Fue la pasada semana cuando mi gran amigo Clemente Garau Bordoy celebró su cumpleaños. Allí nos reunimos un grupo reducido, pero selecto, de amistades del homenajeado, además de su familia. Amigos pocos, pero bien avenidos. Entre los asistentes estuvo el doctor Fernando María García Truyols, quien, con su dilatada carrera como médico, nos deleitó durante una sobremesa de más de cinco horas con magníficas exposiciones culturales.
Empezaré detallando quiénes fuimos los afortunados en compartir la grata compañía de Clemente: su esposa, Maria Llull, y el hijo del matrimonio, Marc Garau; además del mencionado doctor Fernando García, que ejerció durante muchos años en el Hospital San Pablo de Barcelona.
Clemente, que cumplía noventa y tantos años, es un gran experto en las artes culinarias y nos deleitó con dos suculentas lubinas preparadas con su hábil destreza. Es todo un personaje, con un amplio historial y un estudio lleno de material electrónico que es un deleite para los ojos de cualquiera que lo visite.
En la década de los años sesenta, cuando la flota de arrastreros del puerto de Cala Ratjada se hacía a la mar, no existía ningún tipo de comunicación entre las embarcaciones y los hogares de la tripulación. Fue entonces cuando Clemente se dedicó al montaje de radioteléfonos, permitiendo que, a través de la Onda Pesquera, se pudieran sintonizar las actividades de las embarcaciones en alta mar.
Los orígenes radiofónicos del interés por la gente del mar se remontan a 1963, cuando un vasco llamado Jesús Ferreiro inició esta labor. Las inquietudes de Clemente eran tan eficaces que, en ocasiones, se embarcaba como un marinero más para garantizar el funcionamiento perfecto de los aparatos de radiofonía o la sonda a bordo. Su relación con el patrón Pedro Fernández era tan cordial que parecía la de dos hermanos. Como bien dicen, “donde Clemente ponía las manos, el éxito estaba más que asegurado”.
Clemente no solo domina la electrónica, sino que también es un apasionado de la cultura y un excelente cocinero. Es propietario del «Hotel Cuevas», donde ha servido a personalidades de todos los rangos sociales. En una ocasión, me contaba cómo un cliente, tras degustar un exquisito plato, comentó que no estaba a la altura. Clemente, con su habitual franqueza, le respondió: “Todo lo que usted quiera, pero se lo ha zampado sin rechistar. Esto me lo tenía que haber dicho antes de comerlo para poder corregirlo”.
Entre sus muchas anécdotas, destaca una de su época en el servicio militar. En una ocasión, se atrevió a contradecir a un capitán de transmisiones que estaba equivocado en sus explicaciones. Aunque el capitán le reprochó su atrevimiento, al final tuvo que reconocer que estaba en un error.
Clemente es conocido cariñosamente como “Clemente de Ses Coves”, ya que ha pasado gran parte de su vida como guía oficial de las Cuevas de Es Cap Vermell, junto a su hermano Fernando (EPD). Sobre este tema, escribió un libro muy bien documentado que detalla con precisión la historia de esta maravilla natural.
En 2023, Clemente pidió permiso al obispo de Mallorca para exponer una cruz creada por él mismo con pelotas de golf. Esta obra, que hoy se encuentra en una capilla del templo de Cala Ratjada, fue aceptada sin objeciones por el sacerdote, aunque Clemente, fiel a su carácter meticuloso, quiso obtener la aprobación oficial del Obispado.
Además, en 2022, en el edificio Cap Vermell, organizó una amplia exposición de fotografías que fue recogida con un extenso reportaje por IB3.
Clemente Garau Bordoy es, sin duda, un hombre singular, con una vida llena de logros y aportaciones, tanto en el ámbito cultural como en el técnico. Es un orgullo para quienes tenemos el placer de conocerlo y aprender de su inagotable sabiduría y talento.
