La presidenta del Govern, Marga Prohens, inauguró este lunes el Museu del Ferrocarril de Mallorca en Son Carrió, una propuesta inmersiva que repasa 150 años de historia del tren en la isla. Un espacio cuidado al detalle, emotivo, pedagógico, visualmente potente… y lleno de paradojas.
Porque no deja de llamar la atención que se abra un museo del tren precisamente en una comarca donde no hay tren. Y donde, por lo que parece, no lo habrá. O al menos no a corto plazo. Ni a medio, si nos fiamos del discurso institucional que acompaña a cada visita, acto o foto. Aquí, en el Llevant, el tren hace tiempo que se quedó en vía muerta. Eso sí: la historia, la nostalgia y las promesas caben todas en una misma nave, perfectamente escenificada para que el visitante se emocione y, de paso, olvide que la estación más cercana… sigue estando en Manacor.
En Faxdepera ya hablamos de este asunto: el tren a Capdepera (y por tanto a Artà, Son Servera y compañía) es una reivindicación con canas. Lleva más años sobre la mesa que políticos ocupando el despacho. Y cada vez que parece que hay movimiento, se vuelve a parar por falta de convenio, de voluntad, o de alineación de astros en Madrid. A día de hoy, la situación se resume fácil: museo sí, tren ya tal.
Y todo esto sucede, curiosamente, en una comarca donde el PP gobierna en 3 de los 5 municipios. Capdepera, Son Servera y Sant Llorenç suman y aprietan, pero parece que no lo suficiente como para entrar en el mapa de las grandes apuestas ferroviarias. El Migjorn, en cambio, donde el PP hace pleno y reparte alcaldías (que no solo gobiernos, que no es lo mismo), sí aparece en la lista de prioridades con trazados nuevos, enlaces prometidos y compromisos firmados. Quizá sea cuestión de peso político, quizá de reparto territorial, o quizá –y solo quizá– de que unos gritan más que otros. O más fuerte. ¿Quén sabe?
Desde el Govern aseguran que «no renuncian» a llevar el tren hasta Capdepera, pero lo condicionan todo al famoso convenio con el Estado. Lo mismo que decían hace diez años. Mientras tanto, nos quedamos con la escenografía, los hologramas, el viaje inmersivo, el vagón restaurado y las fotos inaugurales. Una buena manera de mantener viva la historia mientras se retrasa el futuro. No tendremos tren, pero sí un museo. Y eso, al menos, no pita.



