Sa Font de Sa Cala, o “La Fuente de la Cala”, es el lugar o entorno en el que transcurre el inicio y algunos de los hechos más importantes que se narran en mis obras. Este enclave turístico, llamado así debido a tener una, o varias, corrientes subterráneas de agua dulce, con sus correspondientes veneros, o fuentes, que van a dar al mar, está situado en el término municipal de Capdepera (Mallorca), y tan solo a unos dos kilómetros de la Villa. Contiene un par de playas: la llamada de Aladern, muy pequeña, y la otra, bastante mayor, y que da nombre al lugar, capaz de contener a los muchos bañistas, los pertenecientes al complejo turístico, y demás visitantes que vienen a solazarse en ella…

El llamado Camping de Sa Font de Sa Cala es muy amplio, ya que su interior está cruzado por una serie de pequeñas y ajardinadas avenidas, con bungalows, una pizzería, varias pistas de tenis, etc. Contiene, además, una piscina, toda ella rodeada de mesas y hamacas, en donde los turistas pueden tomar sus baños, y solearse, cómodamente y sin necesidad de tener que desplazarse a la playa.
En las afueras, y pegado al complejo, del también llamado Camping de’n Toni Miquelet, por ser éste el nombre de su propietario, hay, además, un par de tiendas de souvenirs, y quioscos, para venta de prensa, revistas, libros, escritos y editados, en su gran mayoría, en alemán, material de escritorio y de papelería en general… Aparte del citado complejo turístico, y a lo largo de la carretera, hay un par de hoteles; El de Na Taconera, a la entrada, viniendo de la Villa, y el Carolina, situado en la avenida que conduce a la zona residencial dels Provençals. En todo este trayecto, constituido por una carretera general, con la excepción del predio de Ca’n Cardaix , que está a la izquierda de la misma, se ubican un par de casas de comidas, dos o tres bares, y un supermercado.

La costa es hermosa, en la que se mezcla el ocre de sus rocas con verdes pinares. En ella hay unos cuantos Escars o varaderos. La mar, en toda aquella amplia rada, y en días de bonanza, es clara y de hermosos tonos que van del amarillo, y verde claro, en los fondos arenosos, pasando por el verde esmeralda, el turquesa, o los azules intensos, hasta llegar a los lilas y morados de las algas en las partes más profundas de la bella cala, o en la, a veces, sutil línea que divide el mar del cielo, en el lejano horizonte. Y ya, a lo lejos, y enmarcando el bello paisaje con el eléctrico e impoluto azul del cielo, pueden divisarse las montañas que contienen en su interior las monumentales y célebres Cuevas mal denominadas de Artá, ya que, por derecho, son de Capdepera por estar situadas en el término municipal de esta Villa. Asimismo, y desde la costa, puede distinguirse la punta del Cabo Bermejo, o d’es Cap Vermell, y con la llamada Cueva Negra.
Se cuenta, aunque no pasa de ser una más de las muchas leyendas habidas sobre el nacimiento de Aníbal, que fue aquí, en la playa de Sa Font de Sa Cala, donde el general cartaginés Amílcar Barca hubo de desembarcar para que su mujer diera a luz; y a fin de dar tierra natal a su hijo. Don Jorge Prubí i Camps – que regentaba una variopinta tienda en la plaza de l’Orient, sabía mucho de esas cosas. Nos las explicó en el mismo muelle de Cala Rajada, sentado en una roca al lado del mar, entre redes.

En el tiempo en que transcurre el relato de uno de mis libros, al entrar en Sa Font de Sa Cala , y a través de los troncos de un frondoso pinar, junto a la costa, podía divisarse el mar. Hoy en día el cemento de las nuevas construcciones, unido a la codicia de quienes tendrían que parar ese atentado, no lo permite.
