13 febrero 2026

    Los 3 muchachos sabios de Son Talent

    Paula Valls

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      ”Això era i no era, bon brou faci la cadernera, per tu un almud, i per jo una quartera”.

    Cuentan que en el pequeño predio de Son Talent, en Capdepera, había un amo que tenía tres hijos: Tomeu, Mateu y Miquel. Los tres eran más listos que un relámpago y tacaños como ellos mismos. Cada uno de ellos hacía la pelotilla a su progenitor para que les nombrara heredero. El padre, sin que los otros se enteraran, se lo iba prometiendo a cada uno. Cuando falleció, sacaron ellos razones múltiples para hacerse con la herencia.

    Cada hijo aseguraba que su padre le había confiado la fortuna, ninguno quería renunciar a la herencia ni querían partirsela y de pleitos fueron para ver quién tenía razón. 

    Buscaron abogados y procuradores, pero ninguno de los que encontraron supieron solventar el litigio. Finalmente, determinaron ir a hacer una visita al Juez de Paz del pueblo para ver si él les daba una solución.  No quisieron ir juntos.

    El primero en visitar al Juez fue Tomeu, y por el camino se topó con un hombre que había perdido una mula, el cual pidió a Tomeu si la había visto. ”¿ Que tiene un ojo a la funerala, como tuerta?, preguntó Tomeu a aquel hombre. ”¡Sí que lo es!”. 

    ”Pues no, hermano, no la he visto”. Y Tomeu siguió hacia el pueblo. 

    A aquel hombre no le gustó en absoluto aquella respuesta, por lo que continuó buscando la mula.

    Mientras, se encontró más abajo con Mateu, al que le hizo la misma consulta. ”¿Cojeaba el animal? ”Sí, cojea!”, replicó el hombre. Siguió idéntica respuesta de Mateu, que no la había visto, dejándolo plantado.  

    Y lo mismo sucedió al encontrarse con Miquel, el cual le preguntó si el animal era pequeño y corto de estatura, asintiendo el otro y recibiendo la misma respuesta negativa.

    El hombre, sin embargo, quedó convencido, a pesar de las respuestas de los tres de Son Talent que tanto le incomodaron, que en realidad ellos habían visto la mula y la habían escondido. Tomó un atajo hacia Capdepera y fue a contarlo al Juez que, en aquel tiempo era un alto dirigente de la Caja Rural, que tenía su sede en la plaza de l’Orient.  

    Le contó lo sucedido diciéndole que los tres habían adivinado las taras que tenía la bestia y que se habían negado a decirle donde se encontraba el animal. 

    Con los gritos de aquel hombre en la sala de aquella entidad, los clientes que allí había se alarmaron, hasta el punto que el juez y, a la vez, director de la Caja, le hizo pasar a otra dependencia. Mientras, escalonadamente, fueron llegando los tres bergantes, a los que tomó declaración, antes de pasar a tratar el tema de la herencia paterna. 

    Tomeu dijo que se había fijado en que cada lado del camino estaba sembrado y que, solamente, a un lado había hierba para comer: ”Si la mula hubiera tenido la vista bien hubiera pastado en cada lado; por eso he pensado que era tuerta, aunque no me la haya encontrado”. 

    Mateu comentó que en todo el tramo de carretera había huellas de patas marcadas, pero de tres en tres, lo cual le hizo pensar que la mula era coja, a pesar de no haberla visto.

    Miquel tuvo que explicar al juez el por qué había pedido al amo si era corta y pequeña. Y es que había notado que el sembrado de cada lado del camino estaba húmedo de rocío. Y como las mulas siempre mueven la cola, el agua del rocío mañanero con el vaivén se hubiera diluido. ”He ahí el por qué sospeché que debía ser corta, bajita, de cola pequeña”. 

    El juez alabó sobremanera la astucia e inteligencia de los tres sujetos y, seguidamente, despidió al dueño de la mula, todo compungido. Ya era mediodía y llegaba la hora de ir a comer. 

