Antonio Pérez Ramos, presidente del Tribunal Eclesiástico y Vicario Judicial de la Sede de Mallorca, nacido en Granada, vivió toda su juventud en Capdepera, hasta que, tras pasar por el Seminario, detentó como sacerdote importantes cargos dentro de la curia mallorquina. Fue, precisamente, Pérez Ramos quien escribió la historia de la parroquia de San Bartolomé de Capdepera y el que impulsó a Melchor Llull Mesquida, a redactar estos “Manojos de notas históricas” .
El siglo XIX fue fecundo para la vida religiosa y civil de Capdepera, que cerró su curso con un balance de glorioso superávit. Contemplad, con mirada de conjunto, las obras que la fe de nuestros padres realizó en 70 años. En el orden material la construcción del nuevo Templo parroquial, del Convento de las Religiosas Franciscanas (actualmente convertido en la antítesis de lo que hubieran deseado aquellos antepasados, totalmente diferentes de los gabellins de hoy en día, incapaces de reivindicar este patrimonio en beneficio de sus habitantes), de la Casa-Vicaría, del campanario, la adquisición del órgano, de las tres campanas y de algunas imágenes; en el orden moral la fundación de las Hermanas Franciscanas, de los Padres Teatinos, de las asociaciones piadosas de Hijas de Maria, de Madres Cristianas, de la Cofradía de la Doctrina Cristiana, de la Asociación del Sagrado Corazón y Apostolado de la Oración (unas entidades que, actualmente, han desaparecido en aras de la disparidad de creencias de distinto signo que han trastocado el antiguo régimen nacional-catolicismo).
Paralelo a esta relación de obras materiales y morales corre el índice de natalidad cuya línea ascendente llega a su cenit en la década del 70 al 80 que dio un promedio de 68 bautismos por año; y al final como si quisiera dar una nota que fuera la tónica y el símbolo de la fecundidad del siglo, cerrando sus días con 83 nacimientos en el año 1899, cifra máxima en la escala de natalidad anual de nuestro pueblo.
Para completar la descripción de las obras de nuestra Iglesia anotaré brevemente las reformas que ha sido necesario introducir durante esta primera mitad del siglo XX, ya para restaurar lo deteriorado o para acomodarlo a las necesidades presentes: En 1901 se construyó una nueva Sacristía y se abrió un portal que comunicara con la antigua, ya que ésta no era suficiente para las necesidades del clero y monaguillos. Con la ayuda de una piadosa persona en el año 1926 se restauró la capilla de la pila bautismal y se adquirió una pila nueva de piedra pulida y de airosas líneas. Dos años más tarde se instalaron unos nuevos cuadros del Vía-Crucis, obsequio también de la misma devota persona, doña Maria Llusá. Para mayor comodidad de los fieles, en 1944, se abrió un nuevo portal para el ingreso de los hombres y, el 1º de abril, domingo de Ramos, salió por este portal la procesión.
En 1945, para evitar los inconvenientes de la cera de los cirios y poder dar más iluminación al templo, se instaló la electricidad en todas las “arañas” de la iglesia, reforma que sufragaron los clavarios de las Obrerías. Se complementó esta instalación adornando las cornisas en el año 1949, con motivo del “paso” por nuestra parroquia de la imagen peregrina de la Virgen de Lluc, cuyos gastos del adorno fueron cubiertos por suscripción abierta a petición de los feligreses. En 1950, con motivo de las fiestas centenarias, se adornó el retablo del altar mayor con iluminación. Dos años antes, doña Leonor Servera de March enriqueció el tesoro artístico de nuestra parroquia donando una rica y vistosa custodia de plata dorada, adornada con esmaltes y un palio de raso, bordado en oro y seda con sus seis varas de plata. Se bendijo el nuevo sagrario de metal dorado, como recuerdo de este centenario.
En cuanto a las diferentes categorías por las que ha pasado este templo, debe anotarse que fue Vicaria “ in cápite” desde 1598 hasta el 1º de junio de 1913, que fue ascendida a Rectoría en virtud de la orden promulgada por el Obispo Campins y, el 6 de abril de 1945, por decreto del Arzobispo Dr. Miralles , confirmada con la máxima categoría,de la que actualmente, goza.
Al margen de la vida parroquial.-
Aunque no pertenezcan propiamente a la historia de nuestra parroquia, sería injusto dejar sin describir dos fundaciones que han influido notablemente en la vida religiosa de Capdepera: las Monjas de San Francisco de Asís que el 4 de junio de 1887, fueron recibidas a la entrada del pueblo por autoridades, banda de música y un inmenso gentío, instalándose en una casa de la calle Honda hasta que, pasados unos años, el rector Gabriel Artigues compró el solar de Catalia Melis Garau donde se erigió el Convento bajo la dirección del maestro albañil José Bauzá. El 8 de febrero de 1891, fue inaugurado y bendecido siendo las madrinas Sor Clara Inés Pellicer y Sor Maria del Salvador Fiol, ambas hijas del pueblo.
