Hay pequeños protagonistas en una localidad, que no siempre reciben el homenaje que se merecen. Así pues con el paso de los años, nuestras puertas han ido perdiendo prácticamente un elemento que las singularizan por espacio de muchos años, en algunas localidades quizás siglos. Es simplemente “la gatera” “Es Forat de’s Moix”.
Prácticamente no todo el mundo los conoce. Estos agujeros circulares que se practicaban en la parte baja de las puertas, a fin que el gato de la casa pudiera entrar y salir cómodamente y caminar a sus anchas, sin tener que esperar a que alguien del inmueble le abriera la puerta. Hoy en día, en Cala Ratjada, estos agujeros en las puertas, ya no existen
“Es Forat de’s Moix” jugó un papel decisivo en el imaginario y las leyendas. Son muchas las historias de personas que, al llegar las horas sombrías de la noche, se transmutaban en gato negro. Y salían de la casa por la gatera para hacer sus pendencias. Hasta que, poco antes del amanecer, regresaba sigilosamente y se volvían a introducir en la casa.
“Es Forat de’s Moix” era una señal de que en la mansión vivía un gato, al menos. Y suponía la integración absoluta de esos animales en la cotidianidad urbana. En la época en que sólo los gatos controlaban las plagas de ratas y ratones, y eran por lo tanto necesarios.
Los griegos, que no empleaban a estos animales domésticos, a veces introducían serpientes en las casas para que hicieran igual servicio.
Sin embargo, las viviendas actuales obvian por completo la presencia de animales. A ningún constructor se le ocurriría diseñar una puerta con un agujero para “es moixet”. Es algo que ya ha pasado a la historia.
Uno, que es contemplador de puertas empedernido, va buscando con avidez esas gateras. Y la verdad, es que me cuesta mucho poder encontrarlas.
En cierto modo, el agujero del gato podía servir también de coladero para ratas y otros bichos indeseables. Por lo que cuando el “moix” se había jubilado, se cubría el agujero con una madera. Esto significaba una especie de aviso: “gato vacante”.
