A nuestra mesa de redacción de “Ona dels records” nos llegaron varias fotografías remitidas por un excompañero de trabajo, residente en Manacor, tataranieto de uno de los luchadores mallorquines que, en la segunda mitad del siglo XIX, concretamente en 1868, participó en la denominada “Guerra de los 10 años”, la segunda de las distintas fases de la Guerra de Cuba que mantuvo España con los independentistas de aquellas tierras.
Dichas fotografías iban acompañadas de una breve relación de nombres oriundos de distintos pueblos de la comarca que, supuestamente, todos ellos y algunos más podíanseles contemplar en dichas imágenes. Repasando el elenco, solamente localizamos a un “gabellí”, a Joan Francesc Orpí Terrasa.


La “Guerra de los 10 años” o guerra larga, se inició en la madrugada del 9 al 10 de octubre de 1868 — 155 años ya –. Diez años más tarde, con la capitulación del ejército independentista, Cuba culminó este conflicto bélico no sin antes haberse vuelto a alzar por el descontento y la insatisfacción de reductos que se habían hecho fuertes frente a los incumplimientos de las promesas hechas por el gobierno español.
”Más se perdió en Cuba” reza un dicho popular, refiriéndose a los dominios españoles en aquellas latitudes. En Puerto Príncipe y en Santiago de Cuba, la Guardia Civil de Ultramar y secciones de la policía rural procedentes de España, crearon los Tercios con motivo de la mencionada guerra larga de los diez años. Fueron tres los Tercios de la Guardia Civil, que se asentaron en 1871 en aquellas dos ciudades de la isla cubana. Y pudimos averiguar, adentrándonos en nuestros archivos, que el señor Pedro Llabata Sancho, bisnieto del citado Orpí Terrasa, ya había contado en cierta ocasión algún argumento sobre su pariente combatiente en Cuba.

Hallamos un documento con el nombre de “Libreta de ajuste del Ejército de Ultramar en Cuba”, en la categoría de Guardia segundo del Escuadrón de la Comandancia de todas las Armas e Institutos del Ejército de la isla de Cuba, en donde figura un tal Juan Francisco Arpí Tarrassa. Seguramente, y se desconoce el motivo, los apellidos del mallorquín Joan Francesc podrían estar deteriorados, en cierto modo confusos, por la pronunciación, aunque no puede darse por seguro este extremo, toda vez que sus descendientes consideran que se trataría de una distorsión a la hora de redactar los datos en la citada cartilla.
Vemos que el mencionado señor Llabata en el momento de hacerle la entrevista, en enero de 2017, facilitó los documentos que se acompañan sobre la inscripción en Capitanía General , de esta verídica historia sobre nuestro paisano, bisabuelo segundo suyo, por segunda nupcias con la bisabuela. La libreta donde quedaba explicitado el sueldo que percibían los guardias civiles en su estancia en Cuba, concretamente los de segunda categoría, detalla que el abono se les hacía cada trimestre. La paga mensual era de 69,80 pesetas; por las hospitalizaciones de cura de heridas o atención médica por enfermedad, se les abonaba el importe de 43,82 pesetas. Para compra de tabaco para fumar, una peseta mensual, y para piezas de ropa, tricornios, cinturones (que iban a cuenta de los usuarios, hasta que se derogó la norma), más ropa interior: 42,30 pesetas. Eso por lo que respecta a los años desde 1872 a 1874, que es el período en que ejerció Orpí Terrasa su misión en Puerto Príncipe.

En los destinos que a Joan Francesc Arpí le cupo ejercer: “Ingenio de la Esperanza, Guantánamo y Caney” – desde 1875 a 1878, en que se licenció — cobró 174 pesetas de nómina, más 4,30 por tabaco. Ya no cita la libreta la vestimenta ni el servicio médico, conceptos que ,parece ser, iban a cargo del Ejército, sin su implicación personal, puesto que había ascendido de rango, recibiendo en su despedida la distinción de la “Cruz al mérito militar, con distintivo de color rojo, sencilla”.
El director de la Capitanía General en la isla de Cuba, en representación del Teniente Coronel de los Tercios de la Guardia Civil, Fabio Hernández Delgado, expidió a Juan Francisco la licencia absoluta para poder cesar en el servicio y habiendo cumplido el tiempo reglamentario el 30 de junio de 1878.
Regreso Orpí a España, a Mallorca, a Capdepera, con el expediente en el que el nombre de nuestro pueblo figuraba como “Candepera (Baleares)”, viajando hacia Barcelona, por cuenta del Estado, y desde la ciudad condal hasta Mallorca en el barco con destino a Alcudia. A su llegada a Capdepera fue atendido por el alcalde, de firma ilegible en el documento que éste expidió al soldado, muy parecida la signatura a Joan Tous o Joan Vaquer. Más tarde, se desplazó a Menorca con su mujer por un contrato para trabajar de “garriguer” de una vasta propiedad agrícola-ganadera de la isla hermana.
En el expediente indicado, de cuatro hojas de doble cara, tamaño folio (de color amarillento debido al paso del tiempo), escrito a mano, se significa que Arpí ( Orpí) Tarrassa (Terrasa) era hijo de Antonio y Catalina, nacido y vecino de Capdepera, de oficio campesino- labrador. Describiendo su figura: de cabellos de color castaño, ojos pardos, cejas al pelo, con buen color de cara, nariz gruesa, barba clara y boca regular. Nacido el 4 de octubre de 1849, se presentó voluntario al Escuadrón de Caçadors de Mallorca en 1869. Juró fidelidad al Rey Amadeo, en Santander, y pasó a servir en el Batallón de San Quintín, con el número 32, ingresando como guardia civil, tras aprobar unos exámenes en la Comandancia del Regimiento General de la Benemérita.
Desde allí salió destinado hacia Santiago de Cuba. No se ha podido localizar ninguna fotografía de nuestro protagonista, si bien – lo más probable – sería uno de los guardias fotografiados en la imagen de “Soldados españoles en Cuba” que acompañamos con otras ilustraciones para el presente artículo.
