Capdepera vivió este miércoles una de esas mañanas que quedan grabadas en la memoria colectiva. Sin previo aviso, una intensa granizada sorprendió a primera hora y transformó el paisaje habitual del municipio en una estampa completamente invernal. Calles, rotondas, plazas y hasta instalaciones deportivas como Es Figueral aparecieron cubiertas por una gruesa capa de hielo que, a simple vista, muchos confundieron con nieve. No es de extrañar: el comentario más repetido en redes y conversaciones fue precisamente «ha nevado en Capdepera».
La precipitación, que cayó con fuerza durante unos minutos, dejó imágenes poco habituales en esta zona del Llevant. A pesar de que técnicamente no se trató de nieve, el debate —¿nieve o granizo?— se encendió con rapidez entre vecinos y curiosos. Pero más allá de la discusión meteorológica, la realidad es que el municipio disfrutó de un fenómeno extraordinario, un pequeño «regalo» de la naturaleza que animó un día cualquiera de finales de noviembre.
El episodio estuvo acompañado de temperaturas especialmente bajas y un ambiente húmedo que favoreció que el granizo permaneciera en el suelo durante un buen rato antes de empezar a derretirse. Desde primera hora, la caída de hielo obligó a muchos conductores a extremar la precaución, e incluso a verter agua sobre los parabrisas para poder poner en marcha sus vehículos. En algunas vías del Llevant, la acumulación de hielo ralentizó la circulación.
Capdepera, Artà y Son Servera fueron las zonas más afectadas por este episodio inusual, que convirtió por unas horas el paisaje en una postal blanca digna de pleno invierno. A medida que avanzó la mañana y el sol ganó presencia, el hielo comenzó a desaparecer, dejando paso a la normalidad… pero también a un buen número de fotografías y vídeos que ya forman parte de la anécdota meteorológica del año.
Un fenómeno breve, inesperado y celebrado, que recordó que, a veces, incluso los días más rutinarios pueden sorprender.






