12 febrero 2026

    Cuando en Capdepera se hizo la luz 

    Nicolás Nadal

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    Nuestro municipio contó en el siglo pasado con su propia central eléctrica, que abastecía de electricidad a todo el mundo

    Hay momentos en la vida, que hay que satisfacer las exigencias de la «Vox Populi«. Con estas palabras, me refiero a que un cierto número de seguidores de mis colaboraciones en Faxdepera, al ver mi última nota  publicada en el referido semanario número 1006, con fecha del 10 de marzo, con el titulo de «Mi saludo y Mi despedida«, se han sorprendido de que yo deje de colaborar con mis Vivencias y otros temas. ¡¡Por favor «Colau«, sigue con tus escritos, que nos deleitan y nos traen viejos tiempos!!

    Y aquí estoy a petición de alguno de mis seguidores. Con temas de mis propias vivencias. Hay personas que con el paso de los años, guardan una memoria imborrable de tiempos pasados. Viejos recuerdos, me traen a mi memoria, de unos años de mi querida y amada Cala Ratjada

    Era un tiempo en que todos nos conocíamos y confraternizábamos en la sociedad tribal de lo que era una simple aldea  de pescadores. Eran los años de la cartilla de racionamiento. Quien se acuerda de aquella época, sabe que únicamente había tiendas de comestibles: «Ca l’amo Pere Antoni«, «Ca’n Xisquet«, «Can Fernández«, que paso a «Ca ses Putxes«, «Ca’n Bloch» o «Ca’s Sabater«. 

    Motor

    Era un época en la que había un trato muy personal entre el tendero y el cliente. Como eran tiempos de subsistencia y escasos recursos, el tendero iba anotando los productos de algunos clientes, lo cuales eran abonados en un plazo más o menos previsto y apalabrado. 

    No me pesa el mencionar, que mi familia, como otras del municipio, la Casa March les subvencionaba ciertos artículos de primera necesidad, como la carne en «Ca’n Bou» o en la de «l’amo Juan Barona», así como comestibles en alguna de las tiendas antes mencionadas. 

    Esto y muchas vicisitudes, hoy ya son historia del pasado. Traen a mi memoria de quien más o quien menos, nos desplazábamos a Palma por lo que fuera, pogamos por ejemplo comprar alguna herramienta en la ferretería de «Ca’n Grimald Blanc”, un gran almacén que existió en el principio de la calle Sindicat, entrando por la «Porta de Sant Antoni«. 

    Al desplazarnos de nuestros domicilios, dejábamos las puertas sin cerrar y a la vuelta, todo estaba tal y como lo habíamos dejado al partir. Cabe preguntar: ¿Sucedería hoy lo mismo?

    Restaurante Mallorquín

    Pondre un simple ejemplo: Mi padre, como patrón de un «bou» de arrastre, denominado Águila. Salía del puerto sobre las cinco de la tarde, y regresaba de nuevo sobre las tres de la madrugada, con gran captura de pescado. Mi madre, que iba a Capdepera a vender pescado junto a sus compañeras mado Eulália y mado Magina Rullán se levantaba sobre las dos y media de la madrugada para, a la llegada del referido bou, coger dos cajones de pescado, que el transportista, Agustín Esteva (epd) y Joan Guaita (epd) con un camión propio, transportaban el a la Lonja de Concentración de Pescado, de Palma. 

    El conductor, dejaba los dos cajones en Capdepera, en el lugar denominado: «Sa Creu«, que mi madre junto a su compañera irían a vender como pudieran. Ella se acostaba de nuevo hasta las seis para coger el camión correo de las seis y media, que conectaba con el tren de Artá. En «Sa Creu» de Capdepera, había los dos cajones, que el transportista había depositado. Nadie había tocado ni un solo pescado y todo estaba intacto. 

    Alternadora

    Cabe preguntarse: ¿Sucedería lo mismo hoy?

