En referencia a la consulta de la consulta popular
Capdepera anda un tanto revuelta. Dimes, diretes, opiniones de todo tipo, van copando los distintos estamentos vecinales de la localidad. Vamos a hablarles de algo que conecta con el ansia de conocer lo que piensa el vecindario a la hora de plasmarlo en la realidad reflejada en una mole tan carismática como es la Casa Consistorial, en mayúsculas, de toda la vida.
También resultó ser, la que sigue, una de las ideas que vecinos de ambos sexos enarbolaron a la hora de depositar su voto en la encuesta municipal. Pedían que se construyera una residencia municipal local para los mayores, como ya existe en otras localidades cercanas.
”Demasiado tarde – respondieron algunos – pues los “gabellins” ( así les llaman a los de Capdepera los “calarajaders”) no hace de ello mucho tiempo, contaron con dos preciadas ocasiones para poder tener una Residencia / Centro de Día. La población – recuerdan los más avezados a la actualidad de este pueblo – sus vecinos, se quedaron en casa en lugar de reivindicar aquello a lo que tenían derecho”.
Y nos lo cuentan, pies bajo la mesa y ante un suculento “pa amb oli” – por si lo olvidaron, dicen – ya que ellos estuvieron implicados, muy interesados, en el tema – unos a favor y otros en contra . ”Vamos a ilustrarles a Vds. sobre lo que pudo haber sido y no fue”, pontifican ellos. Y así se expresan ante nosotros dos:

CONVENTO
“Cuando en 1988, un señor llamado Gabriel Flaquer Terrasa, “de Son Pocapalla” que encabezaba una delegación local de Acción Social, junto con los presidentes de las asociaciones de la Tercera Edad del municipio; el cura-párroco Andreu Genovard; la superiora de las Religiosas Franciscanas; representantes del Ayuntamiento con el alcalde Juan Pascual al frente, además de otros colectivos de buena voluntad, se reunieron en diversas ocasiones para dar forma, crear una especie de Consorcio en pro de constituir una Residencia para ancianos de Capdepera, de carácter municipal, a ubicar en el Convento de Ca Ses Monges, cuando se contaba, todavía, con varias religiosas que confiaban quedarían en la institución para la asistencia a los futuros residentes, la ilusión de los “gabellins” fue extraordinaria, a pesar de que cierto mandatario local había dicho que los vetustos e históricos muros del Convento no guardaban ni tenían ningún valor patrimonial – confundiendo el sentido del proyecto en cuestión y a las personas que le escuchaban , obviando a los antepasados que tuvieron que verter sangre, sudor y lágrimas para erigir el enorme Casal conventual. La alegría y satisfacción para poder contar con una Residencia propia se desvaneció como agua de borrajas cuando, transcurrido un ciertos tiempo, las monjitas fueron destinadas a otros conventos de la Isla y la Congregación franciscana vendió el edificio a una inmobiliaria que jamás hizo algo allí ni nada construyó.
Finalmente, como es de dominio público, una empresa local (¡arrímate a capa que tenga pelo!) se hizo con el espacioso convento y reductos anejos y construyó el primer hotel urbano de Capdepera”.

De Residencia para ancianos, pues, nada de nada.
En un alarde de historicidad capdeperina, nuestros interlocutores (4 hombres, 2 mujeres, de Capdepera y dos parejas de Cala Rajada) mientras degustábamos café y unas hierbas dulces en un conocido bar del puerto), continuaron contándonos cosas. Que transcribimos, escuchando la grabación de nuestro móvil:
CA’N TASÀ-CA NOSTRA
__” Las personas mayores del pueblo volvieron a sentirse animadas, entusiasmadas mejor, cuando, en vida, de un empresario hotelero llamado Juan Moyá Massanet, conocido como “Tasà”, donó a la Asociación de la Tercera Edad “Ca Nostra” de Capdepera, la que fuera su vivienda familiar, en el carrer Ciutat, con la condición y finalidad de que en aquella casa se construyera una Residencia para la vejez. La dirección del Club de personas mayores colgó un cuadro con la figura de Juan Moyá en los salones de la entidad, en reconocimiento. Ocurrió que, mientras se debatía , a lo largo del tiempo, por parte de diferentes presidencias y directivas de “Ca Nostra”, la puesta en marcha de las obras que debían concluir en la realidad de la Residencia citada, una empresa foránea instaló en Font de Sa Cala un Geriátrico que abarcaba todas las especialidades de atención a las personas de diferente edad, que denominan “Residencia Domus-Vi”.

” ¿Por qué una Residencia en Ca’n Tasà, si ya tenemos la de Sa Cala?, exclamaban los más jóvenes asociados de “Ca Nostra” y ediles del consistorio de aquellos momentos. “Ojalá – respondían otros – podáis ir, si lo necesitáis, a Sa Cala. La Residencia de Ca’n Tasà sería municipal, nuestra”.
Ajenos a lo que tal vez, les aguarda en su etapa de senectud. Las controversias por la situación del sí o no iniciar las obras en Ca’n Tasà desembocó en la dimisión de cinco miembros de la Junta Directiva de “Ca Nostra”.
El asunto tomó otro cariz; el señor Moyá ya había fallecido, su cuadro retirado, el tema quedó en suspenso, mejor “suspense”, hasta la ascensión al poder del alcalde Rafael Fernández.”
El presidente y los miembros de la directiva restante accedieron a la venta de Can Tasà al Ayuntamiento, se firmó ante notario, sin que nunca la Asamblea de asociados de “Ca Nostra” pudiera expresar, al respecto, su opinión .
En honor a la verdad , toda vez que en Sa Cala, “teníamos” Residencia, las buenas relaciones de vecindad entre las familias Moyá Massanet y Fernández Mayol, propiciaron un buen entendimiento entre ambas que desembocó en que, donde debía existir una Residencia de ancianos, se construyera el anhelado Arxiu Municipal y, ya no digamos, el negociado de Urbanismo del Ajuntament de Capdepera”.
Por tanto, una vez más, de residencia para la vejez, “no flowers”!.

125.000 EUROS
La buena sintonía del presidente de “Ca Nostra” con las autoridades es total. Tanto es así que, con motivo de una reunión en el Teatre, grupos de mujeres que participan en diferentes disciplinas encuadradas en las actividades del Club, solicitaron al alcalde que: en base a los 125000 euros que Llabata y su directiva, en nombre de la Asociación, han percibido del Ayuntamiento en concepto de la venta de Ca’n Tasà, autorizase una reforma del local social de la plaza Constitución donde existen unas columnas que impiden el normal desenvolvimiento de dichas actividades, como asimismo pidieron al primer edil que mediara para poder realizar los socios/as ejercicios físicos en la piscina municipal.
El alcalde remitió a las peticionarias hacia la persona de Pedro Llabata, presidente de la entidad, para que éste redactara dos solicitudes dirigidas al Consistorio: Primera, poder concurrir a la piscina municipal y, segundo poder utilizar la sala polivalente del Teatre Municipal ( que no tiene columnas), en sustitución de las dependencias del Club, evidenciando así la primera autoridad el hecho de que no pretende eliminar del salón social los obstáculos que impiden poder bailar, danzar, hacer tai-txi, gimnasia o celebrar eventos.

”Y ahí sólo cabe una pregunta: ¿Cuenta “Ca Nostra” con los 125000 euros que le corresponden por la venta de Ca’n Tasà? ¡Hagan apuestas! Y no olvidéis que “Capdepera is different!”
Se levantan de la mesa nuestros interlocutores, unos con un semblante crispado y cariacontecido. Los otros, dando la impresión de habérselo pasado bien .
Gracias por la información.
