27 junio 2026

    El primer escudo del Escolar

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    La historia del Escolar también se puede contar a través de sus símbolos. Antes de que el club adoptara el escudo que hoy se reconoce, con el Castillo como referencia de Capdepera y el ancla como emblema de Cala Rajada, hubo una primera imagen, una primera camiseta y unos primeros pasos que explican muy bien cómo nació aquella entidad deportiva que acabaría formando parte de la vida del municipio.

    En su primera etapa, de 1946 a 1949, la vestimenta del Escolar era muy distinta a la que después quedaría asociada al club. La camiseta estaba formada por rayas verticales azules y blancas, con pantalón negro, una combinación similar a la que lucían equipos como el Atlético Baleares o el Español. Aquellos colores solo se utilizaron durante los primeros años de vida del club. Más adelante se confeccionaría el escudo actual, incorporando dos elementos claramente identificativos del municipio: el Castillo, por Capdepera, y el ancla, por Cala Rajada.

    Pero antes de pensar en escudos, colores o uniformes, la primera gran preocupación de la directiva fue conseguir un terreno de juego reglamentario. El campo se ubicó en los terrenos de Ses Rotges, a la izquierda entrando en Cala Rajada, a continuación de la finca Nereida. Aquel espacio debía convertirse en el primer campo del Escolar y, como tantas cosas de la época, se levantó con más voluntad que medios.

    Los entrenamientos también tenían su propia liturgia. Después de la práctica, los jugadores se duchaban en el estanque de Can Lareu, en la finca Nereida. Eran otros tiempos, con otras comodidades y con una manera de entender el deporte muy ligada al esfuerzo colectivo y a la colaboración de todo el pueblo.

    Una vez conseguido el terreno de juego, comenzó la tarea de acondicionarlo. Al lado de don Miquel Moll, maestro de escuela y primer presidente del club, los niños del pueblo acudían los sábados, cuando no había escuela, para sacar piedras y ayudar a dejar el campo en condiciones. También colaboró don Vicente Nadal, que hacía dos años que era maestro en Cala Rajada. Junto con los niños de su escuela y los de Capdepera, participó en aquellos trabajos de preparación del terreno. Más tarde, don Vicente Nadal sería secretario del club.

    La vinculación entre escuela y fútbol fue, por tanto, muy estrecha desde el nacimiento del Escolar. No solo porque sus primeros dirigentes procedían del mundo educativo, sino porque muchos niños del municipio participaron directamente en la construcción material y simbólica del club. Aquella generación no solo vio nacer al Escolar: también puso las manos para que pudiera empezar a jugar.

    El diseño del primer escudo también nació en la escuela. Don Miquel Moll organizó un concurso entre sus alumnos para que dibujaran un emblema para el club. Les dio libertad de ideas y, entre todas las propuestas, se eligió la que más gustó. El diseño seleccionado fue el presentado por Ricardo López, hermano de Marce. Aquel escudo fue el que lució el Escolar durante su primera etapa.

    El propio don Miquel Moll, como primer presidente y maestro de Capdepera, también impulsó la masa social del club entre los más jóvenes. Hizo socios a los niños que quisieron sumarse al proyecto. El socio número uno fue Juanito Ladaria, con una cuota de una peseta para la temporada 1946-47. Aquella peseta simbolizaba mucho más que una simple aportación: era la manera de sentirse parte de una entidad que nacía desde el pueblo y para el pueblo.

    Con el tiempo, el Escolar cambiaría de colores, adoptaría un nuevo escudo y consolidaría una identidad más reconocible, vinculada al Castillo y al ancla. Pero antes de todo eso hubo una primera camiseta azul y blanca, un campo lleno de piedras, unos niños ayudando a acondicionarlo, unos maestros empujando el proyecto y un escudo nacido de un concurso escolar.

    Aquellos primeros años explican la esencia de un club que no apareció de la nada, sino que fue construido poco a poco por personas del municipio. El primer escudo del Escolar no fue solo un dibujo. Fue la imagen inicial de una ilusión colectiva que empezaba a tomar forma en Capdepera y Cala Rajada.

    Miquel Bestard

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