Cuando se estaban planificando, allá por el año de 1966 del pasado siglo, los viales con la pertinente parcelación de terrenos de lo que sería la futura urbanización de Cala Torta, por diversas circunstancias no se pudo finalizar, pese a los esfuerzos de sus promotores: la familia Alzina Ferragut, la de los armadores del primer buque que realizó la travesía Cala Rajada-Ciudadela, y viceversa, durante años, denominado “Menorca” o cuando se estaba construyendo la que más tarde sería denominada “Mansión de Ses Pedreres”, en cuyo sector manaban aguas subterráneas que, concretamente, en el transcurso de la alcaldía de Jerónimo Flaquer Melis (a) Cabriel, a punto estuvieron de suministrar, mediante las pertinentes canalizaciones, el agua potable a Capdepera y, asimismo, abundando en el recordatorio, los manantiales de agua de “Es Carregador” y “Na Taconera”, como – lo más probable – muchos otros que, en estos momentos se podrían enumerar. El municipio “gabellí” contaba con personas como Clemente Alzina, Pere Miquel Mayol o Joan Juan “Funtillo” (los que más recuerdan quienes nos facilitan la información) que, en su calidad de zahoríes, contaban en su corpulencia física con unas propiedades (algunos decían de ellos que eran de tipo eléctrico) que les daban la posibilidad de encontrar agua en el subsuelo de los terrenos que, por uno u otro motivo, serían objeto de perforaciones para la ejecución de los proyectos que sus propietarios albergaran. Concretamente los hoteles de (“P”) “Pontinental Española”, los primeros de Cala Mesquida, contaron con agua subterránea que les habían indicado, con toda seguridad, los zahoríes mallorquines.
A eso se le llama el “método zahorí”, una actividad que, actualmente, utilizan los radiestesistas para ubicar pozos de agua subterránea que se puedan explotar para su uso. Lo que utilizaban estas personas descritas anteriormente eran elementos sencillos, como dos varillas metálicas, una vara de madera o un péndulo para, supuestamente, detectar la existencia de flujos magnéticos, corrientes de agua, vetas de minerales, lagos subterráneos, etc. a cualquier profundidad. Estos hombres, los zahoríes, sustentan la eficacia de la técnica en razones psicológicas y los movimientos de los instrumentos; incluso si la vara la sostiene persona alguna que no cuente con este magnetismo y lo abraza, cogiéndolo por las muñecas, el zahorí, aunque sorprenda, la vara cumple con su cometido al transmitirle este último, al primero, este efecto personal. El “método zahorí” es una pseudociencia, no existe ninguna evidencia científica que demuestre que sea más efectivo que una adivinación al azar.

El proceso de “buscar agua” es el siguiente: El zahorí recorre lentamente el terreno que se va a estudiar, con las varillas, péndulo o rama en las manos en posición de trabajo. Se mantienen los brazos estirados hacia adelante y la herramienta en posición horizontal. En diferentes puntos del recorrido, la herramienta se moverá, hacia abajo, de forma espontánea. El zahorí tiene en cuenta estas señales de movimientos hasta que se sitúa en el lugar del terreno que considera más adecuado, dando comienzo a la localización de la corriente de agua subterránea. Desde el punto elegido, la persona camina en línea recta hasta que, en un momento del recorrido, la rama o varilla realiza la señal de nuevo. En ese lugar se coloca una marca en el suelo. Continúa caminando en la misma dirección hasta que el péndulo o vara vuelven a anotar presencia del líquido elemento. Otra señal en el suelo.
Avanzando, aproximadamente, un metro, el zahorí gira 180º y con la herramienta en posición vuelve a pasar sobre el mismo punto, pero en sentido inverso por lo que al caminar en sentido contrario no se efectúan señales. Se repite la operación varias veces en otra zona del terreno, con análogo procedimiento y señalizando los lugares en donde la vara indica la existencia de agua. Una vez realizado este proceso – claro que se trata de un trabajo que habría que visionar “in situ” para calibrar o explicar lo escrito hasta aquí – el zahorí se considera en condiciones de afirmar que existe una corriente de agua en dicho lugar, situada en la vertical desde el primer punto señalado, zona que corresponde a la anchura de la corriente detectada.
Las horquillas de madera son la rama de un árbol, generalmente en forma de “Y” para mejor funcionamiento. Generalmente se unen ramas de un mango, pudiendo determinar la localización de agua. Ha habido quien ha probado este sistema para encontrar objetos perdidos o de valor. Se ha usado este procedimiento para detectar bloqueos energéticos en personas, o definir la ubicación de radiaciones nocivas en casas.
Los péndulos son instrumentos de conocimiento que funcionan independientemente de las características físicas, por lo que pueden ser construidos con cualquier material. Si hacemos una medición de un campo magnético, estando parados y con cierta orientación, obtendremos una lectura, y si cambiamos nuestra orientación y repetimos la medición, la lectura será distinta.
Curiosidades, en fin….
