Tercero de los municipios turísticos más importantes de Mallorca, en 1973. Capdepera tenía 4.700 habitantes de derecho y una población flotante, de mayo a octubre, que quintuplicaba a la fija.
Unas veinticinco mil plazas hoteleras y las más bonitas calas de la Isla a lo largo de sus diez kilómetros de litoral: Cala Rajada, Canyamel, Cala Mesquida…
Su Ayuntamiento contaba con un presupuesto de casi 30 millones de pesetas. Durante años, su problema más importante había sido el agua.
De un simple pueblo sin grandes complicaciones urbanísticas, Capdepera pasó a ser, en los años “boom” del turismo y la construcción, y mediante un crecimiento vertical, un pueblo acosado por problemas infraestructurales y por la imperante necesidad de planificar el agua.
Muy pronto, la gente más pudiente del pueblo comprendió la importancia que tendrían para ellos las buenas relaciones con el Consistorio, a fin de influir mejor sobre el mismo.
En la década de los sesenta, J.M.M. parece ser el que más facilidades obtiene. Influyó para que se realizaran las obras de construcción de los emisarios submarinos de Son Moll, en donde existía un hotel de tres estrellas, uno de los más importantes del término.
Se hicieron los emisarios antes de construir el alcantarillado. Pero otros potentes gabellins, los H.F.M., tampoco perdían el tiempo. Sus contínuas visitas al Ayuntamiento de 1966 a 1969, cuando Jerónimo Flaquer Melis presidía la alcaldía, despiertan los celos de la familia de J.M.M., sobre todo, cuando los H.F.M. se hacen con el negocio de las aguas.
Una vez desierta la subasta del alcantarillado, el Ayuntamiento, presidido por Jaime Fuster Massanet, exige su construcción en 1973.

Es el momento en que aparece la empresa “Acrinsa” de Manacor, de la cual los H.F.M. eran socios. El concejal Pascual, secundado por J.M.M. comienza a moverse y a hacer ruido. Los H.F.M., por medio de Obrador, administrador de “Acrinsa”, hacen acción de compra de un pozo de S.P. en el predio de Ca’n Patilla, por el precio de cuatro mmillones de pesetas.
Aparentemente, es un acto de conciliación entre J.M.M. y los H.F.M. Pero la operación resulta un fracaso cuando, tras un análisis del agua, estos últimos se dan cuenta de que es salada, con lo que el proyecto queda paralizado y la guerra entre ambas familias se reanuda de una manera especialmente violenta. Los roces entre el equipo de gobierno del Ayuntamiento, formado por el alcalde Fuster y los tenientes de alcaldía Terrasa y Ferrer, por una parte, y el concejal Pascual, por la otra, son contínuos.
El 23 de septiembre de 1973, S.P. vende una parcela de 4.000 metros cuadrados en Ca’n Patilla a los señores Wolfgang y Jorg Michael Hintz, por dos millones ochocientas mil pesetas.
Los nuevos propietarios tenían previsto hacer una pista de minicars, pero el Ayuntamiento se opuso porque era zona de reserva urbana y había que construir allí un vial público.
Posteriormente, en 1975, al tomar posesión de la alcaldía Bartolomé Flaquer Moll, éste hace abrir expediente a varios de los concejales y al secretario de la Corporación municipal, a los que consideraba el alcalde “enemigos” de su familia, haciendo alarde de quijotismo frente a irregularidades de la administración de la que acababa de hacerse cargo, que parece ser que en realidad existían.

Para hacer frente al proyecto de los emisarios, se había pedido un anticipo de mil pesetas por plaza hotelera. Los emisarios se pagaron, no obstante, del presupuesto ordinario.
Al estar las obras incluídas en el presupuesto extraordinario de saneamiento y abastecimiento de Cala Rajada, a fin de reintegrarse por medio del Banco de Crédito Local, al descubrirse que las fechas de la construcción no coincidían con las fechas de las certificaciones, el alcalde mandó abrir un expediente con el secretario y una qquerella contra la Comisión Permanente y los que resultaran implicados.
En el contrato de compra del solar de Ca’n Patilla se hacía referencia al modo de pago: ”500.000 pesetas en marcos” que los compradores se comprometían a transferir a la cuenta corriente número 74/6396 del Deutsche Bank-Frankfurt, a favor de un intermediario del propietario del solar, hasta un plazo máximo de octubre de 1973, dando validez por ambas partes al recibo de la transferencia o ingreso de la mencionada cuenta corriente.
Se señaló que podría tratarse de un contrabando de divisas. Todas estas y otras muchas irregularidades fueron sacadas a relucir por el alcalde B.F.M. con un ejemplar celo e inquisitorial obsesión por denunciar la corrupción.
Obsesión que, al menos al principio, le sirvió para cubrirse las espaldas.
