón Pere Canals, Juan Calafat “Caraco”, Tomeu Mussí y el patrón Antoni Marió y otros . Todos se dedicaban a la pesca del coral de preferencia.
Ello tenía lugar en la mitad del siglo XIX ( 1860 y siguientes). La gente de mar, propiamente de Capdepera, eran todos ellos subalternos o grumetes. Solamente dos patrones eran hijos del pueblo, que poseían barca propia: Bartolomé Alcina “Mussí” y Mateo Garau “Parreta”. Este era patrón y propietario del llaut “Mosca”, mientras que Alcina lo era del famoso “San Bartolomé”, que era el galgo andarín.
A principios de 1800 no existía en Cala Rajada ninguna casa de pescador, más que una chocita en la que habitó el patrón Toni Maria. Estaba emplazada en el lugar que ocupa la caseta del patrón Mateo Garau “Parreta”, quien compró un solar a don Miguel Garau “Climentó”, dueño del predio denominado “Es Cap”, formando Cala Rajada parte de este predio. En el solar que el “patró Parreta” compró iba incluída la choza del patrón Toni María. Fue derribada y se levantó la casita que hoy existe, que hace esquina con la carretera del faro y da frente al mar, propiedad de los herederos de Mateo Parreta (y que tocó, en parte, a Maria Garau), sita en la calle del patrón Toni Maria, cuyo nombre le dio el Ayuntamiento en memoria del maestro de maestros pescadores dando principio a una población.

La primera casa de recreo que se construyó fue la de don Epifanio Fàbregues, hombre de ideas democráticas y gran amigo de los pobres, a quienes socorría, como verdadero liberal cristiano. Fàbregues pertenecía a la aristocracia, gran admirador de Pí i Margall.
Este buen señor ayudó económicamente al desenvolvimiento de la industria de la pesca y fomentó el turismo, propagando las bellezas del lugar. Otros señores, a partir de 1885, imitaron su ejemplo, convirtiendo en moda el veraneo en este bello rincón de Mallorca, donde se goza de aires puros, saturados de aroma de pinos marinos que crecen con esplendor, dando sombra y soñador esparcimiento.
Mi abuelo era muy aficionado a la pesca de caña, una noche cogió nueve langostas en la pesquera “Na Fonda”, muy conocida por ser a la vez lugar donde se embarcaba carbón, leña y otros productos para transportarlos a Palma con barcos costeros de cabotaje; situada frente a la casa de don Miguel Cardaix, en la ribera norte del puerto “Es Carregador”, denominación que tomó su nombre del hecho de cargar y descargar.
El audaz comerciante Joan Moll “Gargori” levantó una nave para almacenar carbón, siendo la segunda construcción que se efectuó en Cala Rajada. Gargori compraba grandes bosques de pinares y tenía empleados que talaban y fabricaban el negro mineral. Vendían en Cartagena y Barcelona. Juan Moll, experto agricultor, hombre destacado de su tiempo, caballeroso y honrado, debería haber sido homenajeado por Capdepera, beneficiando a la clase jornalera de finales del siglo XIX de esta villa.
En 1880 no existían tiendas en Cala Rajada; los propietarios de “fora vila” despachaban arroz, aceite, licores y poca cosa más. Luego, Margarita Alcina “Mussina” y su marido Pep Rambante pusieron una tiendecilla que duró poco tiempo.
Don Bartolomé Garau “Bombu” montó un pequeño café y vendía comestibles y pan que la familia amasaba. La pesca de langosta florecía y muchos pescadores se acercaban a esta costa. La esposa de “Bombu”, Margarita, fue la columna vertebral de este floreciente negocio.

En 1929 Cala Rajada gozaba ya de gran fama, como lugar de veraneo, concurriendo turistas llegados de todas las partes del mundo. Existían fondas, hoteles y colmados, hornos para cocer y fabricar ricas pastas mallorquinas, luz eléctrica de una central local que abastecía el municipio, con fábrica de hielo.
En fin, todas las comodidades deseables para nativos y visitantes.
