Una mirada atrás
Pep Maria Moll
El primero de diciembre de 1917, Juan Llabrés, miembro de una asociación de Artà, de nombre «Minerva», defensora de los intereses morales y materiales de dicha localidad, se quejaba, con escritos en un decenario portavoz de aquella entidad, de la siguiente manera:
_»Muchas veces hemos dicho que los ‘gabellins’, los de Capdepera, nos ganan en ser emprendedores en comercio e industria y que, desde siempre, nos avanzan en el camino del progreso. Hace poco nos han dado una prueba más de lo que decimos. Hacía tiempo que en Artà teníamos una fábrica-aserradora y de moldura, cerca del lugar llamado ‘Es Molinet’. Era la única muestra de avance industrial en esta villa artanense. Fue manejada, durante un buen número de años, por gente nuestra y dicen que todos se entregaban a este trabajo de cabeza.»_
_»Hace poco tiempo que se han hecho cargo de la aserradora Antoni Ferragut ‘Marió’ y Nicolás Garau ‘Bombu’, de Capdepera, lo cual les va viento en popa. Ellos se han hecho los amos y la han trasladado a Cala Rajada, mientras nosotros nos quedamos sin nada, y si queremos aserrar tendremos que desplazarnos a Manacor o a Capdepera. Además, los referidos señores desean montar unos astilleros para allí construir barcas para el servicio de algunos comerciantes de aquel municipio. Y digo yo: ¿Qué os creíais, qué pensabais? ¡Capitalistas de Artà, es hora ya de despertar y sacarse el ‘verdillo’!»_
Otro minervista artanense, Miquel Carrió, abundaba en el mismo tema y en una conferencia o reunión de asociados se lamentaba: _»Capdepera, pueblo de tierras pobres, enjutas y secas, cabalga sobre el cuello de una sierra de marés, desvalida. Por no tener, no cuenta ni con señores – lo que aquí llamamos señores –. Pero es un pueblo industrial que fabrica obra de palmito y eso lo hace crecer y vivir mucho mejor, en general, que en Artà y Son Servera, que son pueblos rurales. Socialmente, los ‘gabellins’ son diferentes, distintos de nosotros, pues es suficiente ir, por ejemplo, a sus fiestas de Sant Bartomeu y fijarse en lo que más miran los solteros: las chicas solteras. Y es que las jóvenes de Capdepera son bonitas y desprendidas, finas y airosas, presumidas; sus vestidos entallados como deben, propios de cosedoras modistas, sus peinados son caprichosos y sutiles, gastan jabones de olores finos; cantan y bailan con gracia y amorosía; y, sobre todo, no llevan la cabeza tapada… y con eso no quiero decir que nuestras chicas no sean, también, preciosas, ¡no!»_
El pintor Pedro Blanes Viale siempre buscó sus agraciados modelos entre las jovencitas de Capdepera. Él explicaba: _»Esas deleitosas y avispadas ‘gabellines’ nos tienen robado el corazón, son flores de industria y no de la tierra. Me objetaréis, tal vez, que en Artà también hacemos obra de palmito, aunque aquí bailamos con la más fea, puesto que dejamos que nos dirijan los elementos económicos de Capdepera, y bien que se lo cobran… Compran el palmito en Dénia y Alicante y lo venden a los artanenses, consiguiendo una primera ganancia. Después nos compran la obra hecha, la buena tajada se la comen los de Capdepera, mientras que en Artà solamente masticamos un triste hueso que nos llega demasiado limpio para que haya podido cambiarnos nuestra condición agrícola en industrial. La aserradora que, hoy, parte hacia Capdepera era la única manifestación externa de la industrialización artanense, dejando un pueblo paralizado, anémico y triste, en este sentido. Siempre nos quedará la agricultura, que es una actividad muy noble, pero temerosa, hija del terruño, y por eso ‘¡terrejam!’.»_

Andreu Ferrer aboga para que Artà pueda dejar de depender comercialmente de Capdepera, a causa de la importación de comestibles directamente desde Cala Rajada, donde llegan en barco. _»Nuestros comerciantes – apunta Ferrer – parecen conformarse en ser sencillos operarios de reventa del género que Capdepera nos ofrece. Siempre nos hemos caracterizado por nuestra indolencia y pasividad. Es por eso que, ahora que ya está montada la estación de tren en nuestro pueblo, falta la llegada del ferrocarril para poder hacer más productivo este lugar, para que puedan surgir mayoristas que hagan lucir su patrimonio, su riqueza, dejando de estar supeditados a los ‘gabellins’.»_

_»El excelentísimo señor don Rafael Lluís Blanes Massanet, hombre bueno y virtuoso, que sentía por este pueblo una ansia paternal y protectora y que era franco y desinteresado, fue quien más hizo para hacer evidente la energía, tan dormida, de los artanenses. De él tendríamos que tomar ejemplo, ya que estamos perdiendo la oportunidad que el progreso nos depara.»_

