6 julio 2026

    Medio siglo después, el turismo de Capdepera se mira al espejo

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    El 50 aniversario de la Asociación Hotelera Cales de Capdepera no fue solo una gala para recordar una fecha redonda. Fue también una fotografía bastante precisa de lo que ha sido, de lo que es y de lo que empieza a preguntarse el principal motor económico del municipio. Medio siglo después de su fundación, el sector hotelero gabellí se reunió para celebrar una historia de éxito, pero también para mirarse al espejo en un momento en el que el turismo ya no puede explicarse únicamente desde el crecimiento, la ocupación o la promoción exterior.

    El acto se celebró el pasado viernes en el Parque Nereida Suites Hotel de Cala Rajada. Allí estaban buena parte de los hoteleros del municipio, empresarios de diferentes generaciones, representantes institucionales, voces vinculadas a la cultura, responsables de otros sectores económicos y personas que, de una manera u otra, han formado parte del largo recorrido turístico de Capdepera. También hubo presencia del Govern, del Consell, del Ayuntamiento y de otros ámbitos municipales. Era una gala, sí, pero sobre todo era un punto de encuentro.

    Y en esos encuentros, muchas veces, lo más interesante no sucede solo en el escenario. Sucede también en los corrillos, en las conversaciones cruzadas, en los saludos entre generaciones, en los comentarios sobre la actualidad del municipio, en las miradas de quienes vivieron los primeros años del turismo y en las de quienes ahora tienen que gestionar un destino mucho más complejo. Se habló del aniversario, pero también de movilidad, de agua, de vivienda, de calidad, de trabajadores, de modelo turístico, de Cala Rajada y de Capdepera.

    La Asociación Hotelera nació en 1976, cuando 31 establecimientos decidieron unirse para defender intereses comunes en un momento en el que el turismo empezaba a transformar definitivamente el municipio. Desde entonces, aquella primera unión empresarial se ha convertido en una de las entidades con mayor peso en la vida económica y social de Capdepera. Hoy agrupa alrededor de 80 hoteles y representa una parte esencial de la historia reciente del municipio.

    Pero el aniversario dejó claro que ya no basta con contar de dónde venimos. La presidenta de la Asociación Hotelera, Maria Antònia Moll, situó la celebración en un tono de reconocimiento, pero también de responsabilidad. Su discurso quiso agradecer la trayectoria de los empresarios, trabajadores, profesionales del turismo, instituciones y sociedad gabellina que han hecho posible estos cincuenta años de camino compartido.

    Moll puso en valor la profesionalización de las empresas familiares, la modernización constante de la planta hotelera y la capacidad del destino para empezar a abrirse hacia nuevas formas de turismo vinculadas al deporte, la naturaleza, el patrimonio o la gastronomía. También recordó algunos hitos que ayudaron a proyectar Cala Rajada más allá de la isla, como la eliminatoria de la Copa Davis entre España y Alemania en 1997 o los cuartos de final de la Copa Federación en 2002.

    Pero su mensaje no se quedó en la nostalgia. La presidenta habló de los retos que ahora marcan la agenda: movilidad, abastecimiento de agua, renovación del producto, formación, captación de talento, control del alquiler turístico ilegal y defensa de un modelo basado en el valor añadido. En el fondo, la idea era clara: el turismo de Capdepera no puede vivir solo de lo que fue, sino de lo que sea capaz de preservar, ordenar y mejorar.

    También la alcaldesa, Núria Garcia, llevó el aniversario hacia esa misma reflexión. Reconoció que es prácticamente imposible entender la transformación de Capdepera sin el papel del sector hotelero. La iniciativa empresarial, la inversión y la profesionalidad de muchas personas han sido decisivas para consolidar el municipio como un destino turístico reconocido internacionalmente.

    Pero la alcaldesa introdujo una pregunta que sobrevoló buena parte de la noche: qué Capdepera se quiere para el futuro. Porque los objetivos de hoy ya no son los mismos que los de hace cincuenta años. El éxito de un destino no se mide solo por el número de visitantes, sino por su capacidad de conservar aquello que lo hace diferente. El paisaje, el litoral, el patrimonio, la cultura y la identidad no son elementos decorativos del discurso turístico, sino el verdadero valor diferencial del municipio.

