No sabemos sí usted querido lector tuvo, o ha tenido, la oportunidad de ver o escuchar el último pleno ordinario del Ayuntamiento, del que ya dimos cuenta en nuestra última edición.
Aparte de los temas habidos y por haber, algo que llamó mucho la atención durante uno de los recesos y a la conclusión de la sesión, la cual no olvidemos que duró cuatro horas y media (desde las 19 hasta las 23.30 horas) fueron las palabras que hubo entre los regidores de formaciones distintas en torno a las formas y protocolos seguidos. En concreto contra el ex alcalde Rafel Fernández, a quien se le recriminó que durante su turno de palabra fue excesivamente agresivo en sus intervenciones, llegando, según algunos, a pasar algunas líneas protocolarias que nunca deberían sobrepasarse.
Algunos trapos sucios hay que lavarlos en casa y no en público y eso es lo que se le comentó a Fernández, que a modo de ver del PP y Més se sobrepasó a la hora de hacer algunos comentarios, los cuales consideran que hubiera sido mejor realizarlos en una comisión informativa y no en público.
Durante el pleno se vivieron momentos de tensión, poniendo en la palestra a funcionarios y trabajadores públicos, de aquí la discrepancia a la hora de tratar los asuntos que tanto el equipo de gobierno como Més per Capdepera mostraron con Fernández.
Esta situación, en la que todos los partidos tienen el mismo derecho (aunque no hay que olvidar que quien gobierna ahora es el PP) no es beneficiosa para el municipio. El juego político lleva a estas cosas, pero el bienestar y la tranquilidad del municipio deben estar en todo momento por encima de los personalismos.
Recién acabamos de empezar la legislatura y consideramos necesaria una cierta paz social (política) a la hora de hacer las cosas.
La situación no es agradable para ninguno de los tres partidos politicos mayoritarios. Si desde nuestro punto de vista hay alguno que tenga una posición más cómoda, que no mejor, es Més, quien sabe que tiene en su mano la llave para derivar el Ayuntamiento hacia un lado o hacia otro. De momento, se les ve muy tranquilos a sabiendas de que ellos dependen de sí mismos.
Mireia Ferrer y su equipo intentan desarrollar sus funciones de gobierno siendo muy conscientes de que no dependen de ellos mismos, si bien es cierto que cada día que pasa es un logro para ellos.
En cambio, el PSIB parece que todavía no se ha hecho a la idea de que ya no gobierna, está enojado y se le ve muy duro en las formas (algo que posiblemente no sea lo que más necesite el municipio). Es posible que por eso algunos regidores les mostraran su desacuerdo con la actitud mostrada en algunos momentos, en concreto al ex alcalde.
No es fácil para ninguno de los tres partidos. Esperamos que a medida que transcurra el tiempo las cosas se vayan suavizando y Capdepera goce de un cierto clima de tranquilidad política que permita recobrar la tranquilidad en el seno del ayuntamiento; que falta nos hace.
