Capdepera figura, estas últimas semanas (en el decir de Duna Márquez en Diario de Mallorca) entre los seis pueblos más bonitos de Mallorca.
Las informaciones citan a nuestro pueblo como “de montaña, lleno de tradición, lugar amurallado con más historia de la isla y zona inexplorada por visitantes mallorquines. A pesar del complicado camino con pendiente necesario para llegar al Castillo y a sus vistas hacen que el esfuerzo merezca la pena. Su ruralía ofrece agroturismo y deslumbrantes paisajes para senderistas y ciclistas”.
Si contemplamos las fachadas de sus casas y la mayoría de sus calles, Capdepera pasa a ser uno de los pueblos menos bonitos de la Isla, a pesar de las ayudas corporativas que se ofrecen para arreglar los edificios.
Y lo escribimos sin acritud, pero sí con cierta tristeza.
¿Por qué, si no, una vez adecentadas las casas y fachadas, los mamotretos traducidos en gruesos cables que ‘adornan’ la mayoría de edificios dan al traste con lo que podría ser una villa singular, si dicho cableado se hubiera sumergido bajo las aceras, camuflándose a través de soterramiento.
Los operarios de las múltiples empresas de electrónica que, semana tras semana, ocupan las fachadas aumentando el número de cables ya existentes, y sin desalojar ninguno de los antiguos (ya inservibles) responden a los perjudicados cuando se les pregunta sobre estos desaguisados que tienen permiso del alcalde, autoridad local que, visto lo visto, los afectados dudan mucho de sí se haya enterado de estas instalaciones, puesto que, de ser conocedor de ellas, habría tomado cartas en el asunto, no teniendo que evidenciar, con la inoperancia existente, que estas operadoras de telefonía y demás cuentan con impunidad y cierta mayor autoridad que el propio señor alcalde.

Otro tema que debería corregirse es el de las barreras arquitectónicas, de las que ya hace tiempo se efectuó una diferenciación entre las relativas al acceso y las observadas en interiores de habitáculos.
Los itinerarios por donde circulan las personas (barreras arquitectónicas urbanísticas), identifican vados, pasos de peatones, escaleras, rampas, diseño y ubicación de mobiliario urbano, todos ellos de estar mal colocados o con obstrucciones mediante plantación de árboles, postes de electricidad o discos de señalización viaria, obligan al peatón a andar por la calzada.
Dificultades de maniobra que impiden poder acceder a diferentes espacios del hogar o, simplemente, moverse; superar desniveles, limitación de las posibilidades para llegar a objetos y lugares y poder percibir sensaciones y del control de movimientos precisos del ciudadano o viandante.
En un estudio realizado hace tiempo se cifraban en un 57,9% las barreras arquitectónicas en accesos urbanos (viales) y en un 23,9 % en interiores de viviendas.
Estos datos, al igual que el tema de los cableados en fachadas con el que iniciamos este artículo, son suficientemente importantes para considerar que existen problemas que exigen ser abordados de manera eficaz.
A veces da la impresión de que los responsables municipales no leen la prensa ni escuchan al ciudadano, ya que, tampoco, contestan o explican las causas que impiden que se solventen dichas deficiencias, no puede existir el manfutismo en estos temas.
Las observaciones sobre las barreras arquitectónicas hacen que se haya podido comprobar que los porcentajes negativos son más importantes que los positivos: sólo un 40 %. La presencia de diferencias entre los residentes en Capdepera y los de Cala Rajada son apreciables. En el caso de Capdepera un 79,8% se encuentra con barreras, mientras que un 84,3% es el que adolece Cala Rajada.

A todo ello, habría que añadir la falta de aparcamientos (últimamente aún más mermada debido a señalizaciones de nuevo cuño para acceso a las Escuelas públicas y sin que en la calle Rei Sanç , todavía, se haya acometido la reforma que debería esponjar la zona escolar)
¿Dónde metemos los coches, si la plaza Constitución solamente es apta para autocares de línea? El solar adyacente a la calle del Mar, bajo la falda del carrer Molins, del que se había informado acogería un amplio terreno destinado a aparcamiento, tampoco está aún operativo.
Como se puede observar, la percepción del vecindario es bastante precisa y coincidente. No se puede ignorar que existe un conjunto importante de problemas urbanos y de medioambiente que pueden entenderse por su relación con el crecimiento específico que ha tenido el municipio.
Por todo ello, dudamos mucho, que Capdepera sea el sexto pueblo más bonito de Mallorca.
La solución , quizás, para antes de mayo 2023.
