16 febrero 2026

    El final de la aventura… O no. Colofón  

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    En la explanada que hay en el puerto, y frente a los astilleros y a la Lonja del Pescado, sentado en un pequeño taburete con asiento de rafia, se hallaba es patró Tomeu Mollera. Estaba preparando unos palangres  para la pesca del día siguiente; palangres que serían lanzados al mar por la tripulación del “Cisne”, una barca de “bou”, o trainera, con base en Cala Rajada. Por el suelo, se extendían redes. Toni “Coret”, nuestro protagonista de esta ya larga serie, con el fin de calmarse los nervios ante la propuesta inmoral de don B. V. y S., decidió dar por el muelle un paseo antes de regresar a sus aposentos. Se dirigía al Bar Marítimo, situado sobre el mismo puerto, mirando al suelo, tratando de no pisar las redes expuestas para secar cuando, al alzar la vista, vio a “l’amo en Tomeu”, y se paró para saludarle. 

    Había sido un buen amigo de su padre cuando éste ejercía de maestro en el  pueblo. Alzó la vista el viejo patrón, sin dejar de enrollar los palangres cuyos anzuelos ya estaban cebados, cada uno con su correspondiente trozo de alacha. Dejó el sedal y alzó la mano plana a unos tres palmos del suelo como indicando que lo recordaba desde muy niño. Toni sonreía al patrón a quien apreciaba.

    Ya sé que has venido, por fin, para quedarte – le dijo el patrón a “Coret” – y te deseo toda la suerte del mundo, hijo mío, ya que creo que la vas a necesitar. Hay algo que quiero decirte: No soy tu padre, aunque te llame hijo, pero sé que el tuyo obraría como ahora lo hago yo. No veas en mis palabras una intromisión malsana en tus cosas, aunque ello me afecte por la gran amistad que tuve con tu padre. Es por ello que quiero darte un consejo: Has tenido siempre, Toni, fama de mujeriego y aunque eso puede no ser una mala cosa sí que, a veces, es un inconveniente. Las malas noticias vuelan y algo me ha llegado a los oídos. Cuando el buey es fuerte y poderoso, su embestida siempre es temible…a buen entendedor, pocas palabras”.

    El joven trató de restar importancia a su situación dando una vaga explicación al anciano y éste, escéptico, volvió a recomendarle que anduviera con cuidado. 

    Bajo sus espesas y canosas cejas, el patrón insistió aunque desconocía que el poderoso buey era quien estaba empujando a Toni hacia algo muy terrible. Creía el viejo que se trataba de una aventura más de “Coret” con la esposa del abogado, el cual le había contratado a cambio del pago de muchísimo dinero,  para hacer desaparecer a la mujer del potentado.  

    Pensaba éste que si el plan se ejecutaba, entonces el profesor de tenis de la esposa – asimismo a instancias y pago de suculento emolumento – sería el encargado de eliminar a “Coret”. Y aquí paz y después gloria!

    En Sa Pedruscada.- Toni decidió acercarse  hasta el chalet  de aquel señor, con la esperanza de encontrarse con él. Aparcó su vehículo junto al molino con aspas de Son Moll, rodeado de chumberas.  La luna aún no había salido y se agazapó en un entrante de la casa de un fotógrafo situada enfrente de la pequeña playa de Sa Pedruscada. El chalet se encontraba a oscuras como su entorno, y sin luz alguna que denotara la posible presencia de alguien en ella. Sin embargo, al cabo de un rato, llegó  un coche, del que bajó la esposa de B.V. y S. , reanudando el vehículo su camino. Toni trató de alcanzarla y lo consiguió. Habían, ambos, cogido confianza gracias a haber disputado algunas partidas de tenis en las que él se dejaba ganar. Ella le dijo que su marido se encontraba varios días en Palma,  — el motivo de su ausencia no era otro que estar alejado y tener buena coartada mientras “Coret” cometía la fechoría que le había encomendado —; ella le dijo a Toni que en la casita adyacente únicamente se encontraba Biel Font, una especie de mayordomo. 

