La pasada semana, en la edición de esta revista, aparecía el lamento de una madre que pensaba tener un hijo hacker en casa. La angustia de aquella mujer, que se confesaba a su amiga, redactora de este semanario, era tremenda.
Ello fue la que nos impelió, en nuestra condición de psicólogos, a redactar el presente artículo que deseamos compartir no solamente con aquel hijo, si no, también, con quienes hoy son víctimas de estos avances de la informática. Sigan leyéndonos:
Las redes sociales son capaces de provocar efectos negativos en las personas, incluso pueden generar infelicidad en quienes las usan frecuentemente. Hoy en día, las personas pasan demasiado tiempo en las redes, tanto jóvenes como adultos. Ya sea por trabajo, estudios o, simplemente, como forma de entretenimiento, cada día son más los usuarios que se suman a las distintas plataformas y aplicaciones que permiten “conectarse” con el mundo virtual. Pero, ¿qué hay de cierto en que hacen infelices a la gente que las usa con frecuencia?
Si bien es verdad que las redes sociales tienen sus aspectos positivos, no lo es menos que utilizarlas descontroladamente, de forma inapropiada, es negativo. Pasar horas y horas frente a las pantallas de sus dispositivos móviles disocia la incapacidad de percibir cuando pierden la noción del tiempo. Internet proporciona mucho contenido, el cual puede llegar a ser adictivo consiguiendo que los usuarios dejen de percibir la realidad.
Ello produce ciertas emociones que pueden llegar a ser bastante placenteras. Un ejemplo claro es que este tipo de plataformas generan una sensación de descanso mental que ayuda mucho cuando los niveles de estrés están muy altos. No obstante, sumergirse en ellas puede causar estados de frustración e, incluso, culpa, ya que después de unas horas, las personas empiezan a sentir remordimientos por haber estado tanto tiempo perdiendo el tiempo en los dispositivos móviles.
Sumergirse en redes sociales a través de distintos dispositivos es algo muy común. Es justamente esa facilidad la que genera el impulso de estar siempre conectados. Cuando se usan de forma impulsiva y compulsiva, provoca serios problemas de concentración, reducen el bienestar psicológico y la pérdida del autocontrol, que terminan en grave adicción que, su vez, puede derivar en falta de productividad en muchos ámbitos, e infelicidad que crea conflictos interpersonales, dando prioridad a la parte individual por encima del grupo social, lo cual termina por convertir a los usuarios en individuos molestos, solitarios e intolerantes.
No queremos decir que usar las redes sea malo. Pero hay que utilizarlas de manera consciente, escogiendo correctamente el contenido que deseas ver, reduciendo el tiempo de uso, planificándolo con antelación.
Puede parecer un poco difícil al principio, pero es necesario para empezar a salir del mundo virtual y disfrutar del real. También puedes restringir el uso de las redes durante ciertos días e, incluso, al hacerlo de manera temporal, podrás dedicar tiempo en cumplir otras tareas. Evita caer en el fenómeno del anonimato, lo ideal es utilizarlas con criterio y mucha responsabilidad aunque puedan llegar a ser muy entretenidas, no se recomiendan para escapar de la realidad.
La vida, fuera de las redes sociales, y los dispositivos móviles, puede llegar a ser más hermosa de lo que muchos piensan. Atrévete a salir, dar un paseo, tomar aire fresco y, sobre todo, interactuar con personas reales.
