Fue en el número 1.139 de Faxdepera donde me ocupaba de un personaje muy célebre que existió en Madrid durante el siglo pasado, al que se conocía como “El Duende”. En aquel texto explicaba que el padre de la que hoy es mi esposa desde hace 57 años era el conserje-administrador de un edificio situado en el número 18 de la céntrica calle Zurbarán de Madrid, vía que arranca en la calle Almagro y finaliza en el Paseo de la Castellana.
En este edificio, después de la Guerra Civil, se establecieron diversos personajes relevantes. Por citar algunos, mencionaré al matrimonio formado por los artistas Fernando Rey y su esposa Mabel Karr, el Conde de Toreno —presidente de la Cruz Roja Española—, Alfredo Di Stéfano, recién llegado de Argentina para jugar en el Real Madrid Club de Fútbol, así como los senadores Luis Peralta España y Agustín Uribe. También se alojaron algunas embajadas, como la del embajador de los Estados Unidos, John Davis Lodge, y la de Turquía.
Decía antes que John Davis Lodge, embajador de los Estados Unidos de América, tenía su residencia en el sexto piso del edificio, donde mi suegro ejercía como administrador-conserje. Posteriormente, con el paso de los años, la embajada americana se trasladó a la calle Serrano.
De este embajador recuerdo que, cuando yo cumplía con mis deberes hacia la patria en el año 1960, fue quien intervino para que el presidente estadounidense Eisenhower viniera a España y se abrazara con el dictador Franco, una imagen que seguramente todavía permanece en la memoria de muchos. Pero esto poco interesa; sigamos con lo que atañe a mi cuñada María Luisa y a la experiencia adquirida para hacer frente a las adversidades que le deparó la vida.
Este diplomático tenía dos hijas de corta edad. Casualmente, mi suegro también tenía dos hijas: María Luisa y Concepción, la pequeña, que hoy es mi esposa. María Luisa, la mayor, subía al sexto piso para jugar con las hijas del embajador. En cierta ocasión destinaron a este diplomático a Alemania y le preguntaron a María Luisa:
—¿Te vendrías a Alemania con nosotros?
Ella respondió que no podía ir por ser menor de edad. Entonces el embajador le dijo que extendería un permiso paterno y que no habría problema alguno. Así fue como, tras firmarlo su padre, María Luisa partió hacia Alemania con la familia diplomática.
Por aquel entonces las embajadas en Alemania estaban ubicadas en la ciudad de Bad Godesberg, muy cerca de Königswinter. El embajador, consciente de que María Luisa era menor de edad y estaba bajo su responsabilidad, buscó una buena familia para que la cuidara durante su estancia temporal en los Estados Unidos.
Al poco tiempo, John Davis Lodge regresó de Washington para hacerse nuevamente cargo de la embajada y recuperar a María Luisa bajo su custodia, como así sucedió.
No tardó mucho en ser destinado a Turquía y volvió a preguntarle si quería ir con ellos. María Luisa respondió que, al ser menor de edad, debía consultarlo con su padre en Madrid. Esta vez, su padre se opuso totalmente, debido a los problemas políticos y sociales que atravesaba Turquía en aquella época.
Ante estas circunstancias, María Luisa volvió con la familia que la había acogido mientras el embajador permanecía en Washington. De este diplomático nunca más volvió a saber nada.
Me contaba que, para entretenerse por las tardes, solía pasear junto a la orilla del río Rhin. Con el tiempo hizo amistad con la sacristana de una parroquia, persona que se ganó plenamente su confianza.
A pesar de vivir en Alemania desde 1959, cada año ha venido a España y a Cala Ratjada, donde goza de buenas amistades, ya que es una persona muy abierta al diálogo. Se siente tan española como cualquier hispano.
La vida de mi cuñada María Luisa ha sido un constante trasiego. Con el paso de los años, viviendo en la ciudad de Troisdorf, conoció a un ciudadano español, Urbano Fernández Ruiz —a quien Faxdepera dedicó dos entrevistas como excelente mecánico tornero—, que trabajaba en Alemania. Al cabo de unos años contrajeron matrimonio, aunque no en Alemania, sino en Madrid, donde residían los padres de ella. La boda se celebró el 29 de julio de 1965.
Ya instalada en Troisdorf, María Luisa regentó durante algún tiempo una tienda de mercería, pues era una mujer muy apañada en los temas de confección. También trabajó en una empresa dedicada a la elaboración de vestidos de novia. Como no le gustaba perder el tiempo, realizó traducciones del alemán al español y del alemán al inglés.
Con fecha 23 de enero de 2026 explicaba en Faxdepera cómo María Luisa y su marido Urbano, cuando venían desde Alemania para asistir a mi boda en Madrid, celebrada el 26 de julio de 1967, escaparon de una muerte segura en una carretera francesa. La rueda de un camión TIR se desprendió y se dirigió de frente hacia su vehículo, pasando milagrosamente entre Urbano, que conducía, y María Luisa, que viajaba como copiloto.
De este matrimonio nacieron Marcos y Cristina Fernández Vacas (e.p.d.), ambos registrados en la embajada de Bonn como súbditos españoles. Cristina llegó a ser directora de unos almacenes y, durante su corta vida, viajó por numerosos países tanto por motivos laborales como relacionados con la empresa para la que trabajaba. Desgraciadamente falleció a la edad de 55 años. Marcos, licenciado en Pediatría, trabaja actualmente en una editorial de Bonn.
Su esposo, Urbano Fernández, falleció el 24 de diciembre de 2025 en la ciudad de Sankt Augustin. Ella me contaba que la muerte prematura de su hija le causó una profunda tristeza, aunque la vida obliga a hacer frente a las adversidades que se presentan.
A sus 84 años continúa viviendo en Alemania, aunque si Dios le da vida piensa venir a España en el próximo mes de octubre, concretamente a Bilbao, donde dispone de un apartamento.