    Como era tiempo de escaseces, a trancas y barrancas vendía los dos cajones de pescado: uno de caramel, el conocido «xerret«, y otro de «morralla«. A veces lo tenían que cambiar con productos del campo, como si fuera el sistema de «trueque«. Además la venta del pescado estaba impuesta por el alcalde de aquel entonces, «l’amo Antoni Barona«

    Todo este preámbulo viene a cuento, que por aquel entonces, en la decada de los años cincuenta, confraternizábamos, con los  jóvenes locales, como por ejempo: Paco Terrasa (epd), Juan Fuster Lareu (epd), Jaume Vallori (epd). 

    Familia Nadal al completo

    En aquellos tiempos, había una fémina, que sería con el paso del tiempo, la esposa de Paco Terrasa, y ella es Adelaida Villiger, hija de don Juan Villiger, un ciudadano suizo que instaló la primera central eléctrica en Capdepera. 

    Dando un giro de 180º a esta informacion, me ocupare de aquella niña, Adelaida, hoy una mujer de 84 años.

    Adelaida, era como decíamos, hija de Juan Villiger, un ciudadano de Suiza. En el año 1918, montó una central electrica, que estuvo en un principio ubicada en Capdepera, en «Ca’n Guillem Reus«, concretamente en es carrer «Des Llum«, precisamente por este motivo, la calle se denominó tal y como anoto,  para después denominarse Guillem Timoner (pero esto ya sería un tema que no me incumbe). 

    Fuese por lo que fuese (tampoco lo he podido aclarar), los motores se trasladaron a Cala Ratjada, en donde hoy está ubicado el local de ocio nocturno La Santa, pero con aterioridad a este local, estuvo el Restaurante «Mallorquí«.

     Una vez en Cala Ratjada,  se unió Juan Villiger se unió don Jose Llinás, y Pep Ruiz, luego «l’amo Tessa Calletes«, y Jose Terrasa «Pep Cirera«, que montaron la primera central del municipio, precisamente se denominó «Electra«, con un gran número de industrias.

    Cabe mencionar que había un gran taller mecánico, una carpintería y una fábrica de hielo, que servía a la flota pesquera del puerto. Todo funcionó  hasta la llegada de la Central de Alcúdia en la década de los años cincuenta.

    Del matrimonio de Juan Villiger y su esposa Teresa, nacieron dos hijas: Adelaida y Marilin (epd). 

    La mayor, Adelaida nació el día dos de febrero del año 1938. De joven se fue a Suiza, en concreto a la ciudad de Lucerna, donde tenía a su familia, para aprender el idioma alemán. 

    Al regresar a Cala Ratjada, y a través de los años, se casó con Francisco Terrasa, de cúyo matrimonio nacieron: Teresa, Margarita y José

    Adelaida Villiger

    Hablando del padre de Adelaida, Juan Villiger, con la Central pasó verdaderas penurias. Disponía de dos motores que funcionaban con el sistema de gas pobre, o sea con gasogeno,  y el servicio eléctrico funcionaba desde las 18 hasta las 23,30 horas, momento en que se apagaba hasta el día siguiente. Cosa curiosa, es que los sábados y domingos, por atender al cine de Capdepera, los «machetes» de la «Electra» por la fuerte demanda del fluido se recalentaban y, antes de que se produjera un apagón general, el señor Villiger, con un simple abanico los enfriaba. 

    Las neveras o frigoríficos, las radios y demás electrodomésticos, no funcionaban sin fluído eléctrico. 

    El señor Villiger, era un saco de bondad, típico de los súbditos suizos, muy habilidoso en sus tareas y solía decir: «Es poble me demana llum i sa moixa me demana llet«. 

    Al jubilarse, con la llegada de la corriente de Alcudia, él se cuidaba de los transformadores ubicados en las cercanías de Artá. En su vida, fue un paisano que confraternizaba con cualquiera que le pidiera algún consejo, además un paisano muy culto.

    Y como en la vida hay que ser prudentes y no causar las molestias que se pudieran ocasionar, aquí pongo el punto final a la entrevista que mantuve con Adelaida, más conocida y popular «Mayte«.

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