    Los dos, sigilosamente, se alejaron del chalet y fueron hacia donde “Coret” tenía el coche, detrás del molino con higos chumbos.

    Toni “Coret” explicó  a Laura todo el entramado preparado por su marido. Ésta se puso a llorar y creyéndose a merced de un presunto criminal, intentó saltar del vehículo. Él se lo impidió pulsando el mando de las cerraduras e intentó calmarla. Pasó mucho tiempo en el interior del coche, hasta apaciguarla. Toni le confesó el antagonismo que sentía por su marido desde hacía muchos años, cuando se descubrió un desfalco en la empresa en la que el joven trabajaba como contable, del que don B.V. y S. era socio, el cual había cargado la responsabilidad en los empleados, y de cuyo caso Toni había podido salir indemne, obligándole a trasladarse a Menorca. Él le juró y perjuró que no le haría ningún daño, que se sentía atraído por ella.   

     La huída.-  La mujer no podía dar crédito al asunto. Regresó al chalet a toda prisa, en compañía de “Coret” en el coche de éste,  y cogiendo dos maletas donde colocó lo más necesario de sus vestidos y pertenencias, abandonó la casa, marchando rápidamente de Sa Preduscada con destino a la calle Honda de Capdepera, donde Toni tenía su vivienda. Él hizo lo propio con sus enseres;  clareaba el día cuando , raudo y veloz, a pie, se dirigió con una maleta hacia la calle Alta, junto a la plaza Vieja, donde esperaba Laura en el coche. Bajaron por la cuesta de “Sa Creueta”, en la falda del Castillo de Capdepera, y tomaron el camino con destino incierto.  

    La barca con la que Toni “Coret” llegó  — al principio de estas narraciones – desde Menorca a la costa de Capdepera, estaba varada en “Es Gulló”. Y allí se desplazó la pareja. Una vez haber anochecido y con el gran dosel del cielo tachonado de fulgurantes estrellas y luna llena, surcado el mar por los luminosos haces del faro que hendía, con sus destellos, la oscuridad de la noche, el monótono “ tap tap” de la barca rompió el silencio de la zona de Cala Agulla, y a pesar de la negrura, sus dos ocupantes, él más que ella, lo hicieron pasar entre el “faralló d’en Massot” y la punta de Cala Gat. No en vano conocía bien Toni aquella costa, y la ruta que, de nuevo y acompañado, le llevaría hacia Ciudadela…

    Colofón.- Comprender el estado de ánimo, o las pasiones que mueven a los personajes de estas narraciones, así como las circunstancias que han dado pie a todos sus actos, y formando la trama de estos relatos, es situarse en su entorno y su tiempo. Los hechos acaecieron allá en los años sesenta. Ha pasado más de medio siglo y, si se tiene en cuenta que todo cambia en constante y geométrica progresión, se comprenderá lo difícil que puede ser, para un joven de la actual generación, concebir las dudas por las que atravesó Toni Coret, obligado a convertirse por siete kilos, en pesetas, en asesino. Hombre aventurero y atrevido en su limitado mundo pero que topa con las infranqueables barreras, o prejuicios,  que existían, ayer más que hoy, entre obrero y propietario, entre el pobre y el rico, entre el de precarios estudios y el casi siempre prepotente hombre de carrera. 

    Desconozco, ahora mismo, si aquel “flirt” con aquella mujer hermosa se convirtió, en la isla hermana, en un amor estable y si se pudo avivar esa frívola situación hasta convertirla en un puro amor. De la aventura que distrae, y atrae, al amor abnegado, o verdadero, mediaba, y aún media, todo un abismo…

    Para mí fue un placer contárselo. Hasta una próxima ocasión. Lewis Th. Gardens 

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