12 febrero 2026

    Memoria apasionada de Cala Rajada: La playa dulce

    Pep Mª,Moll/ Maria Juan RETAZOS

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    En agosto de 1983 Claudio Torrent escribía su memoria personal sobre Cala Ratjada ( entonces, con “T”) y decía que ésta sería una memoria apasionada, porque en Cala Rajada todavía se podía ser feliz.

    No voy a disimular – redactaba Torrent – mi entusiasmo para con “la playa dulce” . Por cierto, ¿Sabéis  de dónde nace este nombre?. ¡Os lo diré! García Guardiola publicó en 1929, en Barcelona, un libro que hoy  muchos ignoran, pero que algunos guardamos con singular estima. Su título: “Mallorquinas” . Y en él, todo un capítulo dedicado a Cala Rajada. A mí me agradan estos libros que no se pierden en la prosa de los datos, de los números, y cuentan, con sencillez, unas impresiones de viaje humano, es decir personal”.

    “García Guardiola cuenta que fue en tren hasta Artá, luego en autobús hacia  Capdepera y llegó a Cala Rajada en este auto de viajeros, desmintiendo el principio de la impenetrabilidad de los cuerpos. Inmediatamente, desde las terrazas del hotel , oímos la bienvenida que nos cantaba el Mediterráneo. Placer de dioses ese, el de escuchar la bienvenida del mar.  No habría otros ruidos que los de la naturaleza, los más armónicos, los más refinados. Inmediatamente,  el baño en el mar: ¡Qué dulce su abrazo y cuan armonioso el arrullo! Luego, el atardecer nos alcanzó en el faro y la fruición del paisaje nos detuvo“. 

    EL CONDE ROSSI SALIENDO DEL HOTEL CASTELLET

    “Exactamente como ahora mismo, cuando en el silencio de los dorados ocasos, todavía se puede ir entre los pinares a este faro tranquilo, como un punto de luz entre el claro oscuro. La ruta ha merecido figurar entre las veinte mejores excursiones de a pie que se pueden realizar en la isla. El folletillo del Consell Insular detalla incluso que se puede tomar un baño en una de las playas próximas. Sabio aviso éste de poder meterse en las todavía azules aguas de esta costa, ¡qué delicia!”.

    ”La importancia le viene de antíguo a Cala Rajada. El Archiduque Luis Salvador, en su famoso “Die Balearen” , decía a finales del siglo XIX, que  Cala Rajada es el principal punto de la ribera utilizado como desembarcadero, donde la vista es muy hermosa – añadía – sobre la cala, el mar y, en el confín, Menorca; también es muy hermoso el panorama que dejamos atrás. Por los nombres que da y los dibujos que ilustran el libro, puede afirmarse que el Archiduque recorrió, palmo a palmo, estas tierras y las admiró profundamente, como ahora mismo las admiro yo, metido en la vorágine de esta Cala Rajada, centelleante de luz, hirviendo en todos los idiomas, pero inmersa en el señorío de su buen hacer”.

    ”A mí, que soy hombre viejo en estas riberas, me gusta como es hoy Cala Rajada -aseguraba Garcia Guardiola – .Recuerdo aquellas fiestas de doña Leonor, desde luego, o cuando estuvo Gina Lollobrígida filmando “El hombre de paja”  (así en el original), con Sean Connery , por los salones de los March, o cuando Toni Palmer fundó aquel primer café teatro, o Tomeu Melis presentaba sus cortos en los festivales de cine amateur, con el recientemente desaparecido Agustí Villaronga. Incluso cuando se contestaba la contratación de José Maria Iñigo y el “Tàcatum!”, tenía que sacar las castañas del fuego a los organizadores. O al igual que cuando Marce López nos hablaba del Conde Rossi que asomó una vez su semblante hospedándose en el hotel Castellet, que  ya no existe”.

     Cosas, biorritmos de los pueblos que marcan días y noches inolvidables, y que todo junto conforma una fisonomía peculiar, entrañable e irrepetible. Cala Rajada viene de lejos y tiene cuerda para largo. ¿Sabéis por qué? Os lo puedo decir: porque tiene personalidad, porque es algo que vive, sabe y deja vivir (Claudio Torrent).

    JOSE MARIA IÑIGO
    MARCELINO LOPEZ
    SEAN CONNERY EN CALA RAJADA
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