12 febrero 2026

    “El hombre más misterioso del mundo y su benefactora esposa”, según relato de Pere Ferrer

    Dins l’Ona dels Records Paula Valls

    Relacionado

    Comparte

    De nuestras recopilaciones relacionadas con el municipio de Capdepera que, en el transcurso del tiempo han ido llegando al archivo que tutelamos: “Ona dels records”, hemos escogido hoy la que sigue, cogiendo como referencia lo que cuenta Pere Ferrer en su obra” El hombre más misterioso del mundo”.  Resumimos, por no alargarnos en demasía: 

    ” Un estigma en la vida del “hombre más misterioso del mundo” (mallorquín, por más señas). En una villa perdida de una isla del Mediterráneo occidental, germinaba una pasión amorosa en el corazón de la esposa de aquel hombre misterioso, una viva inclinación hacia el joven R.G., de quien se había enamorado. Un hombre guapo, mujeriego y seductor. Pero, cuando el enamoramiento no es correspondido es como la carcoma que roe las partes del cuerpo más sensibles. Ella, desde su destacado enclave de la colina de aquella villa junto al mar balear, en una sus cartas le juraba a él que siempre lo tenía presente en su pensamiento. Mientras que las relaciones matrimoniales de aquella familia prócer tenían un carácter simplemente formal, la esposa estaba pendiente de los hijos de ambos, la señora era aficionada al “parchís”, jugaba con amigas, parientes o mujeres del servicio. 

    No soportaba perder, y las demás jugadoras, que lo sabían, procuraban no contrariarla; por este motivo convenía dejarla ganar, no fuera cosa que se enfadara. Era una forma de no aburrirse, mientras esperaba las epístolas o el regreso del amado”. 

    ”El hombre más misterioso del mundo” comenzó a sospechar que su mujer le era infiel. En una carta posterior, la esposa alertaba a R.G. de que su sirvienta podría haberse ido eventualmente de la lengua y contarle a su marido las relaciones amorosas que ambos sostenían. 

    Se trataba de un socio del marido en negocios de tabaco que compartían. El 29 de septiembre de 1916 R.G. se desplazó a Valencia por negocios, tomó el tranvía que llevaba al puerto, lugar de encuentro con los negociantes. Cuando llegó a la última parada, bajó y se encaminó a buen paso hacia aquel lugar. No era seguro transitar por aquel camino, sobre todo de noche. 

    SOCIOS, EN 1916, DE R.G.

    R.G. iba impecablemente vestido, era un dandi, llevaba un traje oscuro, una camisa color azul claro y una corbata de seda. Calzaba zapatos de charol y en la muñeca lucía un reloj de oro. No era una indumentaria apropiada para caminar por aquella zona, donde las tierras estaban sembradas de maíz”.

    ”Tres hombres que permanecían ocultos entre el sembrado salieron a su encuentro. No se espantó porque los conocía. Pero, inesperadamente, lo que debía ser una sosegada conversación de negocios se transformó en una brutal agresión. Le clavaron 17 puñaladas, querían asegurarse de que R.G. no sobreviviera. 

    El guardia de la garita de la estación oyó el ruido y al llegar al lugar de los hechos solamente encontró al hombre herido que musitó: ”¡Malos amigos!” y dejó de existir. 

    Horas después de haberse cometido el asesinato el “hombre misterioso” fue informado del siniestro. Éste ordenó el traslado a la isla del difunto, cuyo féretro fue recibido en Palma por la plana mayor de las autoridades de Baleares rindiéndole solemne funeral y entierro.

    Todos los gastos del sepelio y traslado los pagó el potentado, el ambiente estaba enrarecido pues R.G. era muy estimado y los gritos de “¡Asesino, asesino!” se oyeron por doquier al llegar la comitiva al templo religioso”.

    ”Al recibir, la amante del asesinado, esposa del  “hombre más misterioso del mundo”, el señor M.O, la noticia de la muerte de R.G., sintió una punzada de dolor y su rostro empalideció de tal manera que la persona que acababa de revelárselo creyó que iba a desvanecerse. 

    TRABAJADORES ASALARIADOS DEL HOMBRE MISTERIOSO

    No fue así, sino que ella desplegó toda su fuerza física, la que le quedaba, para no desplomarse. Doña E., la que fuera en lo sucesivo benefactora y dadivosa persona, se aferró a la barandilla y subió los peldaños de la escalera como si las piernas le pesaran como plomo, de golpe, había perdido la gracia y levedad de una mujer joven. 

    Cuando atravesó el umbral de la habitación, la puerta se cerró con un golpe seco y se oyó girar la llave. Desde aquel día nadie supo nada del drama de una enamorada”.

    Dos años después del asesinato, se celebró el juicio en los juzgados de Valencia. Solamente dos de los cuatro imputados se sentaron en el banquillo de los acusados y ambos fueron absueltos por falta de pruebas. 

    La justicia nunca declaró a nadie culpable de la muerte de R.G. En consecuencia, ni el inductor o inductores ni los asesinos pagaron por este crimen.

    spot_img