Desde 1965 a 1980, antes de tener Joan Nebot “Rai” la idea, el deseo, de fundar la Compañía de teatro “Es Mussol” él ya había participado en la creación de la agrupación de teatro “Art i Jovenesa”, un conjunto de aficionados al arte de Talía, el cual tuvo que afiliarse a “Educación y Descanso” del Teatro Sindical de Palma de Mallorca, puesto que sin esta premisa oficial no era posible inscribir ningún grupo en el Registro de Espectáculos del Gobierno Civil de Baleares. Tiempos de dictadura.
En 1992, Joan Nebot “Rai”, con Antonio Perelló y otros, convirtió también en asociación cultural a la más arriba citada “Es Mussol” que llegó a consolidarse en el panorama teatral de la isla. La dilatada trayectoria de esta compañía, avalada por más de dos décadas de presencia en el mundillo escénico de Capdepera y su comarca, convirtió a este colectivo en una interesante muestra del arraigo que este arte sigue teniendo en el levante mallorquín, donde otras gentes, muchos jóvenes, incluso niños y niñas, continúan el acervo de la interpretación sobre las tablas.
Precisamente, el nieto del recordado escritor, poeta, pintor y dramaturgo, Joan Rai, Arnau Serra Nebot, viene propiciando, ahora mismo, en espacios teatrales de Son Servera (localidad que le acaba de hacer un acto de reconocimiento por su labor al frente de los distintos cuadros teatrales de la villa), Capdepera y, quizás, alguna localidad más, la herencia transmitida por su abuelo. No en balde se trata de un director de escena y guionista puntilloso, rígido y perfeccionista a la hora de dirigir escenas y con conocimientos adquiridos para la ejecución de cine, en donde con su cortometraje “Pueblo” dio sobrada sapiencia.
Decíamos, al principio, que “Art i Jovenesa” de Capdepera representó en numerosos locales del orbe isleño una serie de obras que quedaron reflejadas, en un homenaje que se tributó a Nebot, cierto tiempo antes de fallecer, en un contenido videográfico, al igual que la serie de breves cintas de cine amateur que él mismo dirigió, destinadas a certámenes regionales e, incluso algunos, nacionales.
Quienes recuerdan las vicisitudes por las que atravesó Joan Nebot y su compañía de teatro en aquellos años que precedieron a la muerte de Franco, nos hablan de una pieza de cariz costumbrista, de “suspense”, que lleva por título “El déspota”, muy densa y de fuerte argumento, que sedujo a la compañía pero que fue imposible representar debido a la prohibición expresa de la Junta de Censura de 1974, como asimismo sucedió con “Siau benvinguts!”, una crítica ácida sobre el turismo, según idea original de Alexandre Ballester, en aquellos tiempos un autor poco menos que maldito por los cánones imperantes.
El libreto de ambas obras, obligatoriamente, debía ser presentado, previamente al estreno, en la Delegación correspondiente del Ministerio de Información y Turismo, a través del Gobierno Civil. “Art i Jovenesa” intentó hacer “trampa” cambiando el título y suavizando el argumento de “El déspota”, al igual que eliminó más de medio acto, de los tres con que contaba la obra, de “Siau benvinguts!” y representarlas. A punto estuvieron de hacerlo sin contar con que el gobernador civil se había informado por la Guardia Civil y el propio Ayuntamiento de Capdepera de los deseos del cuadro actoral, debiendo suspender, el mismo día de su estreno, ambas representaciones. Una de tantas anécdotas, actualmente incomprensibles, de aquella época.
Y, no acabó ahí la cosa, puesto que “Art i Jovenesa” contaba con una sección dedicada al cine aficionado, actividad que llegó a contar con un centro en Cala Rajada con varias pantallas y espacios de proyección, alcanzando cuatro ediciones, una cada año, lo cual culminó con una Mostra, de carácter nacional, sobre Cine Independiente, que se celebró en el hotel Aguait, donde numerosos realizadores, provenientes de la península y del archipiélago, presentaron filmets de diferente temática. TVE transmitió el acto de entrega de galardones a los ganadores y la cobertura de los medios de información fue completa.
El siguiente año, por falta de presupuesto y ayudas oficiales, no se pudo continuar con la Muestra. Los organismos que colaboraban en el feliz desenlace, hasta la fecha, del acontecimiento, sintieron temor ante las inesperadas “pintadas” en algunas paredes y muros con insultos a los organizadores tratándolos de subversivos, revolucionarios y otros epítetos, surgidos de algunas formaciones o grupos retrógados que, todavía, no se habían familiarizado con la instauración de la democracia. Y, lo que era peor, algunos organismos oficiales dieron cobertura a todo ello, impidiendo la continuación del Festival de Cinema, promocional de la zona.
Los organizadores del festival de cine expresaron, con las siguientes palabras, su descontento con lo sucedido: “Empezamos por el final, en eso de manifestar la libertad de expresión. Tapar la voz de los demás, sea escrita u oral, es atentar contra lo más elemental de la democracia. Además, es una falta de educación, un primitivismo propio de analfabetos. Ni siquiera se puede llamar política o mera estrategia de partido. Es una simple cortedad, el hecho de llegar a los mensajes ajenos y taparlos con el rebuzno o con la pintada propia. Ahí queda la imagen, que habla por sí sola. El Ayuntamiento de Capdepera había colocado un cartel, anunciando la primera muestra nacional de cine independiente. A continuación, llegaron otros y pusieron lo que puede leerse en la fotografía. El humorista se pregunta si, en realidad, no se tratará más que de un insulto a los del Ayuntamiento de Capdepera o a los promotores del Cine independiente, de una llana propaganda de los “comunistas marikas” (con “k”). De cualquier manera, cabe recordar aquí aquella consigna oficial del Gobierno portugués, cuando, harto de pintadas, lanzó aquel slogan: “Piensa en libertad, sin ensuciar la ciudad”. Todo un símbolo del despiste carca nacional…”.
Sin embargo, nos quedó “Es Mussol” que tras haber vivido diferentes etapas estuvo plenamente centrado en el teatro como manifestación artística. Una variada gama de obras de distintos autores, desde “La filla del mar”, de Angel Guimerá hasta “Els condemnats”, de Baltasar Porcel, alternando la dirección artística entre diferentes profesionales de la escena y que ofreció durante más de una década de compromiso con el teatro “gabellí” una oferta teatral estable, variada y de calidad
