Me incorporé en la Marina de Guerra Española en el mes de junio del año 1959, por lógica tenía que ser por un periodo de tres meses. No puse ninguna influencia de la clase que fuera, para que nadie interviniera en ser destinado a Mallorca, todo me salió al revés de como yo lo tenía planeado y pensado.
En el Servicio Militar, encontré a paisanos excelentes, unas personas maravillosas, unos paisanos fabulosos, otros no tanto, “hay de todo en la viña del Señor”, pero teníamos que confraternizar y no tenía el valor de despreciar a nadie. Había que confraternizar en franca camaradería.
Fui ubicado en la 5ª brigada, me entregaron la Cartilla Naval con el número 2201, con esta numeración tenía que familiarizarme. Por saber leer y escribir, tuve que atender y responder a las cartas de compañeros que, por lo que fuera, no sabían expresarse gráficamente y mucho menos en gramática. Lo hice muy gustosamente y sin interés alguno, y sin ninguna gratificación. Para mí era un placer ayudar a quien lo necesitase, solamente con la amistad era suficiente.
Así pasaron unos dos meses, con unos exámenes para conocer la graduación de los jefes, salir con botes en la dársena del Arsenal, para saber remar y cosas por el estilo. Como nos entregaron un fusil, teníamos que desmontarlo y volver a montarlo sin que sobraran piezas.
El capitán de la 5ª brigada, don Paulino Sánchez Bontempiri, con una voz de mando que imponía respeto. Ante un partido de fútbol entre el Elche y el Mallorca, me preguntó: ¡¡qué te parece mallorquín, quién va a ganar en el encuentro Elche – Mallorca!! Yo le dije muy claramente, el Real Club Deportivo Mallorca, que había ascendido a Primera División, se enfrentaron en un partido de 1ª División, al final ganó el equipo mallorquín. Lógicamente el capitán era del Elche, al cabo de unos días me pregunta: ¿Y tú dónde crees que irás destinado? Yo le dije: ¡¡Pues creo, mi capitán, que a Mallorca!! Él me contestó: pues no muchacho, te has equivocado, te quedarás aquí, en el Cuartel de Cartagena tres meses más, que me harás compañía y confraternizaremos.
Deducí que fue por algo de “rabia” que el Real Mallorca hubiera ganado al Elche. Pues me quedé tres meses más. En este tiempo llegó un compañero de Cala Ratjada y confraternizamos, que era Bartolomé Morey Melis, conocido por “Tolo”.
Me quedé a formar parte de la dotación del Cuartel de Instrucción de Marinería. Un alférez de nombre Gabriel Peche me pregunta: ¿Tú, mallorquín, qué sabes hacer? Yo le expliqué que mi vida laboral había sido en un pesquero, pero insistió: ¿Sabes cambiar una bombilla? Le expliqué que sí, esto era muy fácil, entonces me dice: ¡¡pues tú serás el electricista del Cuartel!!
Resulta que el alférez era un “manitas”, me encomienda: debajo de la marquesina del patio de armas, cada sábado instalarás un amplificador con un micrófono, para dar lectura a las Leyes Penales, y luego dar el permiso a las salidas de los marinos con el permiso. Aparte de esto, me ocupaba de dar cuerda a todos los relojes de cada departamento, como también al reloj que está sobre el Salón de Actos que da al Patio de Armas del Cuartel.
Pasaron los meses hasta el 8 de diciembre del año 1959, cuando destinaron a los marinos a sus nuevos destinos, entre los cuales me encontraba yo y mi compañero “Tolo”. El trayecto de Cartagena al puerto de Porto Pi lo hicimos con el buque de guerra “Pizarro”.
En Porto Pi estuvimos unos tres días. Yo hablaba en mallorquín con mi amigo “Tolo”, mientras un Oficial 2º de Oficinas Militares del Cuerpo Patentado (teniente), don Jacinto Billon Estelrich, escuchó que me expresaba en mallorquín. Debió pensar: ¡¡este me conviene!!, me dice: ¿Tú quieres ser mi asistente? Le pregunto: ¿Y esto en qué consiste? El señor Billon me dice: mañana te diriges a la calle Hermanos Barbera y mi esposa te explicará tu misión.
A la mañana siguiente me dirijo al domicilio indicado para saber lo que era un asistente. Llamo a la puerta y me abre una señora que me impuso un cierto respeto y personalidad. Me presento que era su asistente, ella me dice: pasa, ¿ya has desayunado? Le digo que no, y dice pues: desayunaremos juntos, lo que me dio a entender que me daba una cierta confianza. Me identifiqué y me pregunta: ¿De dónde eres? Mentalmente pienso que si le digo de Cala Ratjada no sabrá si está en el mapa, y le dije: de Capdepera.
En Palma yo tenía unos familiares: dos hermanos y primos de mi padre, Andrés y Antonio Nadal Sancho. Unos personajes técnicos en instalación de máquinas proyectoras de cine “Westrex”. Andrés era el jefe de proyecciones de la Sala Born y Antonio de la Sala Augusta. En la casa de Andrés era donde tenía mi domicilio en Palma.
La esposa del señor Jacinto Billón, de nombre Antonia Ginard, una mañana me dijo: mira Nicolás, los sábados me haces la compra en el mercado del Olivar, en unos puestos que te indicaré, me la traes a casa y te marchas a Cala Ratjada. No es necesario que vengas hasta el sábado de la próxima semana. Si me hace falta algo, yo misma iré a buscar lo que necesite en alguna tienda cercana.
Los sábados iba a Palma con un transportista del pescado, sobre las tres de la madrugada. A las nueve ya estaba en el mercado haciendo la compra para la esposa del señor Billón. A las diez de la mañana ya estaba en el “Bar Troton”, en la calle Arturo Rizzi, con los transportistas de pescado de regreso a Cala Ratjada.
Pasé un año y medio haciendo este servicio de asistente. Los que me veían que estaba en casa cada día me preguntaban: ¿Qué influencia tienes, que estás haciendo el Servicio Militar en tu casa? Yo les decía: por decir simplemente que ¡¡soy de Capdepera / Cala Ratjada!!
Nicolás Nadal
