Pere R. Guaita
El mal tiempo de la noche del miércoles impidió celebrar la procesión en honor de la Virgen de la Esperanza, desde la Parroquia hasta el Castell, tradición de la víspera de la festividad de la patrona de Capdepera.
Se pospuso el desfile procesional a la mañana del día 18, subiéndose a espaldas de cuatro feligreses, acompañados de numerosos fieles, la imagen de la histórica y recientemente reformada Virgen, al Oratorio. Allí tuvo lugar el Oficio concelebrado, presidido por el Prefecto de la Liturgia de la Seu de Mallorca, el canónigo Pere Oliver, el cual pronunció alusiva homilía al acto.
Las autoridades ocuparon la primera línea ante el altar. Al finalizar la misa los asistentes pudieron degustar un refrigerio. Este debía ser el que se tenía que ofrecer el miércoles noche entre los vetustos muros del recinto, con “torrada” y “ballada popular”, lo cual no pudo consumarse debido a la amenaza de lluvia. Aun así, “els festers”, encendidos con ascuas de leña, jalonaban el camino de ascenso al monumento, juntamente con las lucecitas instaladas a lo largo del recorrido.
Tanto la narración histórica del sacerdote local, mossèn Pere Orpí, como el pregón de Àngela López, en el transcurso de las “Completes”, merecieron los aplausos enfervorizados de la multitud congregada bajo las bóvedas de la Capilla, que asistió por su fidelidad a su sentimiento por la Esperanza. Mucha gente, ajena al aciago tiempo que, finalmente, respetó la velada, participó de la vigilia y, al día siguiente, de la Misa mayor, a continuación de la cual, en procesión, trasladó la verdadera talla mariana a su camerino parroquial de Sant Bartomeu.




