16 febrero 2026

    EL DEPORTE UNE A LOS ADVERSARIOS / PIONEROS  DEL FÚTBOL EN CAPDEPERA

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    Por espacio de cinco años – entre los diez y los quince años de edad —  viví cada verano de mis vacaciones en Capdepera, desde finales de junio hasta la última semana de agosto, concretamente en la calle del Puerto, en casa de mis abuelos, en compañía de mi madre y, cuando sus ocupaciones le daban una tregua , desplazándose desde Palma, con mi padre. Actualmente, soy residente en Palmanyola, del sector de Bunyola. No se trata, ahora, de ofender a nadie de aquella villa de la tramuntana…

    Mi progenitor, al igual que mi abuelo, eran grandes aficionados al fútbol. Por ser del pueblo, conocían infinidad de vecinos, algunos de los cuales los invitaban a fiestas y reuniones deportivas. Y un servidor iba con ellos, de vez en cuando. 

    Con mi padre, el abuelo, a veces con la madre y la abuela, en compañía de Biel Racó  y un hombre que vivía muy cerca de la aserradora, en la calle que recuerdo se llamaba del Mar. Este señor siempre me hacía gracia porque tenía el nombre de las fichas, de las piezas, de un juego que en casa jugábamos mucho: ses dames. No recuerdo el nombre, pero sí el apodo: Dama. Antes de mandar este escrito, se lo he pedido a Llorenç Ladaria, un amigo que fue vecino de aquel señor, y me ha contestado que su nombre era Mateo, sí Mateu Dama, y me ha aclarado que Dama no es un apellido, si no un mal nom, como sucede en los pueblos.

    Hombres generosos.-  Pues, como les contaba: Un servidor iba con mis parientes, con Biel y con Mateo, a unas “Juntas” de unos hombres gabellins que fueron pioneros del deporte en Capdepera.  Aparte de Biel Racó y de Mateu Dama, citados, allí se encontraban Miguel Blancus, Jaume Pere Andreu, Antonio Barruá, Jaime de ca’n March, Antonio del Recreo, Jaume Mengol, los hermanos Jaime y Francisco Llisa – a ambos, por ser gemelos, no tenía forma yo de saber quien era uno y cual el otro—juntamente con don Miguel Talaïa, don Marcelino López, l’amo en Biel de Son Pocapalla y otros colaboradores anónimos a los cuales no gustaba más de la cuenta sacar su imagen a la palestra pública. 

    Fueron hombres esforzados, entusiastas, desprendidos y generosos en unas circunstancias extremadamente precarias, unos idealistas incomprendidos que, como me explicaban los abuelos, tiraron para adelante, en el año 1948, un proyecto deportivo del cual nunca soñaron que, algún día todavía muy lejano, brotarían los frutos de aquella simiente que sembraron en la casa núm. 14 de la calle de la Luz, cerca del “Recreo”, fundando el C.D. Escolar, uniformado con camisa blanquiazul y pantalones oscuros. Un equipaje que, transcurrido el tiempo, se convirtió en verdiblanco, colores auténticamente gabellins. 

    Hay que anotar que en aquel 1948 , en que hacía poco tiempo que había finalizado la Guerra Civil, con sus secuelas, había todavía personas que no se hablaban entre ellos como consecuencia de los tristes hechos de la contienda, aunque sí asistían al campo de fútbol y allí coincidían con aquellos a los que consideraban adversarios o enemigos y, todos, al unísono, aplaudían, gritaban o se entusiasmaba con las jugadas y las sensaciones del balompié; se emocionaban con las victorias y, con el tiempo, sin casi darse cuenta se hacían amigos…

    Jóvenes solidarios.- Cuando no existía en Capdepera la práctica del fútbol ni otra manifestación de carácter deportivo – explicaban, con nostalgia,  don Miguel Moll y don Marce López , a quienes hemos mencionado más arriba — un reducido grupo de jóvenes organizó un equipo sencillo con la única implicación de chicos del pueblo. Sin contar con medios económicos a su disposición, sin campo donde poder jugar, aquellos jóvenes se compraban sus calcetines, las botas, las camisetas y pantalones y, encima, abonaban una módica cuota para gastos. Solicitaron a un propietario que les cediera gratuitamente un pequeño terreno, al cual, entre todos: jóvenes y mayores, allanaron y dejaron exento de piedras e hierbajos, retirándolos con sus propias manos, dejándolo expedito a punto de ser utilizado. 

    Cuando el dueño del solar precisaba éste para actividades propias, se empezaba de nuevo y se buscaba otro emplazamiento y se limpiaba. Por tanto, se trataba de un rectángulo de fútbol trashumante…”.

    ¡Que magnífica solidaridad  la de aquellos jóvenes!  Enfrente de las contínuas dificultades que ello comportaba y la incomprensión de un sector numerosos de gente que consideraba que dar patadas a una pelota era una estupidez, sin entender que el deporte era algo más, ¿¡Quién hubiera, entonces, imaginado  que muchísimos años más tarde, Capdepera y Cala Rajada podrían contar, después de Ca’n Lareu, Es Campet, S’Escola Nova, Es Camp Roig y Sa Gravera con un estadio como el que, en la actualidad, puede contemplarse en Es Figueral!? 

    Pues eso, se debe a mucha gente que supo asumir, a lo largo del tiempo, la sustitución de aquellos pioneros del fútbol local, que reunió promociones numerosas de niños y, también de niñas, jóvenes de ambos sexos, que a diario se pueden contemplar ejercitándose sobre el verde césped del polideportivo municipal que, un día, se construyó como símbolo de unión entre las dos entidades de población , a las cuales, jamás, este escribidor, a pesar de la distancia, ha olvidado ni abandonado.

    Y, ¡ojalá!, pueda continuar haciéndolo por muchos años. ¡Va por vosotros, “gabellins” del Escolar!.

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