    Garcia apeló a una responsabilidad compartida. Las administraciones deben planificar, proteger y gestionar el territorio. Pero el sector hotelero, como actor fundamental de la economía local, también tiene un papel esencial. Preservar el territorio, defendió, no es solo una cuestión ambiental, sino estratégica. Y proteger la cultura y la identidad no es mirar al pasado con nostalgia, sino apostar con inteligencia por el futuro.

    Ese pulso entre memoria y futuro estuvo también presente en la figura de Joan Massanet, uno de los hoteleros más emblemáticos del municipio y expresidente de la asociación. Su mirada representa una parte importante de la historia viva del sector. Massanet recordó que los hoteleros entendieron desde el principio que los problemas eran comunes y que, para hacerles frente, había que ir juntos. “La unión siempre hace la fuerza”, vino a resumir en palabras a Faxdepera.

    Su reflexión conecta con una idea que ha acompañado a la asociación desde sus orígenes: trabajar por los negocios, sí, pero también por el pueblo. Massanet defendió que el sector ha intentado colaborar siempre que se le ha pedido, tanto desde el Ayuntamiento como desde otras administraciones. Y recordó que, durante su etapa como presidente, se impulsó la marca First Sun Mallorca, vinculada al primer sol de Mallorca y a Cala Rajada como símbolo.

    Más allá del recuerdo, Massanet dejó una idea sencilla pero significativa: lo que los hoteleros quieren para sus negocios —un municipio ordenado, limpio y controlado— no debería ser diferente de lo que quieren los vecinos. En esa frase se resume buena parte del debate actual. El turismo y el municipio no pueden caminar por separado. La calidad del destino depende también de la calidad de vida, del espacio público, de los servicios, de la convivencia y de la imagen que se proyecta.

    La presencia de la presidenta del Govern, Marga Prohens, dio a la celebración una dimensión autonómica y situó el aniversario dentro del reconocimiento más amplio al papel del sector hotelero en Mallorca. Su intervención se movió en esa línea de apoyo a una actividad que ha sido clave para la economía de las Illes Balears, pero que también afronta ahora una etapa de transformación obligada.

    La gala dejó una imagen de fuerza sectorial, pero también de cambio de época. En la sala convivían hoteleros que han visto nacer y crecer el destino, empresarios que han profesionalizado y renovado sus establecimientos, nuevas generaciones que empiezan a asumir responsabilidades y representantes públicos que saben que el turismo ya no se gestiona solo desde la promoción, sino desde la planificación.

    Capdepera ha cambiado mucho desde 1976. Cala Rajada también. Lo que empezó con 31 establecimientos se ha convertido en una estructura empresarial amplia, profesionalizada y con capacidad de interlocución. Pero el municipio también es hoy más exigente, más complejo y más vulnerable. La presión sobre el territorio, la vivienda, el agua, la movilidad, la convivencia, el empleo y la identidad local forman parte de un escenario que obliga a repensar el modelo sin negar todo lo que se ha construido.

    Por eso el aniversario tuvo algo de celebración y algo de advertencia. Celebración por quienes abrieron camino, por los empresarios que apostaron, por los trabajadores que levantaron temporadas enteras, por las familias que hicieron del turismo su proyecto de vida y por una asociación que ha sabido mantenerse durante medio siglo. Advertencia porque los próximos cincuenta años no se ganarán repitiendo exactamente las fórmulas de los anteriores.

    La Asociación Hotelera Cales de Capdepera llega a sus 50 años con una trayectoria consolidada y con un peso indiscutible en la vida municipal. Pero también con una responsabilidad nueva: formar parte activa de una transformación que ya no puede aplazarse. La sostenibilidad, la calidad, la identidad y la colaboración público-privada dejaron de ser palabras de discurso para convertirse en condiciones de futuro.

    Quizá por eso la imagen más interesante de la noche no fue solo la de los discursos, ni la de las fotografías oficiales, ni la del brindis por los cincuenta años. Fue la de un sector hablando consigo mismo y con el municipio. Mirando atrás con orgullo, pero obligado a mirar hacia adelante con algo más que nostalgia.

    Medio siglo después, el turismo de Capdepera sigue siendo motor económico, tejido social y parte de la identidad contemporánea del municipio. La pregunta, ahora, no es si ha sido importante. Eso ya nadie lo discute. La pregunta es cómo será capaz de seguir siéndolo sin perder aquello que, precisamente, hizo que Capdepera se convirtiera en un lugar atractivo para vivir, visitar y estimar.

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