Me refiero a cascadas de agua, como la de Es torrent de na Maians o el salto de agua del Molí de S’Alzinar. ¿Dónde fue a parar todo ello? ¿Por qué la naturaleza nos priva de tales espectáculos y nos castiga con terrenos áridos, exentos de lluvia? Y siempre la misma respuesta: ¡Algo habremos hecho mal!
El de Na Maians, que recoge el caudal del torrente de Es Racó y el del Millac; el de S’Alzinar que transcurre por el borde de la carretera entre Artá y Capdepera, que circunda el bellísimo paisaje que reúne Sa Farinera y fluye por su cauce en años lluviosos, no como el de hogaño, una voluminosa cantidad de agua,
Y, por añadidura, el caudal de Na Maians, al llegar a las cercanías en que su nivel acuoso se convierte en cascada, aún resulta notablemente engrosado por las aportaciones de Sa Font de Na Mateva y de los Aubellons de Sa Clova, ahora mismo secos de solemnidad. ¡Una lágrima cayó en su seno!
Estos aubellons (tijeras, zanjas subterráneas, desagües o como lo quieran llamar, porque no acierto a hallar la exacta correspondencia en castellano), alimentan el embalse del Molí de S’Alzinar, envueltos ahora (embalse y molino) en la romántica hermosura y punzante tristeza de las cosas abandonadas.
Después de la composición del lugar, se impone lógicamente, la descripción de la cascada. Es la parte más comprometida de este artículo. El torrente a vista antiguamente de Es Molí de S’Alzinar, cubierto, escondido por el vial de circulación que años ha transcurría a la vera de aquel lugar, se precipita por una larga gradería de peñascales.


El aldeano que me acompaña me dice casi literalmente así, en su pintoresco lenguaje: «El agua baja saltando de escalón en escalón y al llegar a la hoya, al charco de abajo, va toda ella desparramada”. Advierto a mis lectores que difícilmente yo diré algo mejor que mi avispado acompañante.
Bien, pues, el torrente toma la quebrada rampa. Y se vuelve loco por la prisa y juega dando tumbos, saltando y danzando, y desmoronándose por los abruptos peldaños. Y la corriente, en su trepidante entusiasmo, se transfigura. Si antes iba vestida de azul y de la vegetación de sus márgenes, ahora, al descolgarse por la escalinata rupestre, se envuelve en blanca espuma, en canto y risas.
Nuestra cascada no es más que un ensayo (eso sí, bastante logrado) de cascada y no puede compararse con las de Tibur, a las que Costa y Llobera dedicó unos versos lapidarios.
Sin que yo pueda impedirlo, estos versos se agolpan a mi lengua: “Salten rugint a l’esglaiat abisme / formes incertes de vivent escuma / nàiades folles de furor poètic/ ploren i riuen “.
Y lo que sigue. ¿Recordáis los poemas “La cascada de Lutour” de Maragall y “Les cascades” de Guillem Colom? Son muy aptas para ser leídas ante nuestra cascada.
Con todo, las palabras, ni siquiera las más eficaces, pueden declarar el embrujo del Salt d’aigua d’Es Molí de S’Alzinar.
Id y ved…cuando Dios nos dé la tan anhelada y abundante lluvia. No leáis, no discurráis. Solamente, contemplad. Os emborracharéis de poesía pura.
