8 marzo 2026

    Una historia vivida en primera persona

    NICOLÁS NADAL

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    Con 20 años, estando en la única Expendeduría de Tabacos de Cala Ratjada, sucedieron cosas un tanto raras y muy extrañas, pero vayamos por partes para que el lector se pueda enterar del desarrollo de los sucesos y lo pueda comprender con todo detalle:

    El día 28 de noviembre del año 1974, llega a la Expendeduría un coche marca Seat de color verde, con la matrícula SGM (Secretaría General del Movimiento). Detrás de los cristales de la Expendeduría, me fijé en la matrícula del vehículo y pensé: algo “gordo” debe suceder. Salen dos señores del auto, entran en el establecimiento y preguntan por don Jaime Fuster Massanet, Alcalde de Capdepera. Me preguntan:

    ¿Es usted don Jaime Fuster Massanet, el Alcalde de Capdepera?

    Yo les respondo que no, que soy el que atiende la Expendeduría de Tabacos. Les digo: como eran casi las 19:30, en este momento no está la persona que buscan. Como era una tarde/noche de crudo invierno, les invito a que tomen asiento junto a una estufa, para esperar que el propietario pase sobre las 19:30 hs. para saber cómo había ido la venta del día.

    Puntualmente, a las 19:30 hs., llega el dueño/Alcalde. Yo le indico que hay dos señores que están aguardando, que se interesan por él. Le preguntan:

    ¿Es usted don Jaime Fuster Massanet (epd), Alcalde de Capdepera?

    El dueño les responde que sí.

    Los dos señores se identifican como inspectores enviados por el Gobierno Civil de Baleares. Le dicen textualmente:

    Venimos de parte del Gobernador Civil de Baleares, don Carlos de Meer y Riera (epd), a que usted presente la renuncia a la alcaldía de Capdepera, por la vía rápida, antes de que el Gobernador le cese “ipso facto”. Le presentan dos impresos, uno era para el alcalde, que se hacía cargo de que había recibido la orden, y el otro impreso, este último para entregarlo al Gobernador, que obraría en consecuencia al darse el Alcalde por enterado.

    El dueño, que al mismo tiempo era el Alcalde, les pregunta:

    ¿Y qué procedimiento hay que seguir con lo que ustedes me asignan? ¿Qué tengo que hacer? – con una voz entrecortada y trémula por la “sorpresa” del notificado.

    Los dos inspectores le indican:

    No se preocupe para nada, duerma tranquilo. El Secretario del Ayuntamiento, don Sebastián Riera Roca (epd), ya sabe el procedimiento y los trámites a seguir. Nosotros ya hemos cumplido la misión de notificarle su cese y nos retiramos al Gobierno Civil para informar al Gobernador.

    Estos dos inspectores, con cara de pocos amigos, se marcharon. Entre una cosa y otra, sobre las 20:00 hs., cerramos la Expendeduría. Como ambos vivíamos en la misma calle, durante todo el trayecto, fue el incordiar en saber quién pudiera ser el nuevo Alcalde de Capdepera, que había influenciado para cesarle de esta forma tan inesperada y de sorpresa.

    El Alcalde había tomado posesión de la alcaldía hacía algunos años, pero el hijo de la anterior Primera Autoridad local, Bartolomé Flaquer Moll (epd), siempre tuvo en la mente que el Alcalde Jaime Fuster Massanet (epd) iba a ser cesado. Este había “defenestrado” a su padre, don Jerónimo Flaquer (epd), hacía años.

    El alcalde anterior, don Jerónimo Flaquer, tenía un hijo, Bartolomé Flaquer Moll (epd), que en mi juventud fue amigo mío. Estudiaba en Madrid Ciencias Políticas y Farmacia, estudios que nunca terminó. Tenía correspondencia conmigo y tan pronto me mandaba una postal desde Moscú como desde Nueva York. Tenía un apartado de Correos en Valencia, vivía en un Convento, y entabló amistad con un hijo de un ex-Ministro del dictador Franco, que tenía el cargo de la Vivienda.

    Este hijo del Ministro fue amigo de Bartolomé Flaquer Moll, hijo del anterior Alcalde don Jerónimo (epd). Le daba una valija (se suponía que era fuga de divisas). Cuando las autoridades competentes iban a “desenmascarar” quién era el cómplice de la corrupción, el hijo del Ministro le dijo a Bartolomé Flaquer, hijo del anterior Alcalde de Capdepera:

    Pídeme lo que quieras, que yo te lo concederé. Tú tienes que desaparecer de la escena sin dejar rastro de las actividades que llevas a cabo.

    Bartolomé, hijo del anterior alcalde don Jerónimo (epd), le dijo:

    Yo quiero ser el Alcalde de Capdepera.

    Aquí se supone que iba a vengar lo que suponía que habían hecho con su padre, la Primera Autoridad local. Es cuando vinieron los dos inspectores del Gobierno Civil, por orden que se había cursado al Gobernador desde las altas esferas del país, para cesar al que era el Alcalde de Capdepera y dueño de la Expendeduría.

    Entró el nuevo Alcalde, Bartolomé Flaquer (epd). Era una noche que, como sucedía en aquel entonces, el alumbrado público había desaparecido. Una noche lluviosa, que a los que nos habíamos congregado en la Casa Consistorial, se había presentado con unas gafas oscuras, una camisa azul y una corbata negra. Nos hizo ir a la Iglesia Parroquial de Capdepera para rezar un Padre Nuestro en la Cruz de los Caídos, para unas buenas intenciones de la nueva Autoridad Local, con una lluvia torrencial, cuya Cruz antes estaba en la explanada del templo.

    Yo en aquel tiempo ejercía el periodismo. Redacté una amplia información para la revista “Opinión”, que dirigía Antonio Alemany Dezcallar, y lo titulé: “De Alcalde Franquista a Sheriff de la Democracia”, de cuya Editorial me arrepentí de haber obrado de aquella manera tan dura con Bartolomé Flaquer.

    El tema que abordé desencadenó una fuerte polémica con el nuevo Alcalde, que me hizo saber: ¡Nicolás, los amigos no se portan así como lo has hecho tú contra mi persona!

    Con Bartolomé Flaquer Moll me unía una cierta amistad. Sus padres disponían de muchos terrenos por la zona de “Sa Costa”, pero Bartolomé lo evadió todo con sus viajes y estudios ficticios que nunca acabó. Cuando venía a Capdepera, vivía en unos apartamentos de un familiar y, profundizando en este tema, para que estuviera entretenido, yo le prestaba un televisor para estar distraído, e incluso le acompañaba a la Misa en el Convento de Artá. Con estudios que nunca acabó, también acabó con las posesiones de sus padres. Murió triste y abandonado en las Islas Canarias y se acabó la herencia de “Ca’n Gabriel”.

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