12 marzo 2026

    Extrañas situaciones en mi vida laboral que forman parte de mis vivencias

    Nicolás Nadal

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    I

    Una vez que fui ¿“expulsado”? de la única expendeduría de tabacos de Cala Ratjada, desde 1972 que empecé hasta 1992, no me costó mucho encontrar un trabajo estable, ya que dominaba los idiomas francés, inglés y el alemán. En mi primera entrevista laboral, el director de un establecimiento hotelero me hizo algunas preguntas para saber qué clase de personaje pudiera ser el que buscaba trabajo. El director era don Bartolomé Masanet Carrió. No me preguntó: “¿Sabes catalán?”

    El horario de mi trabajo empezaba a las 22:00 h hasta las 08:00 del día siguiente. Por lógica, y para saber cómo se presentaba la noche, me presentaba en el hotel sobre las 21:30 h y estaba atento a las entradas y salidas de clientes. Una noche, sin más ni menos, el director me hizo pasar a su despacho, donde me hizo saber que yo tenía que incorporarme al trabajo a las 22:00 h, no a las 21:30 h. Que luego, cuando yo llegaba, los demás se iban, y la cosa no es así: cada uno tenía que atender a su cometido.

    La semana pasada me ocupaba de haber atendido a un gran personaje, como lo es el general Fulgencio Coll Bucher, años atrás jefe de la UME y hoy concejal del Ayuntamiento de Palma de Mallorca.

    Una vez explicado este breve preámbulo, me ocuparé de quien rigió los destinos de la Autonomía Balear, siendo la señora Maria Antònia Munar. Lo hiciera bien o lo hiciera mal, esto no es de mi incumbencia descifrarlo; las leyes se han ocupado de ello. Pero ello no quita que yo tuve el placer y el honor de atender a semejante personaje en su debido tiempo.

    Era el año 2000 cuando se inauguró la renovación de la carretera de Canyamel a Artà, con una escultura del famoso “Sarasate” de Artà. Para tal efecto había sido invitada a pernoctar en el hotel donde yo desempeñaba la labor de conserje de noche. La invitada era la presidenta, Maria Antònia Munar. El conserje saliente me avisó de que esta señora estaba por Cala Ratjada, que vendría a dormir en el hotel y que estuviera al tanto a su llegada para entregarle la llave de la habitación.

    Así fue. Sobre las 03:00 h vino esta honorable señora a buscar la llave de su habitación y me dijo textualmente:

    —Hola, buenas noches, yo soy Maria Antonia Munar.

    (Ya sabía de quién se trataba. No era necesario que se identificara como autoridad). Entabló una cierta conversación sobre la temporada turística, tuteándome.

    Yo le respondí:

    —Usted es doña Maria Antonia Munar, pues yo soy Nicolás Nadal, ¿en qué puedo servirle?

    Pero le advertí de que si me tuteaba, yo haría lo propio con ella, ya que la diferencia de edad entre ella y yo era considerable y también, si ella era la presidenta, yo era un ciudadano mallorquín y contribuyente como tal, además pronto a la jubilación, también merecía un cierto respeto. Dialogamos muy poco, ya que había tenido una jornada muy movida con la inauguración de la renovada carretera, y lo que importaba era el descanso.


    II

    Por supuesto que en mi vida periodística he oído muchas cosas que no tenían una lógica aceptable. Por ejemplo, volviendo muchos años atrás, en los años sesenta —cuando yo me inicié en el periodismo— hubo un alcalde que tenía en proyecto construir un aparcamiento subterráneo en la Plaza de Los Pinos. Aquello era una “locura”, que no llegó ni a proyectarse. Pero hace unos pocos años otro alcalde, para no saber qué decir, dijo que iba a construir un pantalán en el puerto para el desembarco de pasajeros de algún crucero. Ni una cosa ni la otra se han llevado a cabo.

    Por supuesto que pasaron muchas cosas: unas sí se pueden contar, y otras sería un tanto arriesgado dar cuenta de ellas. Así lo he contado tal como lo he vivido en primera persona, pero barbaridades divulgadas por personas que merecen un cierto prestigio y respeto.

    Nicolás Nadal

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