Tras el invierno, llega la primavera y los trigales, al sentir el beso de las auras tibias del mes de mayo abren sus cañas y brotan las espigas que llenan las sementeras en promesa de ubérrima cosecha. Así nuestro pueblo, al sentirse libre de las incursiones de los piratas, su mortal pesadilla durante varias centurias y causa de una reclusión dentro las murallas, salió del castillo desparramándose por la falda del monte y ocupando ambas vertientes del collado. Esta nueva situación cambió por completo las posibilidades de la antigua capilla que resultaba pequeña a pesar de sus dos ampliaciones y, además, incómoda para subir a ella, principalmente los ancianos y achacosos. Por momentos se hacía más urgente arbitrar una solución definitiva a este serio problema que gravitaba sobre la responsabilidad de los directores de este pueblo. Por ello, se pensó en construir un nuevo Templo de amplias dimensiones y en lugar cómodo para toda la villa.
No era cosa fácil construir un templo de las dimensiones y de la solidez de nuestra parroquia, grande era la tarea que el pueblo acometía y más contando desde el principio con cierta oposición de la villa de Artá que tenía en plena actividad la construcción de la iglesia de Sant Salvador y no juzgaba oportuno distraer esfuerzos para ayudar a su sufragánea de Capdepera. El Rdo. Sr. Vicario de ésta, haciéndose cargo de las dificultades que se opondrían a la realización de la gran obra, procuróse la cooperación del Ayuntamiento que la prometió desinteresada y leal, nombrando al regidor decano como representante suyo en la Junta de Obras y cediendo a beneficio de éstas algunos arbitrios municipales y buscando otras colaboraciones eficaces como la del Rdo. Padre Miguel Ferrer, religioso trinitario exclaustrado, de cuyos donativos se hace mención en el Libro de Cuentas parroquial y que los historiadores señalan con las siguientes elogiosas palabras: ”Al celo infatigable de D. Miguel Ferrer, Presbítero exclaustrado, debe este pueblo el ver construída su iglesia en tan poco tiempo. La iglesia de Capdepera brotó al calor del desprendido celo de un anciano extrinitario” (A. Furió y P. Piferrer y Cuadrado).
A pesar de estas aportaciones era mucho lo que faltaba y era el pueblo abnegado y voluntarioso quien debía afrontar el peso principal. Se mandó hacer un presupuesto de nuestro templo a base de pagar, únicamente, los maestros y directores técnicos y a condición de que los feligreses aportaran gratuitamente todo el esfuerzo necesario. El presupuesto ascendió, según documento que se guarda en Secretaría Episcopal, a 40.000 reales de vellón ( 10.000 pesetas) , cantidad considerable para aquellos tiempos, pero a todas luces insuficiente para una obra de tal magnitud.
Si Jesucristo aseguró que quien tuviera fe apartaría las montañas, nuestro pueblo tenía fe y amor; y al conjuro de estas dos virtudes surgió el milagro. Hasta la bendición del nuevo templo los gastos ascendían, únicamente, a 2.293 libras ( unas 7.600 pesetas) .¿Cómo pudo ser esto? La tradición cuenta qué, a una señal convenida, las mujeres tomaban el cántaro e iban a por agua, que los jóvenes, principalmente en la noche del sábado al domingo,– durante el cual podían después descansar – en un carro de yunta propiedad de “Ca’n Beato de s’enfront”, acarreaban materiales, los hombres acudían al molino de yeso, al horno de cal, a la cantera, a las obras, sin que hubiera trabajo o necesidad que no quedara atendida, por el fervor y entusiasmo de nuestros antepasados. Y así, al calor de esta voluntad enardecida y acertadamente orientada, surgió en diez años el esbelto templo que hoy nos cobija, prueba palpable y convincente del poder de un pueblo puesto al servicio de un ideal.
Fechas principales.- Previo permiso del Rdmo. Dr. D. Antonio Pérez de Hirias, Obispo de Mallorca, en abril de 1829, empezaron las obras preliminares y el 6 de agosto de 1830, el Rdo. D. Miguel Ferrer, extrinitario, bendijo la primera piedra. Al principio, se edificó, todos a una, el templo; después se limitaron a adelantar la mitad para terminarla cuánto antes y poder ya bajar el culto desde el Castillo. Los arcos que dividen las bóvedas y éstas mismas se cerraron en las fechas siguientes: 1ª bóveda.- 1º de diciembre de 1835. 2ª: 31 marzo 1836. 3ª: 1º mayo 1836. Bendición de la primera mitad del templo y traslado del Santísimo Sacramento desde la capilla del Castillo a la nueva iglesia:24 de agosto de 1836. Cierre de la cuarta bóveda: 28 marzo 1840; 5ª bóveda; 6 julio 1840; 6ª bóveda: 23 julio 1840.
Bendición de toda la nueva iglesia: 24 de agosto de 1840. Se escribieron dos Actas con motivo de colocar la última piedra y de la bendición descrita, las cuáles reflejan con exactitud la alegría y emoción de nuestros padres y abuelos, en aquellos momentos.
Acta imposición última llave.- El 23 de julio de 1840 – con la asistencia de Dios – se puso la última llave de la bóveda de la iglesia que es la segunda nevada de la entrada. Fue grandísima la alegría del pueblo, puesto que grandes eran sus deseos. Para este acto de tanta ternura, gozo y alegría para los moradores de esta villa, se dignó venir desde Artá, a pesar de ser un día malo por sus nublados, vientos excesivos y muchísimo polvo levantado, el M. I. Sr. D. Guillermo Dezcallar, Canónigo de la Santa Iglesia, a fin de solemnizar este entrañable acto. La llave se puso a las cinco y cuarto de la tarde, en presencia de las autoridades locales con su Alcalde, clero parroquial, obreros y vecinos, jóvenes y mayores, derramando emoción, dándose unos a otros la felicitación por ello, tal era el entusiasmo del pueblo de Capdepera. Un repique de campanas y solemne Tedeum, con mucha iluminación, nombrando al Sr. Canónigo protector del templo, por aclamación popular. (Acta redactada y rubricada por el Vicario Bartolomé Sureda) .
Sobre el Acta de bendición y nombramiento de Patrón de la localidad les hablaremos en próximas ediciones. Sigan leyéndonos. ///.
Fotos: La Iglesia, en el centro del pueblo/ Miquel Ferrer, trinitario / Otra imagen de la Parroquia.
