Pere R. Guaita
Hace cuatro años, la parroquia del Carmen de Cala Rajada tuvo que suspender las procesiones de Semana Santa por falta de fieles y bajas en la Cofradía de encapuchados, un hecho que resulta repetitivo en otras iglesias de Mallorca.
Si alguien no lo remedia, este año corren el riesgo de no celebrarse las procesiones de la parroquia de Sant Bartomeu de Capdepera. De año en año es más reducida la asistencia de devotos en este templo y, si bien las causas de este abandono no están del todo explicitadas, lo que sí es cierto es que la edad de los feligreses que acuden es cada día más longeva y con escasas fuerzas físicas para transportar las imágenes de la Crucifixión desfilando por vías y plazas de Capdepera.
De las cuatro cofradías de penitentes que hace años existían en la localidad, solamente queda una: la de la Virgen de la Esperanza, cuyos integrantes son suficientes para coadyuvar a que las procesiones continúen siendo lucidas y solemnes, ante el evidente éxodo de hombres o mujeres que, en el transcurso de los últimos años, han ido retirándose de estos menesteres religiosos.
Miembros del Consejo parroquial y el mismo rector hacen un llamamiento a todos los vecinos de buena voluntad para que se presten a colaborar en las procesiones —también la de Pascua— en aras de evitar la desaparición de estos desfiles de la muerte del Señor.
Desde aquí, pues, lanzamos el aviso para que contacten —quienes no deseen que las procesiones desaparezcan— con la autoridad eclesiástica, brindando su apoyo en tal iniciativa.
