13 febrero 2026

    Los faros, vigías de nuestras costas

    Pep Moll-Maria Juan / Costa y Litoral

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    Sabido es que esas torres situadas a lo largo de las costas y que proyectan haces de luz hacia el horizonte se llaman faros. Tampoco se ignora que estas construcciones sirven de gran ayuda a los navegantes, señalando los lugares peligrosos, entradas de puertos, y como puntos de referencia para situarse en el mar. Pero lo que es muy probable que muchos ignoren es su origen, su funcionamiento y clasificación, para poder ser identificados por el navegante y saber, sobre la carta, el lugar donde se encuentran y por donde van.

    Un poco de historia. Los faros, de diferente concepción que los actuales, comenzaron a construirse de acuerdo a las necesidades y estragos marítimos, que iban en aumento, tanto más cuanto aumentaba la utilización de barcos, siendo los griegos y romanos los primeros en instalarlos en sus costas. Seguramente, la torre más antigua parece ser la del cabo Sigeo, en la entrada del Helesponto, construído en el siglo IX antes de J.C. Existen y han existido faros famosos en Europa y Asia y, en España, cabe destacar la torre de Hércules, próxima a La Coruña, que sirve de soporte a un faro moderno, siendo de origen fenicio o romano. Así y todo, las costas de los países que miran a los océanos no comenzaron a disponer de faros hasta el siglo XVII. Corría el XVIII cuando la señalización de costas tomó gran auge, debido a nuevos sistemas de alumbrado, utilizando lámparas de mecha y, más tarde, petróleo. Con la aparición  de vapores y motonaves el número de faros y potencia de los mismos ha ido en aumento,  siendo unos 25.000 los que comprenden la red mundial.

    Faro de Capdepera año 1900
    Faro de Capdepera, año 1900

    Su clasificación. Un faro es una sólida construcción, generalmente de base cuadrangular, de donde arranca una torre cilíndrica en cuya cúspide va alojado el foco luminoso y un sistema óptico que permite darle alcance y horizontalidad, y cuyo peso puede alcanzar las cinco toneladas.  Hay faros de gran radio de acción, con destellos blancos y potentes; faros de jalonamiento de costa, de potencia media, y otros más pequeños de entrada de puertos. Sin entrar en detalles técnicos y exhaustivos, que nos alejaría del objetivo, meramente anecdótico, de este reportaje, podemos decir que los faros  pueden ser de destellos y de ocultaciones. En los primeros, el intervalo de oscuridad es mayor que el de luz, y en los de ocultaciones, el caso contrario, dentro de un período determinado de segundos. Asimismo, pueden identificarse por destellos solos (u ocultaciones) o por grupos que se observan en un período de tiempo. El navegante dispone en el Puente del llamado Libro de Faros, donde se describen todas las características de los faros existentes en la zona por donde navega. También hay radiofaros, con señales sonoras y fonía, y aerofaros para la navegación aérea.

    Utilidad práctica. Para su comprensión, pongamos un sencillo ejemplo: Supongamos que un barco navega con un rumbo determinado y a una distancia de la costa, que desconoce, como también ignora,  su posición en el agua, pero divisa dos faros, el A y el B, que le servirán de referencia y motivo de resolución del problema. En primer lugar, observará y reconocerá el faro A, contando sus destellos y su período, haciendo lo mismo con el faro B. Consultará el Libro de Faros, en la parte correspondiente a la zona en que navega, hasta encontrar su nombre. Seguidamente irá a la carta náutica y los localizará. La operación siguiente será lanzar visuales, por medio de una alidada situada en el centro del compás “Magistral” y hallará una marcación o ángulo formado por el faro, buque y el norte. Estas mediciones las transportará a la carta,  y en el lugar donde se crucen estas visuales es el punto donde se encuentra el buque y la distancia con la costa la hallará midiendo con su compás la distancia del cruce al litoral.

    Sistema óptico del faro
    Sistema óptico del faro

    Los faros, hoy. Lógicamente, en el correr de los años, los avances técnicos se han situado en un lugar privilegiado, aumentando la seguridad y ahorrando trabajo a quienes manejan las máquinas. Antiguamente, los faros estaban atendidos por dos o tres personas, en turnos rotativos, debiendo encender su luz, permanecer vigilantes de noche y resolviendo cuantas incidencias se les presentase, que eran muchísimas. Hoy es distinto, son automáticos, y para una información más concreta tomemos como modelo  el faro de Capdepera, o faro del  “Cabo de Piedra”.  Este faro, situado en el cuadrante NE de la isla de Mallorca, en Cala Rajada, fue construido en el año 1860, reinando a la sazón Isabel II.  La persona a quien debemos los datos que les vamos a ofrecer, es don Basilio Garcia Moreno, que en el transcurso de 22 años fue el responsable del faro, en calidad de técnico de señales marítimas, que es su designación y no farero o farista, ni torrero, dependiendo de la Jefatura de Costas y Puertos. La corriente que alimenta el faro, y llega por el tendido eléctrico, portando 18.000 voltios, que al llegar al faro se transforman en 220; si la corriente exterior falla automáticamente se pone en marcha un motor de 5 cv., que alimenta luz y fuerza. Por si, también, fallase existe otro motor, colocado en serie, que se pone en marcha también automáticamente. Para que el faro se ilumine, a una hora determinada, hay colocada en la cúspide una célula fotoeléctrica que al faltarle la luz natural exterior acciona unos relés y pone en movimiento el sistema óptico luminoso. Más seguridades: Por si no actuara esta célula, lleva acoplado un reloj que pondría en marcha el sistema a una hora prevista, apagándose en otra. El foco luminoso es fijo,  consistente en una lámpara de incandescencia de gran voltaje, girando a su alrededor una pantalla con las ópticas. Al lado de la lámpara que luce, hay otra de repuesto para que, en el caso de que se fundiese,  se encendería la otra, sonando un timbre de alarma. El sistema óptico del que hablamos y que se trata de una serie de prismas, va montado sobre una pantalla metálica, con espacios opacos, y que serán quienes den los períodos de oscuridad. Ello va movido por una serie de engranajes, impulsados por dos motores, con uno siempre de reserva que entrará en funcionamiento, dentro del más estricto automatismo. Unos trámites de información y control de tipo burocrático, relativos a consumos, incidentes y partes meteorológicos, completan el servicio del faro de Capdepera. 

    Por tanto, resulta improbable que, por fallos mecánicos, un faro no cumpla su destino y origine catástrofes o desvíe de rumbo a los navegantes, por falta de referencias. En fin, todo un sorprendente artilugio de automatismos, previsiones y seguridades, calculados con el más ínfimo porcentaje de error, todo ello para hacer más segura la vida humana en el mar, evitación de peligros a los buques y para dar el mejor punto de orientación a una navegación más práctica, moderna y, sobre todo, más segura.

    En Mallorca hay 17 faros con un  alcalde de diez o más millas náuticas. La automatización no es un hecho reciente, proviene, nada menos, de 1920, en España, y en Baleares en 1929 (el Faro dels Penjats). Desde 1992, el oficio de  técnico de señales marítimas se ha ido extinguiendo por mor de la automatización, quedando, en la actualidad, solamente dos fareros: Manuel Molinete Riego y Javier Pérez Arévalo.

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