10 marzo 2026

    Una “aventura” en “Es Coll des Vidrier” Por Nicolás Nadal

    Nicolás Nadal

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    Fue un sábado en el mes de diciembre del año 1995, cuando yo circulaba con mi vehículo por la carretera de “Es Coll des Vidrier”, procedente de Cala Millor, donde había visitado a unos amigos, y me dirigía a mi domicilio en Cala Ratjada. Al haber salido del túnel, dirección a Capdepera, me encontré en medio de la carretera una manada de ovejas. Hice todo lo posible por esquivarlas, pero me fue imposible no llevarme por delante a tres de estos animales. En esos momentos, sobre las 19:00 h, no había ningún vehículo que circulase en ninguna dirección por esta vía.

    La óptica de mi vehículo quedó totalmente destrozada, y como pude —a “trancas y barrancas”, como se suele decir— llegué a mi casa. Lo primero que hice fue llamar a la Policía Municipal de Capdepera para que acudiera al lugar que les indiqué, ya que si yo había salido ileso, quizás a algún conductor no le pasaría lo mismo. Les recomendé que averiguaran de dónde procedían esas ovejas que pastaban por la carretera sin nadie que las guiara.

    Al día siguiente me personé en la Policía Municipal por si habían averiguado quién podía ser el dueño de estos animales. La autoridad municipal me ayudó en lo máximo que pudo y me recomendó que fuera a la finca de “Es Vidrier”, que allí me explicarían lo sucedido.

    Yo, ni corto ni perezoso, me dirigí a la citada finca, donde el “guardés” me explicó que era un sábado y él tenía que ir a una matanza de unos amigos en Artà. Dejó a los animales solos hasta su regreso de la matanza, y luego, a su retorno, los llevaría al lugar donde pernoctaban.

    Al llegar la noche, las ovejas tenían noción de desplazarse a la otra parte del túnel, pero por un camino que bordeaba la montaña. Las ovejas sabían que tenían que ir a la otra parte del túnel, pero no sabían por dónde desplazarse, y lo hicieron por donde más les convenía, que era cruzando la carretera. Y aquí fue cuando se toparon con mi vehículo.

    Ante los desperfectos del vehículo, el “guardés” me dijo que buscara un taller para arreglar la óptica de mi coche. Así lo hice, y el arreglo me costaría unas 150.000 pesetas, lo cual comuniqué al “payés”, que no puso objeción alguna y dijo que él se haría cargo de los gastos.

    Yo tengo por costumbre no mencionar el nombre de ninguna de las personas que hayan intervenido. Lo que me interesaba era que alguien se hiciera cargo de los desperfectos. Ajustándome a la realidad, así fueron los hechos y así los he contado.

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