ANÁLISIS
La Mesa de Turismo de Capdepera, prevista para el jueves 25 de junio, llega en un momento especialmente oportuno. No porque el municipio atraviese una situación grave, ni porque los episodios vividos durante las últimas semanas deban sobredimensionarse, sino porque han servido para recordar que el modelo turístico no puede quedarse únicamente en una declaración de intenciones. Necesita espacios de trabajo, respuestas coordinadas y una hoja de ruta compartida por todos los sectores implicados.
Desde el pasado mes de mayo, y con mayor visibilidad durante esta última semana, han vuelto a aparecer algunas situaciones concretas que han generado preocupación en torno a la imagen turística del municipio. La lona publicitaria instalada en un establecimiento de Cala Rajada, cuya retirada fue reclamada por el propio Ayuntamiento, y la promoción de viajes de estudios con mensajes vinculados al “todo incluido sin restricciones” han situado de nuevo sobre la mesa un debate que Capdepera conoce bien: cómo defender un turismo de calidad, respetuoso y compatible con la convivencia cuando aparecen reclamos o prácticas que pueden alejarse de ese modelo.
Se trata, conviene insistir, de hechos concretos. No representan al conjunto del sector turístico, ni al conjunto de los establecimientos, ni a los jóvenes que visitan el municipio, ni a la realidad diaria de Cala Rajada. Precisamente por eso, resultan especialmente delicados. Porque episodios aislados pueden acabar obteniendo una visibilidad desproporcionada y proyectar una imagen que no se corresponde con el trabajo que durante todo el año realizan el Ayuntamiento, los hoteleros, los comerciantes, la restauración y el resto de sectores vinculados al destino.
Ese es, probablemente, uno de los grandes retos que debe afrontar la Mesa de Turismo convocada para el próximo jueves: evitar que el esfuerzo colectivo por construir una imagen de calidad quede condicionado por actuaciones puntuales que se salen del camino que el municipio quiere seguir. Capdepera lleva años trabajando desde diferentes ámbitos para reforzar una oferta turística vinculada al paisaje, el medio ambiente, la tranquilidad, la cultura, el deporte, el comercio, la restauración y la mejora de los servicios. Ese trabajo exige constancia, inversión, coordinación y desgaste. Por eso resulta lógico que preocupe que determinados mensajes puedan dañar la percepción general del destino.
La Mesa de Turismo no debería ser, por tanto, un acto vacío ni una reunión meramente formal. Tiene la oportunidad de convertirse en un espacio real de análisis y coordinación. Un lugar donde no solo se hable del modelo turístico deseado, sino también de cómo hacerlo efectivo cuando aparecen situaciones que lo contradicen. No basta con afirmar que Capdepera quiere un turismo de calidad. También hay que estudiar qué instrumentos existen para defenderlo.
En este sentido, uno de los puntos que podría abordarse es hasta dónde puede llegar el Ayuntamiento y hasta dónde deben implicarse otras administraciones. La reunión con fuerzas y cuerpos de seguridad, Policía Local, Guardia Civil, comerciantes, empresarios y diferentes sectores puede ser necesaria, pero quizás no suficiente. También convendría analizar qué papel pueden tener administraciones supramunicipales en la supervisión de determinadas promociones, reclamos publicitarios o prácticas comerciales vinculadas al turismo.
Existen ámbitos, como el turismo vacacional ilegal u otras actividades sujetas a control sectorial, en los que administraciones superiores pueden actuar de oficio o desarrollar tareas de inspección. La pregunta que debería plantearse ahora es si, en casos como la promoción de determinados paquetes turísticos o mensajes asociados a la ausencia de restricciones, existe algún margen legal o administrativo para actuar, requerir información, supervisar o establecer criterios. Si ese margen existe, Capdepera debería saberlo y reclamar apoyo. Y si no existe, también conviene conocerlo para asumir con claridad cuáles son los límites reales de actuación municipal.
El debate no debería plantearse en términos de culpabilidad, sino de responsabilidad compartida. Los jóvenes que llegan en viajes de estudios no son el problema. Tampoco lo es el conjunto del sector turístico, que en su mayoría trabaja dentro de la legalidad y contribuye de forma decisiva a la economía local. La cuestión es otra: qué tipo de mensajes se permiten, qué tipo de producto se promociona y qué imagen del destino se proyecta cuando se vende Cala Rajada como un lugar donde determinadas restricciones no existen o donde el exceso se convierte en reclamo.
Ahí es donde la Mesa de Turismo puede tener sentido. No como un espacio para señalar a nadie, sino como una herramienta para ordenar criterios. Ayuntamiento, hoteleros, comerciantes, restauradores, oferta complementaria, cuerpos de seguridad y oposición política pueden compartir diagnóstico y, sobre todo, acordar una posición común. Porque si cada sector habla por su cuenta, el mensaje se fragmenta. Si todos reman en la misma dirección, Capdepera gana fuerza para trasladar sus demandas ante otras administraciones y ante el propio sector turístico.
También resulta positivo que la oposición esté invitada a participar en este espacio. El modelo turístico de Capdepera no debería depender únicamente de quién gobierne en cada momento. Si realmente se quiere construir una hoja de ruta útil, debe ser suficientemente amplia como para que pueda ser asumida por diferentes equipos de gobierno y por la mayoría de agentes sociales y económicos del municipio. El turismo marca buena parte del presente y del futuro de Capdepera, y por eso necesita consensos estables, no respuestas improvisadas.
El gran reto será pasar de las palabras a los parámetros concretos. Definir qué modelo se quiere, qué prácticas se consideran compatibles con ese modelo, qué mensajes dañan la imagen del destino, qué margen de actuación tiene el Ayuntamiento, qué apoyo se puede pedir al Consell, al Govern u otras administraciones, y qué mecanismos de coordinación pueden activarse antes de que los problemas aparezcan en plena temporada.
Los episodios de las últimas semanas pueden verse como un problema o como una oportunidad. Si se quedan en titulares aislados, solo dejarán desgaste. Si sirven para reforzar una estrategia compartida, pueden ayudar a Capdepera a avanzar hacia un modelo turístico más claro, más protegido y más coherente con lo que el municipio dice querer ser.
La Mesa de Turismo del 25 de junio tiene ahora la ocasión de demostrar que el camino unido no es solo un concepto. Puede convertirse en una herramienta real para que Capdepera defienda su imagen, cuide su convivencia y consolide un modelo turístico que no dependa únicamente de la promoción, sino también de la capacidad de responder de forma conjunta cuando algo se sale del camino.
