Después de tanto tiempo luchando, trabajando y movilizándose, el Llevant de Mallorca ha visto, en las últimas semanas, como su sueño por recuperar el tren desde Manacor hasta Artà se ha difuminado.
La confirmación por parte del Govern de apostar por la creación de una línea de tren de Palma a Llucmajor, Migjorn, ha dejado trastocada a nuestra comarca.
Días atrás, la OCB organizó en Manacor una charla con la Plataforma Tren de Llevant (a la que asistió Paco Galián, entre otros), La Asociación de Usuarios del Tren y Mobilitat Mallorca, con Eloy Crusat (que por cierto es o era, al menos hace un par de años, residente en Llucmajor). Todo ello moderado por nuestro compañero y buen amigo, el periodista Sebastià Sansó.
¿De qué se habló? Se habló de todo, pero lo más relevante fue el sentimiento de ‘chasco’ que había en los presentes, que manifestaron su alegría (porque así tenían que hacerlo) por la creación de una línea de tren a Llucmajor, a la vez que se respiraba un descontento porque Llevant se queda sin tren.
La desilusión viene dada también porque se espera que el tramo de Llucmajor esté operativo en 2032; nada más y nada menos que de aquí a 8 años (casi una década). ¿Significa esto que hasta entonces no se podrá hablar del tren de Llevant? Pues eso es lo que se temen algunos.
Aquí desde luego, con la nueva línea a Llucmajor hay quien percibe que el eje político de Migjorn (con Marga Prohens y Sebastià Sagreras, de Campos, y Llorenç Galmés de Santanyí, junto a que Llucmajor, ses Salines y Felanitx, y por supuesto Palma, con Jaime Martínez, están gobernados actualmente por el PP) ha permitido que el viento sople a favor de aquella comarca de Mallorca.
Mientras en Llevant (donde por cierto, a excepción de Artà, en Capdepera, Sant Llorenç y Son Servera también gobiernan alcaldes del PP – pero más jóvenes y sin galones todavía dentro de la formación -) ha sido posiblemente el aspecto que ha motivado que el tren se vaya para Migjorn. Nos consta que en caso concreto de Capdepera hay cabreo y decepción, pero nadie lo manifestará en voz alta y públicamente.
En la charla convocada por la OCB se habló, como siempre, de la importancia del transporte público y de que los trenes a Llucmajor y Artà serían totalmente compatibles (según se desprende del análisis que han hecho del presupuesto económico que se destinará al de Llucmajor).
“Si no se hace el tren de Artà es por falta de voluntad política y de una verdadera apuesta por el transporte público”, dicen.
Por su parte, los Usuarios del Tren comentaron que “las actuaciones que se realizan desde la administración son de cara a la galería y no para mejorar el servicio” y se comentó mucho el cambio de paradigma del coche por el transporte público.
Independientemente de que nos pueda doler más o menos y que podamos elucubrar con contubernios políticos (que posiblemente si lo hiciéramos tendríamos muchas probabilidades de acertar), teniendo en cuenta que los ramales de tren a Inca y Manacor ya existen, es normal que ahora se apueste por el de Llucmajor, para así dar cobertura a una zona de la isla que actualmente, y ferroviariamente hablando, no la tiene. Lo que no es normal es que en Balears, y por ende en Mallorca, para desarrollar un proyecto infraestructural de grande envergadura como el del tren nos digan que habrá que esperar hasta 2032, cuando en la Península se desarrollan grandes proyectos en tiempo récord, porque son conscientes de las molestias y caos que generan, y por ello los llevan a cabo en tiempo récord con trabajos que se desarrollan si hacen falta durante las 24 horas del día sin parar.
Balears tiene un problema muy importante y no solo con el transporte, sino a nivel general como modelo (vienda, desarrollo, economía de crecimiento desmesurado…), y se le está escapando de las manos.
Volviendo al tema que nos ocupaba, el del tren, si al menos no tenemos que tener tren, en la reunión de la OCB se reclamó que al menos pongan el TIB directo de Cala Rajada a Palma (al menos en verano) que es a lo que se habían comprometido desde el Consorci de Transports del Govern con el Ajuntament y que no ha sido posible porque los autobuses no estaban homologados.
¿Qué ocurrirá ahora? Posiblemente esta es la pregunta que podemos formularnos y de la que se pueden extraer dos respuestas: Una, esperar a verlas venir y asumir lo que dicten las grandes administraciones; o dos, adquirir una actitud proactiva e intentar seguir trabajando para convertir en realidad aquello en lo que el Llevant de Mallorca cree que es justo en materia de transporte.
