Capdepera lleva tiempo trabajando en una línea silenciosa pero constante: reducir su dependencia energética y optimizar el gasto público sin comprometer servicios. Hoy, esa estrategia empieza a traducirse en cifras concretas. Sin haber finalizado aún el despliegue de todas las medidas previstas, el Ayuntamiento ya ha logrado una reducción de entre el 40% y el 45% en la facturación eléctrica municipal desde 2023, un dato que por sí solo explica la dimensión del cambio en marcha.
Lejos de tratarse de una actuación puntual, el proyecto responde a una hoja de ruta clara basada en eficiencia, control del consumo y apuesta progresiva por energías renovables. “Estamos hablando de un cambio de modelo que no solo busca ahorrar, sino hacer un municipio más responsable con su entorno y con los recursos públicos”, explica la alcaldesa, Núria Garcia.
Uno de los pilares de esta transformación ha sido la modernización del alumbrado público. En los últimos años, cada renovación se ha ejecutado incorporando tecnología LED, una decisión que combina mejora de la calidad lumínica con un ahorro energético significativo. Esta sustitución progresiva ha permitido optimizar el consumo sin afectar a la seguridad ni a la percepción de los espacios públicos, un aspecto que el consistorio ha considerado irrenunciable.
De hecho, frente a otras propuestas aplicadas en distintos municipios —como la eliminación de puntos de luz alternos— Capdepera ha optado por no reducir la iluminación por motivos de seguridad. “No se trata de gastar menos a cualquier precio, sino de hacerlo mejor. La seguridad y la calidad del servicio no se negocian”, apunta Garcia.
A esta actuación estructural se suman intervenciones más concretas pero de alto impacto. La renovación de los focos del campo de fútbol es uno de los ejemplos más claros: una mejora técnica que ha reducido de forma notable el consumo energético en una de las instalaciones con mayor demanda. En paralelo, ya está prevista la instalación de placas fotovoltaicas en el polideportivo, lo que permitirá avanzar hacia un modelo de autoconsumo en uno de los principales focos de gasto.
El camino hacia la autosuficiencia energética ya ha comenzado en otros puntos. Las placas fotovoltaicas del Arxiu Municipal están en funcionamiento, y el Ayuntamiento se ha adherido además al aprovechamiento de excedentes energéticos procedentes de instalaciones del IBAVI, optimizando así el uso de energía verde ya generada.
Pero más allá de las infraestructuras, hay un elemento menos visible que está siendo clave: el control. El consistorio ha implantado un seguimiento exhaustivo del consumo eléctrico en todas sus instalaciones, lo que permite detectar desviaciones, ajustar hábitos y aplicar mejoras de forma continua. Este trabajo de análisis ha sido determinante para explicar parte de la reducción lograda.
En este sentido, los datos de 2025 refuerzan la tendencia. El consumo energético por habitante vinculado a edificios municipales ha descendido, al igual que las emisiones asociadas. Sectores como el educativo han reducido su consumo en un 15%, mientras que el cultural ha alcanzado una bajada del 59%, cifras que evidencian el margen de mejora cuando se aplican medidas específicas.
Parte de este descenso también se explica por el contexto energético. El precio medio del kilovatio hora ha caído un 24% durante 2025 respecto al año anterior, lo que ha contribuido a aliviar la factura. Sin embargo, desde el Ayuntamiento insisten en que el ahorro no se debe únicamente a este factor coyuntural. “El contexto ayuda, pero los resultados responden sobre todo a decisiones que se han tomado y que seguirán dando frutos a medio y largo plazo”, señala la alcaldesa.
A pesar de los avances, el diagnóstico no es complaciente. Capdepera sigue situándose por encima de la media de municipios de Mallorca en consumo energético por habitante, especialmente en lo que respecta a edificios municipales y alumbrado público. Esto marca claramente el camino de las próximas actuaciones.
El análisis interno también ha identificado los puntos críticos. Equipamientos como el Polideportivo Es Figueral concentran aproximadamente el 17% del consumo total de edificios municipales, mientras que el Cap Vermell representa alrededor del 6%. En conjunto, los seis edificios con mayor demanda energética suman el 36% del consumo total, lo que convierte a estas instalaciones en objetivos prioritarios para futuras mejoras.
“Sabemos dónde tenemos que actuar y hacia dónde queremos ir. Esto no es una acción puntual, es una línea de trabajo que forma parte del modelo de municipio que queremos construir”, afirma Garcia.
Este enfoque encaja con otras políticas impulsadas por el equipo de gobierno en materia medioambiental, como la plantación de árboles o la apuesta por espacios más sostenibles. La energía, en este contexto, no se entiende como un área aislada, sino como una pieza más dentro de una estrategia global orientada a la preservación del entorno y a la eficiencia en la gestión pública.
El resultado, por ahora, es tangible: menos consumo, menos gasto y una base sólida para seguir avanzando. Pero, sobre todo, una evidencia de que la transición energética, cuando se plantea desde la planificación y el análisis, deja de ser un discurso para convertirse en una realidad medible.
