¿Quién fue Ernesto Alejandro Rauter? se preguntará más de uno. Las andanzas de este «Aventurero», las viví en primera mano, por motivos que iré explicando a lo largo de las conversaciones que tuve con este personaje que pasó por Cala Ratjada sin pena ni gloria.
Llegó por la década de los cincuenta, se ocupaba de la recepción de aquel hotel que existió en la Playa de Son Moll y de nombre El Castillo.
Estando allí, vio que Mallorca era un sitio ideal para estar ausente del “mundanal ruido» y concentrarse en la redacción de sus reportajes porque era reportero de la prestigiosa revista National Geographic.
Acabó la temporada y se fue a Munich, ya que a pesar de que fuera austriaco, es donde vivió siempre, en la capital bávara, por motivos de ideología política.
Rauter entabló amistad con el famoso analista mallorquín Climent Garau Arbona (epd), que le dio estancia en una casa que disponía en la zona de Cala Gat.
Allí, Rauter, solo y lejos de los problemas de la sociedad, escribía durante el día y al atardecer. Acudía a Casa Bloch, un negocio propiedad de un suizo. Allí estaba prácticamente hasta las 18 horas para dirigirse después a Cala Gat.
De camino, hacía siempre una parada donde yo regentaba una expendeduría de tabacos. Entablamos cierta amistad y me contaba historias de sus andanzas.
Pero vayamos por partes y empecemos desde un principio las andanzas de este personaje: Fue en el año 1959, cuando financiado por el Comité Central del Partido Comunista de Moscú, se decidió en construir una «balsa», como una especie de la Kon-Tiki, pero de bidones de gasoil vacíos, soldados unos con otros. Con esta balsa se intentaría dar la vuelta al mundo, como lo intentó el científico francés Alain Bompbard.
Rauter saldría de Cala Ratjada con dirección a Gibraltar, desde allí atravesando el Océano Atlántico hacia el Canal de Panamá. Atravesar el Océano Pacífico para enlazar con el Océano Índico, llegar al Canal de Suez y el Mar Mediterráneo y vuelta a Cala Ratjada.
Los trabajos de esta balsa, fue como una especie de trueque, el abono los trabajos con una máquina fotográfica Karl Zeis Ikon.
De la noche a la mañana, Rauter desapareció sin dejar rastro, ni dirección o teléfono. El proyecto de la balsa, quedó triste y abandonado, hasta que el óxido la dejó KO convirtiéndola en pura chatarra.
Al cabo de unos años Rauter apareció de nuevo a Cala Ratjada, visitandome. Acordamos que yo le visitaría en su apartamento de Cala Gat.
Allí me explicó, que el Comité Central del Partido Comunista de Moscú había desistido del proyecto de la balsa y lo habían enviado a una región de Siberia, en una aldea de nombre «Kunerma», para cambiar las traviesas del tren Transiberiano con destino a Vladivostok.
Después se había retirado una temporada en Munich para escribir un libro sobre su experiencia en Kunnerma, y ahora estaba en Cala Ratjada para realizar unos reportajes de Mallorca para la revista National Geographic.
Un sábado de 1990, vino a la expendeduría que yo regentaba y me pidió 5.000 pesetas, yo no lo dude ni un momento y se las preste, ya que los bancos estaban cerrados. Como él no disponía de esta cantidad, que era para alquilar un bouun para tomar unas fotos para un reportaje. En concreto, la embarcación fue la Mirmer y el reportaje se publicó con texto y fotos de «Rauter».
En ciertos asuntos, soy algo meticuloso, y estando yo en Alemania, en Colonia, entré en una librería y pregunté si existía un libro denominado «Kunnerma». La librera me lo enseñó, una edición de bolsillo con las tapas rojas y el emblema de la hoz y el martillo. Un familiar me hizo desistir de adquirirlo por dos razones: que estaba escrito en alemán y no lo entendería y en segundo lugar las insignias de la hoz y el martillo, que no serían bien vistas por cierta gente.
Esto se lo comenté a Rauter, de ¿por qué no se editaba en España?, él me respondió que la editorial Plaza y Janés no le interesaba.
En las veladas en Cala Gat, Rauter me explicaba que había formado parte de la redacción de la revista «Konkret». Una publicación para financiar la banda terrorista de una ficción del Ejército Rojo de la «Banda Baader-Meinhof».
Me explicaba las actividades de Andreas Bader, que acabó suicidándose en la cárcel. Esto yo lo publiqué en el diario «El Día», que cuando Rauter lo vio publicado, pero una noche que él había bebido más de la cuenta me dijo que esto no era verdad. Yo me presenté con un magnetófono para testimoniar su versión. Me personé en Cala Gat con el aparato reproductor de su voz y se desdijo, amenazándome con demandarme por falsedades. Cuando escuchó detenidamente y reconoció su voz, ¡¡¡se calló!!!
Rauter desapareció como solía hacer, sin despedirse de los escasos amigos que disponía en Cala Ratjada, hasta que en el año 2005 me comunicaron que había fallecido en Munich.
En las veladas que Rauter y yo pasábamos en Cala Gat, me describió el plan macabro de los terroristas de la banda de Andreas Baader, aunque Rauter me decía que él solo intervenía en las editoriales de la revista subversiva, «Konkret» para recaudar fondos para la «banda»