Otra fundación fue la de los Hijos de San Alfonso María de Ligorio que dieron a nuestra villa generaciones de intensa formación cultural, en su Colegio instalado en la calle del mismo nombre ( hoy Teatre Municipal). Fue en el año 1893 y permanecieron en Capdepera hasta 1913, al ser reclamados sus servicios por varios Prelados del continente y de América para trabajar en misiones.
No como datos de relevante valor histórico, sino de mera curiosidad, anotaremos algunos hechos de índole varia que afectan a Capdepera: El primer bautismo, administrado en la capilla del Castillo por el sacerdote Bartolomé Melis, en 1597, lo efectuó a la neófita de un primo del sacerdote, del mismo nombre y de su esposa Bárbara Gili, a la que pusieron el nombre de Juana, siendo Joan Juan y Antonia Ferrera los padrinos. En la nueva iglesia, en 1836, en la primera mitad construída del templo, recibió las aguas bautismales el niño Mateo Fons Tous,hijo de José y Juana Maria, siendo el número 32 de aquel año. En 1856, fue dado de baja como plaza de armas el Castillo que tuvo como primer gobernador a D. Jaime Palau, en 1324 y el último fué D. Rafael Noguera.
El 30 noviembre 1861, se inauguró y bendijo el Far de Capdepera. La bendición del primer Oratorio de Cala Rajada efectuóse en julio de 1891. El 17 febrero de 1896 se concedió autorización para erigir los Viacrucis de la nueva iglesia. Por la ley de supresiones y reforma de regulares fueron inicuamente despojados del convento y su iglesia los Padres Franciscanos de Artá y en virtud de Real Orden de 25 octubre 1820 se hizo un inventario de las imágenes, retablos y objetos de culto que poseían para ser repartidos entre las parroquias vecinas, beneficiándose de tal despojo Son Servera, San Lorenzo, Villafranca, Maria de la Salud, Capdepera y Artá iglesia. El lote que cupo en suerte a Capdepera constaba de un cáliz de latón y su patena, un misal y una libreta para misas de difuntos, una capa negra, una cruz grande de plata, un porta-paz y un aspersorio del mismo metal, un terno color rosa en buen estado, otro de color fuego deteriorado, otro verde, tres casullas moradas, otra color verde con estambre, otras encarnada, blanca y de seda de ramos de distinto color, dos corporales, seis cubre-cálices, tres albas de mediano uso y uun amito, tres cíngulos blancos, cinco toallitas, cuatro purificadores y dos paños de manos, además de ocho toallas, dos candelabros pequeños, una lámpara de latón, dos cajas de cofradía, seis candeleros y una lámpara de hoja de lata.
Cuando se bendijo nuestro Templo parroquial, en 1840, gobernaba la Iglesia Católica el Papa Gregorio XVI; regía nuestra nación la Reina Isabel II; era Obispo de Mallorca, don Antonio Pérez de Hirias y Vicario de Capdepera, don Bartolomé Sureda Cursach, siendo el alcalde de la villa, don Gabriel Terrasa. Al celebrarse las fiestas del primer centenario tenía el timón de la nave de San Pedro el glorioso Pontífice Pio XII, regía los destinos de España el caudillo Francisco Franco y gobernaba nuestra diócesis el Dr. D. Juan Hervás Benet, siendo Cura-ecónomo de Capdepera don Melchor Llull y alcalde, don Antonio Terrasa. Desde el 24 de agosto de 1849, en que se bendijo el Templo y se entronizó al Apóstol San Bartolomé como Patrón de la Villa hasta 1950 en que se terminan estos “Manojos” había habido 5.675 bautismos y 3.743 defunciones.
Despedida.- Las fiestas del centenario debían haberse celebrado en 1940. Razones hubo, seguramente, que no intentamos escudriñar, que impedirían se celebrasen en aquella fecha y he creído obligado saldar esta deuda invitándolos a celebrarlas en 1950, fecha centenaria de la conclusión de las obras al finalizarse el revoque y estucado del edificio. Y ahí tenéis, estimados feligreses, mi humilde trabajo, minúsculo y desaliñado, como algo hecho deprisa, entre las premuras de la vida, no he perseguido hacer una historia de Capdepera, sino el deseo de satisfacer vuestro legítimo afán de conocer cosas de vuestro pueblo y mostraros las obras de vuestros antepasados. “Laus Deo”.
