12 febrero 2026

    Un paraíso en el “fin del mundo” 

    UNA MIRADA ATRÁS Pep Maria Moll

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    En 1933 desplazarse desde Alemania, cambiando Berlín por Mallorca, por Capdepera, suponía trasladarse desde la moderna metrópoli al fin del mundo. 

    Así lo describía, en una de sus obras literarias, el alemán Karl Otten, el cual permaneció en Mallorca hasta septiembre de 1936, por sus problemas con motivo del alzamiento nacional de Franco. 

    En Cala Rajada, donde vivía el entonces conocidísimo Heinz Kraschutzki, con el que Otten hizo una gran amistad, ambos voluntariamente exiliados, fue arrestado por la comandancia militar, juntamente con Heinz, iniciándose así un largo periplo en prisiones y campos de concentración, hasta ser puestos en libertad a instancias del consulado británico, en 1945.

    FRANZ BLEI
    KARL OTTEN

    Desde Barcelona, Karl Otten y otros exiliados germanos viajaron hasta Marsella hasta llegar a Londres. Dos años después, a él y a su esposa, se les concedió la nacionalidad británica sin que jamás se les restituyera la alemana. 

    En 1958, con carencias en la vista, aunque ayudado por su esposa a la hora de escribir numerosos libros, se instaló en Suiza. De ello, habla Francisca Roca en su tesis doctoral de 2015.

    Mallorca fue el refugio de gentes que tuvieron que emigrar de la Alemania de Hitler en los años inmediatamente anteriores a nuestra guerra civil. Una importante colonia alemana se asentó en la isla y, concretamente, en Cala Rajada contaron con refugiados judíos, también contrarios al “Fuhrer” y simpatizantes nazis.

    El también escritor Franz Blei se refiere a los mallorquines como gente de carácter amable y hospitalario. En Capdepera se oía por doquier en esta lejana época, hablar en alemán. En 1935, en Cala Rajada, de un total de 388 habitantes, existían 110 que eran extranjeros. Se trataba de una concentración de intelectuales y artistas germanos, que se encontraron con un paraíso, un lugar barato en donde poder vivir.

    IMAGEN DE CHRISTIAN BUCKARD DEL TALLER LAS ESTRELLAS DE CALA RAJADA

    El taller “Las Estrellas”, de Heinz Kraschutzki, de producción de rafia, telares y artesanía de palmito, entre otros objetos, o el fotógrafo Konrad Liesegang, cuya familia pervivió y cuenta con descendientes en el municipio gabellí, fueron personajes de muy estimado recuerdo en esta zona.

    El bar “Wikiki” fue lugar de reunión de estos personajes foráneos, una denominación, la del bar, que cuenta con sucedáneos, perpetuándose en el tiempo.

    Llaman la atención las palabras de Karl Otten respecto al papel de las iglesias y los conventos destruidos en España, por partidarios republicanos con sentimientos anticlericales. La verdadera razón de esta destrucción, para Otten, era que iglesias y conventos habían sido auténticos fortines provistos de ametralladoras e, incluso, cañones. Él mismo afirmaba haber podido observar que las monjas del convento de Cala Rajada escondían ametralladoras en cuevas profundas cuando Bayo desembarcó en Porto Cristo. Si esta referencia, de la que no existe ninguna prueba, fuera cierta, en todo caso se las habrían procurado (a las armas), posteriormente a la explosión de violencia antirreligiosa, con el fin de defenderse.

    Los testimonios plasmados por Karl Otten y otros correligionarios en diversos libros nacen del estado de terror que se extendió en Mallorca durante varios meses, narrando sus experiencias sobre el levantamiento militar y la subsiguiente represión.

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