12 febrero 2026

    Un eminente doctor republicano que cuenta con una calle en Capdepera

    Joan Maria Melis Alzina Transcripción a cargo de PAULA VALLS, albacea de l’Arxiu

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    Escribía el Dr. José Mª  Rodríguez Tejerina en su Historia sobre el Hospital Militar de Palma de Mallorca durante la Guerra civil que, entre el personal médico existente en aquel centro sanitario del carrer dels Oms, en julio de 1936, bajo la dirección del teniente coronel don Ramón Anglada Fluxá había un galeno de quien se decía  que no era médico, aunque se hiciera pasar por tal. En su artículo – se supone que para evitar algún problema, aunque siempre se ha culpado a los omnipresentes “diablillos de imprenta” — citaba a un tal Bartolomé Covas Sancho, cuando en realidad su nombre era el de Baltasar.

    Al ascender a alférez médico de complemento de Sanidad Militar, don Pedro Sabater, muy amigo de Baltasar  Covas, ambos de ideas izquierdistas, el primero requirió al “gabellí” Covas para que se hiciera cargo de los enfermos afectos de enfermedades venéreas. El 22 de febrero de 1938 se atendieron en el Hospital Militar a 22 heridos de metralla procedentes del crucero “Almirante Cervera”. El 6 de marzo llegaron al Hospital 205 náufragos del “Crucero Baleares”.

    Según la religiosa superiora del Hospital, sor Oliva Abad, allí fueron asistidos unos trescientos heridos procedentes del frente de Manacor. Terminado el desembarco de las tropas del capitán Bayo, en el período comprendido entre septiembre de 1936 y abril de 1939, fueron atendidas 1054 personas.

    Pese a las depuraciones políticas, al no muy alto nivel científico de alguno de los componentes de la plantilla de médicos del Hospital Militar de Palma, el quehacer del centro sanitario no había trascendido al ámbito de la zona republicana. Los médicos afines a esta ideología cumplían con su misión a la hora de curar y prestar atención constante a los enfermos y heridos, fuesen de las ideas que fueran. 

    El 4 de enero de 1942 en el Boletín Oficial del Estado se anunció una incoación de expediente de responsabilidad política por el Tribunal Provincial, con el número 1486, a nombre de Baltasar Covas Sancho. Otros expedientes fueron incoados a los también “gabellins” Catalina Sirer Terrasa – madre de don Marcelino López Sirer, conocido como “ Marce”, que enseñaba idiomas y llegó a ser teniente de alcalde socialista del Ayuntamiento  — , Luis Guiscafré Morey, Juan Bauzá Juan y Bartolo-mé Gili Cirera (seguramente, Sirer). 

    En 1950 tuvo Baltasar Covas la oportunidad de trabajar en dos hospitales de la capital de España. En Madrid se especializó en cardiología y realizaba frecuentes viajes a la isla, una veces para efectuar las labores propias de su profesión médica o, simplemente, disfrutar de días de asueto en Capdepera, su pueblo natal  donde dedicó, sin ningún ánimo de lucro, atención médica a quienes lo necesitaran, siempre de común acuerdo con los médicos titulares de la localidad, don Juan Moll, don Antonio Llinás o don Gabriel Bibiloni.  

    Al fallecer mi tío Baltasar, considerado en Capdepera insigne médico, a los 58 años de edad en Madrid , donde — como hemos apuntado– ejercía la medicina, la cual complementaba con un desinteresado servicio a los enfermos del pueblo, en los meses en que se encontraba de vacaciones en su casa de la calle del Mar, 72 y que jamás tuvo un no por respuesta, con altruista asistencia dispensada a lo largo de 35 años, segados por una rápida y fatal enfermedad, el pueblo entero lloró su deceso.

    Capdepera supo reconocer los méritos del Dr. Baltasar Covas, dedicando su nombre a la travesía que transcurre entre la carretera de Son Servera y la de Artá . Otro republicano fue el profesor – que jamás contó con su título de docente – don Antonio Flaquer Reynés, sin duda uno de los mejores maestros entre los que ha contado el municipio, cuyo nombre sonó para denominar al Instituto de Capdepera, cuyo título prevalece, ajena a aquella solicitada denominación. El “mestre “Solleric” no fue distinguido en este aspecto debido al cambio de gobierno municipal: el Instituto y el adyacente Polideportivo fueron mérito del consistorio socialista encabezado por el alcalde Antonio Muntaner Pomar (PSOE), el cual no pudo inaugurarlo, pese a estar presente en la celebración, en la fecha en que su sucesor en el cargo, Juan Pascual  y su equipo de U.M. señalaron, gracias a quien el recordado Antonio Flaquer  pasó a la posteridad con más pena que gloria.

    Lo he contado otras veces: Cuando era niño, andando por la calle, nadie me miraba y si los demás niños se fijaban en mí era para echarme en cara que era el hijo de un rojo. Yo soy cántabro, nací en Santander, aunque muy mallorquín y, además, de Capdepera. Mi padre era militar, nació en aquella capital del norte de España ya que su progenitor estaba allí destinado. Sin embargo, la guerra civil nos sorprendió en Capdepera, en la casa de mis abuelos. Fue cuando mi padre estaba de misión en Menorca, mi madre y yo permanecíamos en la villa. Nosotros dos en zona fascista y mi padre en la republicana. Estuvimos a punto de ser canjeados, nos pasamos toda una noche en el muelle de Palma, mi madre y yo, sentados en unos escalones que daban al mar. Pero el barco que tenía que recogernos nunca llegó. No éramos únicamente nosotros los canjeados, había otra gente. Y, según supe más tarde, los republicanos exigían a Emili Darder y a Alexandre Jaume en el canje, según dijeron.

    Recuerdo a Miguel Juliá (a) Pruna, último alcalde republicano de Capdepera, gran amigo de Baltasar Covas. Escapó de Mallorca en un “llaüt” que consiguió mi abuelo materno. Partieron ellos dos con mi tío Víctor Alzina y otros. La barquichuela a tope… alcanzó las costa de Menorca, siempre a remo. Y allí se quedaron a vivir hasta el final de la contienda.

    Todo esto lo vivió y sufrió Baltasar Covas Sancho, un personaje ilustre y ejemplar, muy estimado por la Capdepera de hace ya algo más de medio siglo.

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    Fotos:  Del autor Juan Maria / Baltasar Covas / Covas con otros compañeros / José Maria Rodríguez / Entrada Hospital Militar/ Sala de curas Hospital / Funerales víctimas 1937/  Antonio Flaquer Reynés.

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