Rumurologia pueblerina
Rumores, sí, con visos de realidad. Hete aquí unos cuántos que rezuman noticia por los cuatro costados. Siempre habrá quien lo certifique, lo desmienta o nos dé un tirón de ojeras (perdón, orejas).
El “casinu de l’Orient”, en la plaza del mismo nombre, podría cambiar de manos en un visto y no visto. Sabemos de una empresa puntera de la villa que desearía adquirir — en su defecto, traspasar – la gestión del emblematico L’Orient. Un bar-cafetería que, desde 1957, sintetizó la actividad social y deportiva de la localidad.


José Terrasa y Maria Antonia Sancho, con l’amo en Joan, el padre de ésta, popular entre los que más, pusieron en marcha este establecimiento, con servicio de peluquería adyacente y piso superior dedicado a reuniones sociales y eventos varios. Quienes vivieron aquellos años nos hablan de un club ciclista con el nombre de Capdepera y con destacados corredores del pedal que atesoraron títulos; otros recuerdan las fiestas y bailoteos de carnaval, Pascua y Navidad – y aportan testimonios gráficos – y la destacada presencia de la Sociedad de Cazadores de la localidad.
A partir de 1970, fue regentado por Gabriel Flaquer que confirió a l’Orient nuevos bríos. Transcurrido un tiempo, el hijo de los más arriba mentados dueños del bar, José, quiso que el negocio volviera a sus ancestros, por lo que Flaquer abandonó el lugar y con su carácter emprendedor, con Maria Sureda, su esposa, emprendieron la aventura de abrir entre Son Moll y Sa Pedruscada, un restorán que, conocido como “El Paraíso”, todavía perdura tanto en propiedad como en actividad.
Aunque, siempre, le atenazó a Gabriel Flaquer el “gusanillo” añorado de “L’Orient”. El matrimonio trabajó incansablemente en aquel “paraíso”, donde nacieron sus tres hijos. Hasta que surgió la anhelada oportunidad de regresar a sus orígenes, puesto que, por vicisitudes de la vida, el establecimiento de la antigua plaza España de Capdepera, se puso a la venta.
Y allí regresó el patriarca y saga de los Flaquer-Sureda. Y, sin dejar de gestionar, en régimen de alquiler, a foráneos nacionales y extranjeros “El Paraíso”, iniciaron una nueva singladura transformando “L’Orient” en lo que es hoy. Los hijos de Biel y Maria iban creciendo y, con el tiempo, hasta ahora, han estado al frente del negocio.
Hemos podido conseguir las fotos de Pep Terrasa y amigos el dÍa del estreno de un ciclomotor nuevo, a la vez que, incluímos, una imagen de la instalación de Telefónica y fibra óptica que causó alarma – hace escasos meses— en la fachada donde estuvo situada la “barbería” del bar, la cual, alguien, con buen tiento, consiguió erradicar.

Así deberían hacerlo muchos vecinos (algunos sí lo han conseguido), y de este modo los comentarios, chanzas y malhumores, que al final se convierten en rumores (que no sirven de mucho) eliminaría peligros y, especialmente, conferiría a las casas del pueblo la impoluta imagen digna de un lugar que se precie.
Esta es, a grandes trazos, la pequeña historia del “Café L’Orient” de Capdepera. Y volviendo a la rumorología que hemos intentado despejar en aras de la verdad, sin conseguirlo, parece ser que por próxima jubilación de uno de los hijos de los Flaquer-Sureda, podría (y lo ponemos en condicional) pasar a otras manos, como se ha dicho, a corto o largo plazo. Sin duda, se sabrá más pronto que tarde.
Y un pequeño apéndice, ajeno a l’Orient: Hemos sabido que el único estanco de Tabacalera que existe en Capdepera – había otro, pero está cerrado a cal y canto desde hace años – continuará su trayectoria, a pesar de los dimes y diretes de ir por casa, tan propios de comunidades pequeñas.
Cierto es que, si se jubila el actual propietario, será –¿qué duda cabe? – algún miembro de la familia quien coja el relevo. Así que no teman los cada día más escasos fumadores o quienes se surten de los servicios de las máquinas expendedoras situadas en algunos lugares estratégicos del municipio. O sea, Estanco, sí habemus!.
