Explicaba en el texto anterior mis vivencias en Cartagena, en el Cuartel de Instrucción de Marinería, donde tenía que estar los tres meses, siendo lo que dura el período de Instrucción, pero por lo que fuera, me tuve que quedar en Cartagena desde julio del año 1959 hasta diciembre del mismo año (medio año).
Fue el 10 de diciembre por la tarde, una vez dados los destinos, embarcamos los destinados a Baleares con el cañonero Pizarro. Cargamos unos sacos de patatas, teniendo que buscar un lugar para pasar la noche en la travesía, ya que no formaba parte de la dotación y no tenía un coy asignado, hasta el puerto de Porto Pi. El estado de la mar era muy bonancible, pero en el otoño suelen formarse algunas tormentas, que por la noche nos topamos con unos chubascos y trompas, que la artillería del Pizarro tuvo que hacer algunos disparos para eliminar estos fenómenos meteorológicos. Solo sentimos algunas andanadas del buque, pero de muy poca importancia.
Llegamos a la zona militar de Porto Pi, donde fuimos alojados en unos barracones, a la espera de que nos dieran los destinos. Estuve allí dos días, y una mañana viene un Alférez de navío, don Jacinto Billón Estelrich, quien había oído que me expresaba en mallorquín con mi compañero Bartolomé Morey Melis. El señor Billón se acercó a mí y me dijo textualmente:
– Marino, ¿quieres ser mi asistente?
Le pregunté: ¿En qué consiste esto? Él me dijo: Mañana, te diriges a la calle Hermanos Barberá, núm. 17 de Palma, y estarás a las órdenes de mi esposa.
En Palma, de la residencia en un domicilio del primo de mi padre: Andrés Nadal Sancho, que era el Jefe de proyecciones de la Sala Born, y sería mi residencia en la Capital Balear. (Era considerado “franco de ría”, o sea, rebajado de comida en la base). Me dirigí en la dirección que me había indicado el señor Billón; serían las 09:00 de la mañana. Llamé a la puerta, me salió una señora, de nombre Antonia Ginard, le expliqué que su marido me había solicitado que fuera su asistente. Le hice mi presentación, que era natural de Capdepera. Ella me dijo: ¿Has desayunado? Pues entra y tomaremos algo. Me explicó que, como era de la otra punta de la isla, mi trabajo consistiría en ir los sábados al Mercado del Olivar, hacerle la compra de la semana, entregársela en su domicilio y marcharme a Capdepera. Si entre la semana le faltara algún artículo, ella misma iría a alguna tienda cercana a su domicilio para su adquisición. Tuve que darle un número de teléfono cercano a mi casa, por si hubiera alguna novedad. Además, debía hacer acto de presencia en la Base Naval de Baleares, en el Paseo Sagrera de Palma. Al mediodía, cuando llegaba a su casa don Jacinto Billón y preguntaba por mí, su esposa le decía que ya había cumplido la misión y me había ido. (La verdad es que estaba yo en Cala Ratjada).
Iba a Palma los sábados por la mañana, alrededor de las 03:00 a.m., con el transportista de pescado Juan Güaita y Agustín Esteva, que transportaban a la Lonja de Concentración de pescado de Palma. A las 09:00 a.m. ya estaba en el puesto del Mercado del Olivar, para hacer la compra a la señora de don Jacinto Billón; luego me dirigía al Bar Mercantil de Jaume Matas, en la calle Arturo Rizzi (que era el punto de encuentro de los transportistas de pescado), esperando para regresar de nuevo a Cala Ratjada.
Así estuve por espacio de un año yendo y viniendo los sábados con el transportista de pescado, pero siempre hay alguna novedad. Sucedió que un marino de la Base Naval cogía un taxi, al taxista le daba una dirección falsa; cuando estaban en un descampado, le exigía que le diera la recaudación. Este suceso llegó a una denuncia al Comandante de Marina, quien dio la orden de que todos los marinos fueran a pasar revista en sus respectivas dependencias. (La señora de Billón me dio el aviso una tarde de que ya no había servicio de autocares para Palma, pero logré contactar con el electricista de Casa March de Eléctrica Ramblas, quien accedió a llevarme en su auto al destino en Palma). Así que me tuve que trasladar a la capital balear, viviendo en el domicilio de un familiar mío, tío Andrés, el resto que me quedaba para cumplir el Servicio Militar. Y hasta aquí el espacio que me tiene asignado Faxdepera.
Nicolás Nadal