    El juez les convocó por la tarde y ellos, mientras pasaban las horas, fueron al bar “La Palmera”, donde les sirvieron algo para comer.  El juez, asimismo, fue allí, e intentó pasar desapercibido, situándose detrás de una puerta, cerca de la mesa donde los tres hermanos comían.

    Mientras yantaba, escuchaba la conversación de ellos. Tomeu exclamaba: ”Vaya lechona más sabrosa! Lástima que haya sido una perra su nodriza”. Mateu explicaba que aquel vino que bebían era muy bueno… “aunque podría serlo más, si no procediera de parra sembrada en una fosa”. Miguel cerró la conversación: ”Este Juez es muy bueno, lástima que también sea el administrador de los dineros de los vecinos del pueblo. Es como si hubiese sido amamantado por una ama de cría (“dida” en mallorquín)”. 

    L’amo en Joan de Ca’n Figuera, el dueño de “La Palmera” que también había oído la conversación, quiso saber si tenían o no razón y de seguido mandó un camarero a Son Terrassa , donde había comprado la lechona, para adquirir otra. El payés le dijo que no era posible ya que la cerda se había muerto con el parto múltiple  y únicamente había podido sobrevivir la que se habían comido los hermanos y.. ”Menos mal que pudimos salvarla, gracias a una perra que le dio leche, al haber tenido perritos”, sentenció el de Son Terrassa. 

    En cuánto al vino, el dueño de la viña, dijo que la parra solamente había producido uva para llenar dos botellas, una para “La Palmera” y la otra para él. “La parra la tenemos justo pegada a la fosa y este año no ha ido de lo mejor”, comentó.  

    El camarero cumpliendo con el encargo de su jefe, presentóse en la casa de una mujer que fue la nodriza de algunos niños del pueblo, a la que pidió si era cierto que había amamantado al juez. Extrañose ella,  — a la vez que afirmaba que así fue – por que la madre del juez no se lo hubiera contado a éste, en su vida. 

    El juez se informó de todo lo descrito y quedó sorprendido en grado sumo ante la sabiduría de aquellos tres muchachos, con los cuales se reunió a continuación de haber comido y les solicitó saber lo que pretendían con el asunto de la herencia de su padre, con el fin de decidir quién tenía mayor derecho.

    Mandó construir un “home de bulto” (un muñeco grande) y lo hizo colocar a una distancia lejana. Dio, luego, una escopeta a Tomeu y le dijo que aquel bulto representaba a su padre. __ “Pégale un tiro donde mejor te parezca”. Lo mismo dijo a Mateu y a Miquel.  

    Tomeu disparó al corazón y Mateu en la frente. Seguidamente, le tocó disparar a Miquel. Este rehusó el arma y dijo al juez: __” ¿No dice Vd. que este bulto representa a mi padre? Pues, tome Vd. la escopeta, puesto que de ninguna manera yo me atrevería a disparar contra la imagen de mi padre. Consiento perder la herencia antes que asesinar al padre y si pudiese hacerlo regresar de donde se encuentra, a fuer de Dios que lo haría”. 

    Ya pueden suponer que la autoridad concedió la herencia a Miquel, por haber demostrado ser un buen hijo y, con el tiempo, pasó a ser una de las personas más ricas de Capdepera, mientras sus hermanos quedaron prácticamente en la indigencia; aunque Miquel se apiadó de ellos y vivieron muchos años en Son Talent. 

    Quien no lo crea que vaya a averiguarlo, puesto que este “coverbo” (dicen) es verdad como la vida misma. Aún así, sea cierta o no, esperamos que el relato les haya divertido.

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    Fotos: Son Talent antigua y moderna / Uno de los tres muchachos de Son Talent/  A la fuente, mujeres de Son Talent/ Dibujo Sa tafona de Son Talent/ Horneando el pan.

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