
Vemos desfilar gente de elevada condición por la escena pública, gente capaz de las más variadas y turbias maniobras, engaños, fraudes… Ciegos por el deseo de acaparar más y más; personajes a los cuales, la sociedad, venera. Porque, en algún lugar del corazón, a todos nos agrada la idea de poder tener una situación parecida de abundancia. ___ “Cuando el fuego de la avaricia prende en el alma — nos explicaba Carlos Garrido — nadie lo para. Consume los valores morales, el respeto hacia los otros, el afecto por las cosas bien hechas, la creencia en la justicia o en las leyes”. En esta tierra nuestra – como comentaba Cristòfol Serra, cuando se ponía profético y anunciaba cosas del futuro — padecemos el peor de los incendios, el que no se apaga ni con bomberos ni con “Canadairs”, sino con honestidad y conciencia.
Se trata de un fuego, de incendios de cariz moral, el fuego espiritual de la avaricia. A lo largo de la historia, se han producido muchos episodios donde el deseo ciego de poder y dinero iba por delante de cualquier otra cosa, pero, tal vez, no se disfrazaba tanto como ahora. Cuando todos aparentan respeto a las reglas que ellos mismos se dedican a transgredir. En nuestros días, asistimos a la combustión moral de todo tipo de valores, y todo por dinero. Ves perfectamente que no se trata de gente en estado de necesidad, cuando la búsqueda de medios económicos equivale a supervivencia. “Todo lo contrario – también lo expresa Garrido – el fuego de la avaricia consume, sobre todo, a los que ya tienen dinero, a los que quieren tener más, ¡cuánto más tienen, más desean! Como las llamaradas que arrasan un bosque, ciegamente, fatalmente, y los personajes que se entregan a la hoguera terminan carbonizados, deseando, aún más y más”.
Nosotros pensamos que muchas cosas se han salido de madre. Y no es, solamente, el tema de acaparar fortuna, no. También los comportamientos están en franca decadencia. Parece como que, cuantas más animaladas y salidas de tiesto se producen, más se aplauden e incluso, se toleran y consienten. Aquí, en nuestros lares, no se ha concienciado en terminar de poner orden en las noches de estío de la segunda o tercera zona más ruidosa de Mallorca.
Y otra cosa, aprovechando para un inciso: Uno, que escribe esto, al contemplar, por ejemplo, la recogida de basura, casa por casa, en Capdepera, por parte del servicio correspondiente, se queda boquiabierto, cuando ve que el personal de recogida – que aparenta tener muchísima prisa por acabar — deja en el suelo las bolsas (una vez vaciadas) en lugar de dejarlas colgadas en los adminículos existentes en las fachadas de los domicilios. La cuestión, parece, es terminar pronto, la eficiencia no importa, con total impunidad. A veces, con tonos tercermundistas.
Permítasenos esta licencia en aras de una mejoría. Tener que perseguir, en días de viento, las bolsas que contienen los residuos o basura echadas en el suelo de las calles, una vez recogidas por el servicio correspondiente, pensamos que no es de recibo. ¿Ustedes qué piensan? Onadelsrecords@outlook.es o “Buzón del gabellí”.

