14 marzo 2026

    Diálogos en otoño: con Antonio Flaquer Obrador Nicolás Nadal

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    A lo largo de mi existencia, la curiosidad, el ingenio y, a veces, un toque de humor o de drama, se han entrelazado con el proceso de entablar conversaciones con personas de las cuales siempre puedo extraer algo para enriquecer mi ignorancia sobre los temas más diversos que nos rodean.

    Para mí, resulta muy reconfortante dialogar con personas que, en sí mismas, son una verdadera historia viviente, como ocurre con aquellos que nos relatan lo que fue y lo que es Cala Ratjada. Esa Cala Ratjada que conocimos en los años cuarenta y cincuenta, un lugar que ha sufrido un cambio radical, creciendo hasta convertirse en el principal núcleo de población del municipio de Capdepera. Incluso podría decir que hemos ido perdiendo, con el paso de los años, nuestra identidad como pueblo ribereño.

    No es la primera vez que me ocupo de este singular paisano, Antonio Flaquer Obrador, ampliamente conocido como “Toni Coix”. Él es, sin lugar a dudas, una enciclopedia de los tiempos vividos en la sociedad gabellina. Recuerdo que allá por la década de los años noventa, cuando organizaba la cena anual de los hombres nacidos entre los años 1939 y 1940, Antonio era uno de los asistentes habituales. Por circunstancias que no viene al caso mencionar, dicha celebración dejó de realizarse en 2005, y desde entonces no se ha retomado.

    En aquellos encuentros, se hablaba de todo menos de política. Los temas giraban en torno a los acontecimientos de nuestra juventud, las peripecias que pasamos para sobrevivir. Aunque, en mi caso, gracias a que mi padre era capitán de un arrastrero, en casa nunca faltó comida. Sin embargo, el problema era que las tiendas de la época, como “Ca l’amo Pere Antòni”, “Ca’n Xisquet” o “Ca’n Bloch”, tenían serias dificultades para abastecer a la clientela. Eran tiempos de escasez, marcados por las cartillas de racionamiento.

    En esa época, la esposa de Joan March mantenía una cuenta abierta en algunas tiendas locales para ayudar a las familias más necesitadas del municipio. En mi hogar, atravesamos momentos complicados debido a un grave accidente que dejó a mi madre incapacitada para trabajar. Gracias a la generosidad de esta mujer, muchas familias pudieron salir adelante.

    Dejando atrás los recuerdos de aquellos tiempos difíciles, volvamos a Antonio Flaquer Obrador, un hombre cuya vida está marcada por su amor por Cala Ratjada y su interés por preservar su historia. Antonio está casado con Cristina Sánchez, una mujer procedente de Zaoreja, Guadalajara, que llegó a Mallorca con su hermano, un Guardia Civil destinado a Sa Mesquida. Cristina ha sabido integrarse plenamente en la sociedad mallorquina, destacando tanto por su dominio de la lengua como por su participación en la vida social y cultural.

    Antonio, por su parte, es un archivo viviente de la memoria de nuestro municipio. Sus artículos, publicados en revistas locales, reflejan su profundo conocimiento de la historia gabellina. Además, dispone de un extenso archivo fotográfico y documental que recoge la vida y las entidades que existieron en Cala Ratjada en el pasado.

    Aunque Antonio no sea especialmente hablador, cada vez que expone un tema, merece toda nuestra atención. Su discurso está lleno de detalles y se basa en una rigurosa realidad. En nuestras conversaciones, que solemos mantener lejos del ruido mundano, siempre encuentro una oportunidad para aprender de su sabiduría.

    Antonio suele decirme: “Solo me interesan los temas desde el Pont d’Artà hacia aquí”. Quizás, en otra ocasión, podamos seguir explorando los recuerdos de una Cala Ratjada que, aunque haya cambiado, sigue viva en la memoria de aquellos que la vivieron en sus días de gloria.

    [En la foto histórica de “Sa Porxada”, un documento gráfico de gran valor, aparece Antonio junto a otros amigos, muchos de los cuales ya no están entre nosotros. Publicada recientemente en Faxdepera con motivo del fallecimiento del doctor Bartolomé Balaguer Barceló, esta imagen nos trae gratos recuerdos de tiempos pasados, marcados por la convivencia y el aprecio hacia nuestras raíces.]

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