Para empezar, anotaré que dialogar con Nicolás Nadal Gelabert es una tarea nada fácil y tampoco difícil, si se sabe el momento oportuno para “hacer un alto en el trabajo”. “Colau Nadal” es un paisano que lleva una vida en la que lo fundamental es el trabajo, luego ya vendrá lo que tenga que venir en el momento oportuno.
Me dirijo a su lugar de trabajo, que es el “Horno Juva”, sin ánimo de entorpecer su labor como panadero. Me atiende como mejor le parece, a pesar de que nuestros vínculos familiares sean en unas excelentes condiciones. Dejo que sea él quien, a su voluntad, me explique su vida laboral.

Él, como buen sabedor, es quien se explica como mejor proceda. Su vida laboral está dedicada a la artesanía de elaborar el pan, aparte de las ensaimadas y otros derivados de “Colau des Juva”, que son todo un manjar. En una palabra, todo un soberano maestro en la panadería. Sin ánimo de entorpecer su labor, mientras está preparando unas ensaimadas, me explica. Diré que el padre de “Colau” y mi padre eran hermanos, de la saga de los “Nadal”. En total eran diez, cuatro hombres y seis mujeres. Pero dejemos esto aparte, y que sea mi primo “Colau” quien se explique:
-Del matrimonio formado por Antonio Nadal y Francisca Gelabert, nacieron dos hijos: Antonio y yo, “Colau”, que nací el día 5 de septiembre, en la década de los años cincuenta. A la edad de 8 años, ingresé en el horno Juva, que se había inaugurado en el año 1956, como aprendiz con el gran panadero Alfonso. Todo un maestro en el arte de hornear. (El horno Juva, desde un principio, ha sido siempre de leña, que en Mallorca quedan actualmente como máximo una media docena con este sistema).
Me explica “Colau” que, desde un principio, me dediqué a cobrar las facturas que el Juva había servido a los hoteles de Cala Ratjada. El sueldo era de 1 peseta cada semana, luego, con el paso del tiempo (viviendo y aprendiendo), pasé a ganar 25 pesetas semanales, pero una semana, en vez de abonarme 25 pesetas, me abonaron 50 pts. Mi madre me dice: vete al dueño, que era l’amo Tomeu Juliá, y dile que se ha equivocado. Yo fui al propietario y le expliqué que se había equivocado, el dueño me dijo que no se había equivocado, que si me habían abonado 50 pesetas, era por el motivo de que me las merecía.

Y mi vida laboral ha sido siempre en un horno, haga frío o haga calor, siempre atendiendo a los clientes. Del Juva pasé a Ca’n Bloch, un gran pastelero suizo, luego en C’an Beca, en Artà, que iba en motocicleta, y en el Juva llevo ya muchos años, si te digo 20 son pocos. Cabe decir que el panadero de hoy es totalmente distinto del de antes, que recordamos a Walter Bloch o ca’n “Matamales” (que estaba ubicado en el Hotel Castellet), tenían que hacer la pasta manualmente, siendo ello un “revienta personas”.
Hoy se pasta con una máquina, lo cual supone un gran avance en este oficio, que en diez o quince minutos la pasta con la levadura y haber fermentado está lista para hornear.
-¿Cuándo te jubilarás, Colau?
-No, no pienso jubilarme, ¡¡para qué!!, para ir vagando de un sitio a otro y sin saber en qué matar el tiempo. Yo, en mi tiempo libre, tengo muchas actividades que llevar a cabo y no ir a buscar “coberbos”. Aquí, por lo menos, estoy a mi gusto, soy feliz y hago lo que he hecho siempre, de panadero y atender a los clientes. Colau es una persona muy dicharachera, pero a la hora de trabajar, no amante de que le molesten, fruto de esto es un panadero de primera magnitud, y no digamos de la elaboración de las ensaimadas, sean de cabello de ángel, de crema o lisas, elaboradas por un gran maestro artesano que, con decir: “son obra de Colau, des Juva”, sobran comentarios.
