6 febrero 2026

    CINCUENTÁÑEZ  Y  MÁS … 

    A L’AGUAIT OPINIÓN : Sandra Pujol

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    Si observamos con cuidado, podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy tiene entre cincuenta y sesenta años. A este grupo pertenece una generación que ha echado fuera del idioma la palabra “envejecer”, porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales la posibilidad de hacerlo.

     Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición, en su momento , de la “adolescencia”, que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del siglo XX para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.

    Este nuevo grupo humano que hoy ronda los cincuenta, sesenta o setenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria. Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado  tétrico que tanta literatura latinoamericana le dio durante décadas al concepto del trabajo.

    Lejos de las tristes oficinas, muchos de ellos buscaron y encontraron  hace mucho la actividad que más les gustaba y se ganan la vida con eso. Supuestamente debe ser por esto que se sienten plenos; algunos ni sueñan con jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad, crecen desde adentro. Disfrutan el ocio, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias,  desvelos y sucesos fortuitos, bien vale ver el mar con la mente.

    Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas. Por ejemplo: que no son personas detenidas en el tiempo.  La gente de sesenta, setenta u ochenta años, hombres y mujeres, maneja la computadora como si lo hubiera hecho toda la vida.  Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail o un whatsapp. Hoy, la gente de 60, 70 u 80 , como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía no tiene nombre. Antes,  los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin  nostalgias, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben.

    La gente de 60, 70 u 80 de hoy celebra el Sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo… hacen planes con su propia vida, no con la de los demás. Quizás por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los del siglo XXI. La juventud se lleva por dentro. La diferencia entre un niño y un adulto, simplemente es el precio de sus juguetes.  

    Tienen juventud acumulada, no importa si son de  60, 70 ,80 o más… 

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