He aquí un tema que, desde hace décadas, ha dado mucho que hablar: la famosa T de Cala Ratjada. Todo se remonta a la década de los años setenta, cuando el Ayuntamiento de Capdepera estaba formado por 13 concejales –hoy en día son 16–. En aquel momento, seis de ellos formaban parte de un bloque y los otros seis de otro. El equilibrio lo mantenía un único edil, el llamado “concejal bisagra”, que con su voto decidía el desenlace de los debates y garantizaba la estabilidad de la vida social del municipio.
En una de esas sesiones plenarias apareció sobre la mesa un asunto que iría mucho más allá de la política: la normalización lingüística y el toponímico de Cala Ratjada. Según algunos entendidos, debía escribirse sin T, por derivar del término “raja”. Otros, en cambio, defendían firmemente la inclusión de la T, al hacer referencia a la “rajada”, la raya en mallorquín, es decir, el pescado.
La noche del pleno la tensión estaba servida: seis concejales votaron a favor de la T y seis en contra. El “concejal bisagra”, que debía inclinar la balanza, recibió el consejo de no acudir a la sesión, con lo que no se alcanzó una decisión definitiva. De esta forma, el asunto quedó en el aire y la madeja todavía más enredada.
Lo cierto es que, con el paso del tiempo, el topónimo Cala Ratjada se ha aceptado tanto con T como sin ella. Sin embargo, yo sigo creyendo que, desde tiempo inmemorial, el nombre con T es el que ha prevalecido y el que forma parte de nuestra memoria colectiva.
La prueba la encontramos en la fotografía que conservo, en la que aparece el maestro Vicente Nadal, con la fecha 19 de noviembre de 1948 escrita en la pizarra. Y allí figura claramente: Cala Ratjada, con su correspondiente T.
