13 febrero 2026

    Dialogando con: Lucia Gutiérrez Banal

    Nicolás Nadal

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    En el deambular por la localidad donde tengo fijada mi residencia desde que nací (1939), suelo encontrarme con personas con las que es un soberano placer dialogar. 

    Hace ya unos años que entrevisté para un medio de audio: Radio Cala Ratjada, a una persona muy conocida en nuestra sociedad. Ella es Lucía Gutierrez Banal, pero para no interferir con mis preguntas, dejaré que sea ella la que se exprese con su peculiar manera cómo fue su llegada a nuestra localidad (aqui hago un paréntesis, de que hubo un tiempo en que venían a nuestra localidad las trabajadoras para atender en la Residencia de la Organización Sindical de Educación y Descanso; Juan Riera Cavaller). 

    Lucía Gutierrez llegó a Cala Ratjada, para «arriesgar la aventura», en busca de un trabajo asequible. Como anotaba antes, dejo que sea ella la que se exprese, sin que yo interfiera con mis preguntas. Yo me limitaré a transcribir lo que ella me explica:

    Mi llegada a la Isla tuvo lugar el dia 7 de febrero del año 1990. La causa no fue otra, que buscar trabajo. Yo procedía de una familia andaluza, de Cádiz concretamente. 

    Vine aquí, como decía, buscando un trabajo. Con veintiún años me presenté en la Isla con una niña pequeña. La verdad es que no me fue difícil encontrar una ocupación. 

    Fue en el Hotel Cala Agulla, donde trabajé siete temporadas en la lavandería; por cierto una época de la que guardo muy buenos recuerdos. 

    Era un trabajo bastante pesado, con la maquinaria se pasaba bastante calor, no obstante la cuestión era trabajar y tener una ocupación para salir adelante en el vivir de cada día.

    Desde el principio fui muy bien acogida, con buenas compañeras, pero el tema es que en mi vida conyugal me surgieron algunos problemas, los cuales no vienen a cuento comentar y que por supuesto silenciaré. 

    En cuanto a mi situación laboral era de temporada. A mí me interesaba un trabajo estable para todo el año. Así que con el paso de los años (ya tenía dos hijas), me pude colocar en hoteles que estaban abiertos todo el año, como s’Entrador y Serrano. 

    En el año 1997, pase a s’Illot Park. Fue cuando se celebró una competición de la Copa Davis en Cala Rajada. Aquel evento dio un gran renombre internacional a nuestro municipio, época en la que empezó a cobrar nombre el tenista mallorquín Carlos Moyá.  

    En un principio, cada año me desplazaba a mi tierra natal, Cádiz; pero con el paso de los años, mis hijas iban creciendo y tuve que amoldarme al cronograma escolar de la enseñanza. 

    Desempeñe la labor de camarera de pisos y sub gobernanta. Teníamos que hacer muchas habitaciones y siempre cargadas de trabajo, no obstante iba «tirando del carro de la vida» procurando salir siempre adelante. 

    En el Illot Park estuve tres temporadas. Por un desacuerdo con la empresa pase al Green Garden y después al Camping de Cala Mesquida.

    Siempre he procurado tener unas aspiraciones más vanguardistas, defendiendo al personal del stress que ocasiona ir sobrecargada de trabajo.

    Durante tres años viví en Palma, pero sin dejar de lado a Cala Rajada, ya que aquí tenía a la pareja con la que convivía. 

    En la Capital Balear, trabaje en el Hotel Son Vida, un establecimiento de super lujo. El trabajo era totalmente distinto. En la hostelería de Capdepera, te dan un número de habitaciones, en cambio, en Son Vida te dan un tiempo y un número de clientes, totalmente distinto del sistema de aquí; siempre con las posibilidades de dar un rendimiento

    Siguiendo mis inquietudes sociales y mi interés, dejé la hostelería y me puse a estudiar en la UIB (Universidad de las islas Baleares). Me Saqué el título de diplomada en Educación Social y Licenciada en Antropología Social y Cultural. Trabajé en la Fundació s’Estel, reeducando a jóvenes delincuentes. 

    Mis inquietudes me han llevado a poder aportar algo en beneficio de la sociedad tribal que vivimos. 

    En el año 2012 tuve que emigrar a Alemania, ya que aquí no había un trabajo para mis aptitudes de formación. Tuve que aprender el alemán, y una cosa muy importante, es que a donde voy me adapto a las necesidades que me exige la convivencia, por supuesto que también habló el «mallorquín». 

    Hay un refrán que dice: «Donde fueres, haz lo que vieres». Uso las lenguas para comunicarme, no a nivel político, sino para darme a entender con la sociedad que me envuelve, mis semejantes. 

    En Alemania pude comprobar que no es lo que hay aquí, un turismo loco, que hacen cosas que pasan por alto. Allí están más disciplinados a una convivencia social más equilibrada.

    Por mi parte esto es todo, Lucia ya ha comentado las diferencias turísticas, sus inquietudes; todo ello, con una educación digna de ser altamente considerada.

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