13 febrero 2026

    Incidente del Ferry Menorca en Cala Ratjada: Testimonio de Nicolás Nadal 

    Nicolás Nadal 

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    Quisiera compartir con ustedes, en esta tercera entrega sobre el Ferry Menorca, una experiencia vivida a bordo durante un viaje desde el puerto de Ceuta hasta Cala Ratjada. Este relato es parte de una serie de entregas que se publicarán en Faxdepera, y espero que les ayude a comprender los desafíos y peligros que enfrentamos ese día.

    Todo comenzó después de repostar gasoil en Ceuta. Aunque la compañía suministradora era BP (British Petroleum), el tanque llevaba la marca SHELL. En Ceuta, el mercado era libre, sin presencia de CAMPSA ni otras restricciones. Me tuve que quedar de guardia en el barco debido a la noticia de que un terrorista se había fugado, lo que me impedía abandonar la nave. Afortunadamente, un compañero me relevó, lo que me permitió salir para hacer algunas compras y almorzar en un restaurante cercano llamado «El Delfín Verde».

    Zarpamos del puerto alrededor de las 20:00 horas, con un tiempo muy bonancible que se mantuvo durante toda la noche. Sin embargo, al llegar a la altura de «Sa Punta de n’Amer», uno de los motores empezó a fallar. El ingeniero de la BAZAN de Cartagena descubrió que el motor de estribor estaba consumiendo gasoil adulterado que habíamos repostado en Ceuta, lo que nos obligó a parar esa máquina.

    En ese momento, me encontraba en el puente de mando cuando el capitán, don Juan Vera Quiñones, me ordenó: «Tú, Nadal, pasa a la maquinilla de proa y atiende a las órdenes que yo te iré dando por el altavoz». La idea era hacer marcha atrás con un motor y avanzar con el otro, una maniobra conocida en el argot marinero como «cia y voga», con la esperanza de que el Menorca quedara con la proa hacia afuera. Sin embargo, el ingeniero, entretenido con la reparación del motor, no comunicó al capitán que un motor fallaba, lo que complicó aún más la situación.

    Ese día se había levantado un fuerte viento del suroeste, y aunque el ferry llevaba estabilizadores, no era fácil gobernar la nave. Íbamos bordeando la costa de «Es Cap des Pinar» y «Cap Vermell» con una velocidad muy reducida, pero la fuerza del viento hacía que la velocidad aumentara. Estaba listo para recibir las órdenes del capitán por el altavoz cuando finalmente me ordenó: «¡Suelta el ancla!».

    Obedecí la orden, pero poco después, por el altavoz, me dijo: «¡Frena!». Tan pronto frené la maquinilla, la cadena del ancla se rompió debido a la velocidad excesiva. La situación se complicó rápidamente; el ferry estaba a punto de estrellarse contra las rocas de «Es Racó de ses Graneras» o de embestir contra el muelle. Gracias a la pericia del capitán, logramos amarrar la nave en el muelle, evitando un desastre mayor.

    Serían las tres de la tarde cuando, ya en firme, el capitán se dirigió a mí y me dijo: «Nadal, una vez que hayas finalizado las labores de a bordo, pasa por mi despacho que quiero hablar contigo». Subí a su despacho una vez que todo estuvo en orden y, de manera educada y sin alterarse, me dijo: «Nadal, si nos hubiéramos estrellado contra las rocas, tú habrías sido el culpable del desastre. ¿Por qué frenaste cuando veías que la nave te pedía más cadena?».

    Ante esta situación, sin ánimos de alterarme, le respondí: «Mi capitán, yo me limitaba a seguir las órdenes que usted me daba por el altavoz. Lo que sucedió es que usted estaba concentrado en que la maniobra de atraque fuera perfecta, y al tener un motor parado, quizás prestó más atención en gobernar la nave y se olvidó momentáneamente de que yo esperaba sus órdenes. Y que conste que soy sordo».

    Hasta aquí llega mi relato sobre el ferry Menorca en Cala Ratjada. Poco a poco, iremos avanzando hacia la cuarta entrega de esta historia. Espero que esta experiencia les brinde una mejor comprensión de los desafíos que enfrentamos aquel día.

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